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| 4/7/1986 12:00:00 AM

HUMOR, DULCE HOGAR

Boletería agotada y un público dispuesto a morirse de risa, en la cuarta visita Les Luthiers a Colombia

HUMOR, DULCE HOGAR HUMOR, DULCE HOGAR
Corría el año de 1965. En Tucumán, la norteña y azucarera ciudad argentina, se celebraba un festival de coros universitarios, que hubiera pasado casi totalmente desapercibido si no hubiera sido por un grupo de jóvenes estudiantes de la Universidad de Buenos Aires que se decidió a presentar ante los restantes coros, un ingenioso programa de música y humor. Lo más curioso del grupo era que se hacía acompañar en algunas piezas de instrumentos no convencionales, inventados y construidos con elementos caseros por los integrantes del conjunto. La obra central de aquel programa, "La cantata Laxatón", había sido compuesta por Gerardo Masana, uno de los miembros del grupo, quien además había sido el inventor de la mayoría de los instrumentos utilizados.
Para sorpresa de estos jóvenes, el premio a su original presentación no se limitó a las carcajadas y aplausos de quienes vieron el espectáculo. A los pocos días, una revista porteña dejó a un lado el análisis del festival de coros y dedicó sus comentarios exclusivamente a hablar de la novedosa propuesta humorística y musical.
Y, como si fuera poco, el grupo fue contratado semanas después para repetir el número en un pequeño teatro de vanguardia de la capital argentina, donde tres meses después seguía actuando con lleno completo.
Habían nacido Les Luthiers, aun que por aquellos días se les conocía con otro nombre, I Musicisti, que resumía en buena medida las pretensiones del grupo. Hoy, 21 años después, un arquitecto (Ernesto Acher), un locutor profesional y redactor publicitario (Marcos Mundstock), un doctor en química (Carlos Núñez Cortés), un abogado que no ejerce (Daniel Rabinovich), un frustrado estudiante de medicina que se pasó a estudiar composición (Jorge Maronna) y un director de orquesta y coros que alcanzó a coquetear durante algunos semestres con la ingenieria (Carlos López Puccio), la mayoría de ellos partícipe de la experiencia tucumana han convertido al grupo en el fenómeno más interesante y revolucionario de la música latinoamericana de los últimos tiempos.
LA EMPRESA
Muchas cosas han cambiado desde 1965. Les Luthiers se han convertido en una empresa que cada dos años presenta un nuevo programa en el Teatro Coliseo de Buenos Aires, y lo pasea por varias capitales latinoamericanas y del mundo. Aparte de los países latinoamericanos y de España, donde el show se efectua obviamente en castellano, el conjunto ha montado un espectáculo en portugués, especial para el Brasil, y uno en inglés, que fue presentado en Nueva York en 1980 y que mereció del prestigioso The New York Times, el siguiente comentario: "El público estaría feliz de recibirlos nuevamente". Como si fuera poco, el show en castellano ha arrancado aplausos en Tel Aviv, Haifa y Jerusalén, ante un sorprendido público israelí.
Les Luthiers son tan hábiles en el manejo de sus voces, chistes e instrumentos, como en el del dinero que ganan con sus presentaciones. Seguros, como es obvio, de que en éstas tendrán siempre el teatro a reventar, firman contratos en los que fijan para ellos una participación en la boletería. Son sus espectáculos en vivo y no sus discos los que más dinero les reportan. Son también el aspecto que más trabajan durante las semanas anuales de preparación y ensayo de los nuevos números y de las variaciones, que buscan siempre la más absoluta perfección. Esa perfección incluye la utilización de expresiones típicas de cada uno de los países que visitan, para evitar los argentinismos fuera de las fronteras de su patria.
Todo está calculado, todo está milimétricamente diseñado: los textos, las melodías, la ubicación en el escenario, las luces y los demás elementos que componen este espectáculo tan complejo.
La primera vez que vinieron a Colombia, en 1981, muchos de quienes los conocían de tiempo atrás, creyeron que sería una locura que intentaran llenar el Colón. Todas esas personas pensaban que hacían parte de un reducidísimo grupo de admiradores, que se pasaba de mano en mano discos y casetes, traídos por algún pariente o amigo de Argentina. El Colón no sólo se llenó, sino que las boletas se agotaron para todas las funciones antes de que comenzara la primera. El "reducidísimo grupo" resultó ser gigantesco.
El fenómeno se repitió en el 83 y el 84, cuando el deseo de verlos era tan grande por parte de quienes habían asistido la primera vez al Colón, que los discos se vendieron menos, pues ya no resultaban tan interesantes como antes, ya no llenaban los requisitos que el público exigía después de haberlos visto en escena. Además, comenzaron a circular, también clandestinamente, casetes de betamax con las dos presentaciones que la programadora R.T.I. había grabado de las funciones del grupo.
