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| 1/25/2009 12:00:00 AM

Hola Soledad

Tres centros culturales abrieron sus puertas en La Soledad, Teusaquillo y La Magdalena. ¿Nace un nuevo eje en Bogotá?

Todavía se recuerda la época dorada de La Soledad, Teusaquillo y La Magdalena. En los años 30 y 40, estos eran los barrios 'más elegantes de la ciudad', donde coloridas casas al estilo Nuevo México compartían cuadra con las de estilo inglés; fueron los primeros barrios de vías amplias en Bogotá, iluminados, y por cuyos parques la clase política paseaba los perros los domingos. De esa época queda poco. Si hubo un tiempo en que Laureano Gómez, Mariano Ospina Pérez y Jorge Eliécer Gaitán vivieron allí, sus casas hoy son sedes políticas y de ONG, se convirtieron en oficinas de todo tipo o en editoriales pequeñas e imprentas. Pero en esa época dorada, precisamente, fue construida la casa donde hoy funciona Casa Ensamble, uno de los tres centros culturales que se inauguraron a finales del año pasado en la zona y que prometen devolverle la vida a uno los sectores más activos de la ciudad en su momento.

En 1957, Antonio Abusaid, un empresario de origen sirio-libanés, construyó sobre el Parkway la que en su época se conoció como la 'casa del millón'. Una mansión extravagante que le debía su nombre a la descomunal cifra que se rumoraba había costado, de la que se decía tenía una piscina en el techo y que despertó polémicas por su particular diseño que muchos confundieron con un art déco tardío, pero que estaba inspirado en una casa de Le Corbusier. Un inmueble de 1.600 metros cuadrados con una rampa en la fachada y de techo ondulado, que Alejandra Borrero y su socia, Katrin Nyfeller, quisieron convertir en un principio en escuela de teatro, pero que en vista del espacio y de su goodwill pasaría a ser un proyecto más ambicioso: un lugar donde conviven a modo de ensamble las artes plásticas, el teatro y la danza.

Después de un año de adecuaciones, desde mediados de agosto Casa Ensamble ofrece una nutrida programación cultural. La calidad de su agenda es evidente: para los primeros meses de 2009 están programadas exposiciones de reconocidos representantes del arte moderno colombiano: Luis Caballero, Nadín Ospina y Kindi Lajtu. A estas les siguen talleres sobre coleccionismo de arte y una exposición de arte joven a mediados de año, y, para cerrarlo, una serie de propuestas más contemporáneas como un homenaje a María Teresa Hincapié, un festival de performance e intervenciones a la casa. Junto a estas exposiciones hay actividades más pequeñas para los habitantes de La Soledad.

Vida de barrio

En una calle de La Magdalena, unas tres cuadras al norte del Parque del Brasil, se ve una vitrina con luces al estilo vaudeville y un letrero rojo fluorescente que en cursivas dice "abierto". Es Casa Tomada, la librería que en octubre del año pasado abrió Ana María Aragón, la coordinadora del Campo de Producción Editorial y Revistas de la Universidad Javeriana. Detrás de un enrejado de madera de unos dos metros, lejos de la vista de los vecinos, hay una clásica casa inglesa: tres pisos, ladrillo, paredes angostas, un techo que termina en punta junto a un jardín. En este momento el primer piso de la casa es una librería, una casa tomada, según su dueña, por los libros.

Con un catálogo que va en 2.500 títulos, Casa Tomada es una librería pequeña, de barrio, que se especializa en novela y clásicos, una especie en vía de extinción. Aragón tiene planeado para marzo montar un café para hacer presentaciones de libros -no charlas académicas, se apresura a aclarar- y otras actividades culturales, según el modelo que se está imponiendo para que este tipo de librerías siga vigente. Y aunque no ha sido inaugurado oficialmente, los vecinos, atraídos por la vitrina, extraña en plena cuadra residencial, han tocado el timbre, entrado y lentamente se ha empezado a consolidar una clientela fija para la librería, y se han realizado eventos.

