Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/06/04 00:00

El rock and roll se niega a morir

Iggy Pop se sumará a la lista de veteranos artistas que han tocado en Colombia. Aunque son legendarios y multimillonarios, se mantienen más activos que nunca.

El rock and roll se niega a morir Foto: A.F.P.

En 1972, los Rolling Stones hicieron The Cocaine and Tequila Sunrise Tour, tal vez su gira más recordada. En aquel verano, Estados Unidos y Canadá recibieron a la que era la mejor banda de rock n’ roll del mundo. Pero la fama de esta gira fue más allá de la música: Truman Capote, por ejemplo, desistió de hacer un reportaje que la revista Rolling Stone le encomendó sobre la gira del grupo. “Lo aburrieron”, según le confesó al artista pop Andy Warhol en una entrevista. Y Keith Richards, en su autobiografía Life, reconoció que todos los excesos se habían reunido en esta gira.

Mucho ha cambiado 44 años después. La banda legendaria – con 200 millones de discos vendidos en su historia musical y 22 álbumes de estudio– ya no se muestra tan excéntrica y excesiva. Pero sí mantienen intactos sus shows en vivo que llenan estadios. Las edades de sus integrantes suman 286 años y, como lo afirmó Mick Jagger, retirarse no es una opción, ni siquiera lo han pensado.

El caso aplica para otros grandes artistas como Paul McCartney, Bob Dylan, Carlos Santana, Aerosmith, Iron Maiden o Iggy Pop, que presentará en Colombia su nuevo álbum Post Pop Depression. Todos continúan llevando su show en vivo por el mundo y se resisten a desaparecer.

Para explicarlo, es posible argumentar razones nostálgicas: la fama que los precede y la genialidad de su música. Chucky García, programador del festival Rock al Parque, asegura que “los viejos hacen música que siempre se consumirá. Los artistas actuales no perduran porque, ante tanta oferta musical que hay, su música se vuelve desechable”.

Con él coincide Alejandro Marín, director de emisoras de Todelar: “Esos artistas están tan embebidos en el consumidor de música, que el deber de todo melómano siempre será ir a verlos en vivo. Nacieron para llevar su música a todas partes”.

Pero también hay razones de taquilla y un cambio en el mercado musical que los obliga a promocionarse en tours y a estar más en contacto con el público. No es un secreto que el mercado musical ya no depende de la venta de los CD. Atrás quedó la época en la que un músico vivía de sus discos y de la promoción de las casas disqueras. La aparición de Napster, la primera plataforma en línea para compartir música, marcó un antes y un después en la manera de distribuir y consumir contenidos musicales en el mundo.

El presente es un mercado de sencillos, de fenómenos y de listados repletos de plataformas digitales, de opciones de descarga y de servicios de suscripciones (como Spotify, Deezer, Tidal o Apple Music). En Estados Unidos, por ejemplo, 70 servicios digitales legales ofrecen millones de canciones en diferentes formatos. Hoy más del 70 por ciento de las regalías de la industria musical proviene de estas plataformas en sus distintos formatos.

Basta con mirar las cifras: según la Asociación de la Industria Discográfica de Estados Unidos (RIIA, por sus siglas en inglés), en 2006, seis años después de la aparición de Napster y en la era de iTunes, los sellos discográficos recaudaban 9.400 millones de dólares por la venta de CD en Estados Unidos. Pero en 2015, la cifra se redujo en un 84 por ciento, es decir, recogieron 1.500 millones de dólares. Entre tanto, el mercado digital ganó 4.800 millones de dólares.

“Antes un LP o un CD costaba entre 15 y 25 dólares –explica Juan Arbeláez (director de proyectos de Evenpro, promotora de conciertos)–, de los cuales el artista recibía 1 o 2 dólares máximo, el resto se quedaba en intermediarios o en la casa disquera. Hoy recibe un poco menos, entre 1,50 o 99 centavos, según el formato”.

Esta dramática reducción afectó a los sellos disqueros y a los artistas por igual. Marín dice que un ejemplo es Chance the Rapper, un músico estadounidense de hip-hop que lanzó su álbum Coloring Book exclusivamente en streaming. Los fans han reproducido el trabajo 53 millones de veces en plataformas, no siempre pagas, pero esto en discos vendidos solo equivaldría a 38.000 copias.

“Hace 20 años –asegura Marín– se hacía mucho dinero con la venta, distribución y mercadeo de un disco, hoy depende de los toques en vivo. Las utilidades de un músico en la actualidad se pueden haber reducido en un 50 por ciento si se compara con la década de los noventa, cuando los artistas no tenían que hacer mucho más que promocionar su disco en radio y en MTV”.

Hoy por hoy, la realidad es que las bandas subsisten por lo que facturan en sus conciertos. Para Eugenio Chahín, editor de la revista Rolling Stone Colombia y jefe de prensa del Festival Estéreo Picnic, “hacen buena taquilla y a cualquier promotor le interesan estos conciertos. Los Rolling Stones, Paul McCartney y Aerosmith, entre otros, siguen vendiendo y sus ‘shows’ ofrecen la experiencia de oír canciones clásicas en vivo. Ahora el fenómeno son los festivales, que mezclan artistas nuevos con bandas legendarias”.

¿Pero su calidad musical se mantiene? En la mayoría de los casos está garantizada. Ya sea en trabajos en los que se dedican a experimentar, como hizo Bob Dylan con su disco de covers de Frank Sinatra, o cuando se rodean de músicos actuales o grandes productores, como es el caso del más reciente álbum de Iggy Pop, producido al lado de Josh Homme, líder de la banda Queens of the Stone Age.

Muchos fanáticos y seguidores se sentirán identificados con la manera de pensar de Chucky García, quien expresa tajantemente que músicos como los Stones, McCartney, Iggy Pop se construyeron en una época en la que el rock era menos “complaciente y la música tenía mucho más para decir”. Según él, a excepción de artistas actuales como el rapero estadounidense Kendrick Lamar, conectado con su época y sus raíces por medio de sus letras, no hay figuras absolutamente relevantes.

Otros, por el contrario, piensan que no es posible comparar los artistas legendarios y los de hoy: en ambas generaciones hay calidad al interpretar un instrumento, al componer una letra o al fusionar diferentes géneros y ritmos, como algunos de los más famosos DJ y productores de la actualidad. Ambas posturas tienen cabida, pero la única certeza es que todos aquellos que hacen música luchan hoy por sobrevivir y adaptarse a un mercado salvaje y vertiginoso.

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