Todo indica que no habrá más videos de este tipo, pues para este año, Les Luthiers se han negado a negociar derechos de televisión con programadora alguna. ¿El motivo? Por un lado, la facilidad con que estos videos se reproducen sin generar derechos de autor. Y por el otro, la insatisfacción que produjo a los integrantes del conjunto, el resultado de verse en televisión. "Las cámaras sólo captan uno de los muchos aspectos que, simultáneamente, pueden verse en el escenario, donde están pasando muchas cosas al mismo tiempo", comentó a SEMANA un vocero de la empresa Intercultura, la contratista del grupo en Colombia.
BURLA A LA VIDA
"Humor, dulce hogar" es el título del espectáculo que trae este año Les Luthiers y que contiene, entre otras maravillas, un fragmento de opereta llamado: "El zary un puñado de aristócratas rusos huyen de la persecución de los revolucionarios en un precario trineo, desafiando al viento, la nieve y el acecho de los lobos".
Sobran los comentarios. La gran innovación instrumental es la mandocleta, una bicicleta con sonido de mandolina, o mejor, una mandolina con sonido de bicicleta.
En fin, aqui están otra vez Les Luthiers, en el segundo pais que más los conoce después de Argentina (ya que se han presentado en 6 ciudades colombianas), y donde los verán esta vez más de 30 mil personas en Bogo tá, Medellín y Cali. Quienes conocen el nuevo espectáculo afirman que es aún más perfecto, más fino, más sutil y más intenso que los anteriores.
Verlos por primera vez o volver a verlos significa, entre otras cosas, ser testigo de uno de los acontecimientos musicales y escénicos más importantes de la segunda mitad del siglo.
Muchos criticos literarios han rechazado la idea de que "El Quijote" sea una burla a las novelas de caballería, y han dicho en cambio que se trata de una burla a la vida y a una época, a través de una novela de caballería. De Les Luthiers podría decirse algo similar, que no se trata de una burla a la música, sino de una burla a la vida de éste y otros siglos, a través de uno de los mejores instrumentos para hacerlo: la música. --
Mauricio Vargas --
HELENA Y LOPEZ PUCCIO
Colombia se ha convertido en una especie de segunda patria para los integrantes de Les Luthiers. No sólo porque es el país diferente a Argentina, donde más ciudades han visitado, sino porque uno de ellos, Carlos López Puccio, el director de orquesta y coros, de pelo mono, liso y largo, se robó hace algunos años el corazón de una de las más importantes actrices colombianas: Helena Mallarino. Sin que ella lo supiera, la génesis de ese amor tuvo lugar a principios de la década pasada, cuando ella escuchó casualmente un casete recién llegado de Argentina, que la hizo reír hasta el cansancio. Semanas después, Helena y sus hermanos le pidieron más discos de Les Luthiers a unos primos que venían de Argentina. Esos discos la convirtieron pronto en una de las hinchas furibundas del conjunto. Cuando se produjo la primera visita del grupo a Colombia, a fines del 81, Helena había hecho planes de asistir a una de las funciones finales. Pero una noche antes, su hermano Víctor se presentó de improviso con unas boletas y "pese a la facha en que estaba, nos fuímos a verlos, en compañía de David Stivel y María Cecilia (Botero)", cuenta Helena.
Después de la función, los 4 salieron a comer con Mundstock, Rabinovich, Maronna y López Puccio. Al día siguiente, este último, con quien Helena había estado conversando durante la comida, la llamó a su casa y la invitó a almorzar. "Durante los dos días restantes, fuímos como un par de amigos y nos vimos varias veces".
Luego vinieron las llamadas telefónicas y las cartas. Al año siguiente, López Puccio vino a Bogotá en compañía de Rabinovich para arreglar algunas cosas y entonces la relación se hizo más intensa. "Nos veíamos donde y como podíamos". Finalmente, en 1983, Helena se fue a la Argentina.
Allí, donde vive con él desde entonces, inició una nueva etapa de su carrera artística, que por lo pronto incluye la participación en un papel protagónico de la serie " La memoria", coproducción colomboargentina dirigida por David Stivel.
El éxito en Argentina fue bastante grande y, tanto para ella como para María Cecilia Botero, significó entrar por la puerta grande a la televisión de ese país. "Por ahora, falta mucho para poder obtener nuevos papeles -comenta Helena-, pues en Argentina se encuentra mucha gente de regreso y la competencia es bastante grande. La T.V. está escogiendo sólo los mejores actores argentinos y hay mucho desempleado, razón por la cual hay que entender que las oportunidades no son muchas". Por lo pronto, Helena piensa mantener su contacto con Colombia y se en cuentra actualmente filmando una telenovela para RCN, dirigida también por Stivel. --

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