"El negocio de estas librerías pequeñas está en el público especializado -dice Aragón-, un público al que le gusta leer y tiene tiempo de leer y comprar libros". Y haber aterrizado en este sector ha sido quizás algo más que una feliz coincidencia. Lo que se conoce hoy como la localidad de Teusaquillo, además de ser un tradicional vívidero de escritores y artistas desde los años 70, y de intelectuales y profesores de las universidades Javeriana y Nacional, por su ubicación, es diverso aunque especializado: jóvenes universitarios, pensionados y extranjeros que trabajan en las ONG cercanas.

A una pocas cuadras, en la carrera 17 con calle 39, está La Residencia, un espacio que desde el pasado 14 de noviembre es un escenario para las artes, la música y los libros. En el primer piso de la casa, también de estilo inglés, hay una librería -especializada en diseño, novela gráfica y arte-, un café y una galería de arte. La casa, sin embargo, no funciona como un centro cultural tradicional, un local a donde la gente va simplemente a ver cultura. Las habitaciones del segundo piso de la casa son talleres que sirven como sede de residencias artísticas: lugares donde artistas de distintos países se reúnen, una tendencia que ya es común en Europa y que se adapta a las nuevas necesidades del arte contemporáneo.

La idea de abrir un centro cultural surgió de una carencia. Su dueño, Felipe Salazar -el mismo de Socorro, un bar conocido por sus conciertos de rock-, se dio cuenta de que algunos artistas extranjeros tenían trabajo que exponer y dificultades para quedarse en la ciudad. Con el tiempo vio que la casa se adaptaba también a sus gustos: la tienda de discos, por ejemplo, incluye la música que él siempre quiso encontrar en las tiendas: rock viejo, discos de bandas de garaje y vinilos.

¿Un nuevo sector?

Según Salazar, que varios centros culturales hayan abierto en La Soledad, Teusaquillo y La Magdalena no necesariamente significa que la zona se convierta en un circuito cultural -algo similar a lo que ocurre hoy en La Candelaria con la Biblioteca Luis Ángel Arango, El Museo del Banco de la República y el más reciente Centro Cultural Gabriel García Márquez-. La localidad ya se perfila como una propuesta cultural distinta: de barrio, a lo mejor más tranquila y acogedora, más personal. Por tratarse de lugares más pequeños, independientes y con estilos muy diferentes, esta convergencia quizá no promueva actividades conjuntas, aunque seguramente sí atraiga más gente a la zona. De hecho, algunos de los estudiantes y asistentes del Teatro Varasanta, a unas cuadras, ya han ido a La Residencia.

"Bogotá está muy sectorizada, la gente termina yendo a los mismos sitios", continúa Salazar. Pero el público que él espera visite su Residencia no es sólo la gente del barrio o los jóvenes universitarios de la zona, sino "gente que se deja mover de su sitio habitual, que busca otras cosas". Un tipo de gente particular, pero hasta hace dos años Socorro fue un ejemplo de que la gente sí se desplaza si hay nuevas ofertas culturales.

Que la cultura movilice gente hacia nuevos sectores de la ciudad no es nuevo. El arquitecto e historiador Alberto Escovar dice que "históricamente es justamente ese tipo de actividades el que lleva a la gente a volver a los antiguos barrios residenciales. Lo mismo ocurrió en la Candelaria: teatros como El Libre hicieron que lentamente este barrio cogiera un nuevo aire y se reactivara. Hay que tener un sentido de apropiación para que esto suceda". Pero que abrieran tres centros culturales en Teusaquillo a finales del año pasado no sólo les devolverá la vida a sus tradicionales barrios. Este quizá sea un síntoma temprano de lo que algunos, incluido Escovar, consideran la segunda fase de la recuperación del centro de Bogotá.
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