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| 6/28/2008 12:00:00 AM

Hulk

La tragedia del científico Bruce Banner vuelve a caer en la pirotecnia vacía creada por aquellos programas de computador.

Título original: The Incredible Hulk.
Año de estreno: 2008. Género: Fantasía.
Dirección: Louis Leterrier.

Guión: Zak Penn y Edward Harrison, basado en el cómic de Stan Lee y Jack Kirby.
Actores: Edward Norton, Liv Tyler, Tim Roth, William Hurt, Tim Blake Nelson.


No le de-mos más vueltas a esta historia: el problema es que es la idea no es tan buena. O mejor, que hay un punto en el que deja de ser una tragedia devastadora, en la tradición de King Kong o del monstruo de Frankenstein o del Doctor Jeckyll y Mister Hyde, para convertirse en una infantil guerra de esperpentos.

¿Un científico llamado Bruce Banner se pone verde, literalmente verde, cuando está bravo? ¿Un malévolo general, autor del experimento fallido que trasformó a esa persona en ese hombre increíble, persigue a la pobre bestia como si cazara a un perro rabioso? ¿Una novia a prueba de balas calma al gigante cuando lo mira a los ojos? ¿Un soldado histérico se echa unas gotas mágicas para transformarse en otro bicho asesino? Todo se puede poner en escena. Toda idea, por mala que sea, es susceptible de hacerse bien. Pero este relato, el triste relato del increíble Hulk, tiende a fallar porque insiste en convertir a ese pobre engendro en un superhéroe. Y en ese momento pierde el sentido del humor. Y en esa tarea el animal se ve tan chistoso como una monja jugando fútbol.

Esta nueva versión del cómic, que llega a las carteleras del planeta apenas cinco años después de la demente, sofisticada e inolvidable adaptación dirigida por Ang Lee (ojo: no uso el adjetivo "buena" porque no lo es), elige el camino de la mucho más interesante Iron Man para adaptar otra aventura creada por el inagotable Stan Lee: esta Hulk de 2008 también parece una película de cineasta independiente tipo Fernando Meirelles o Alejandro González Iñárritu, o al menos de un director alejado de Hollywood, sobre un personaje que sólo se le podría haber ocurrido a un estadounidense con tendencias paranoicas. Y es entretenida. Y funciona sin problemas, como una "misma historia de siempre", hasta la mitad del segundo acto.

Es una lástima que a partir de entonces les entregue todas las escenas importantes a dos criaturas digitales, una más torpe que la otra, que parecen sacadas de un videojuego sin ton ni son.

Seguimos, pues, en este extraño pero legítimo festival del escapismo que forman las películas de vacaciones. Y el balance es más positivo, hasta el momento, que el del año pasado. Hulk no es mala. Mejor dicho: no se puede hacer algo mucho más interesante con esta idea. Se podría hacer, quizá, lo que hacía la serie de televisión de finales de los 70 (que este largometraje homenajea) protagonizada por el olvidado Bill Bixby y por un Lou Ferrigno pintado de verde. Se podría presentar al protagonista como una especie de Sísifo condenado a destrozar pantalones de pueblo en pueblo, a ayudarlos a todos sin llevarse el crédito, hasta que alguien se apiade de su mala suerte.

Creo, sin embargo, que la siguiente entrega se irá por los terrenos de la aventura. Que la tontería se desatará. Y que la tragedia naufragará en ese momento enfrente de los espectadores.
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