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| 5/9/1988 12:00:00 AM

IMITANDO A MARTA

IMITANDO A MARTA IMITANDO A MARTA
Desde que Marta Traba se fue de Colombia en 1969, 14 años antes de su trágica muerte en el jumbo de Avianca, ha habido un gran vacío en la crítica de arte en el país. Han transcurrido casi 20 años desde esa fecha y, a pesar de muchos Galaores, Serranos, etc., todavía se recuerdan los días de Marta como los de gloria para la crítica de arte. Y no porque la controvertida argentina tuviera razón o fuera justa sino porque, con sus inmensas virtudes e inmensos defectos, había algo. Y ese algo marcó una época.
Ahora, en el escenario artístico nacional hay otra mujer, de 33 años, no argentina sino colombiana, que está pretendiendo llenar ese vacío: Ana María Escallón.
Ella, evidentemente, no lo reconoce. Interrogada por SEMANA sobre este aparente paralelo respondió:
"Yo no lleno ningún vacío, simplemente ocupo mí lugar". Un lugar que tiene, en todo caso y guardadas las proporciones, una percepción tan controvertida como la de la crítica argentina en su etapa inicial.
Canibalismo, irrespeto, arrogancia y total ignorancia, son algunos de los epítetos que se escuchan al hacer referencia a esta alta y rubia bogotana, de origen cartagenero. Pero, igualmente, cuando se habla de ella, aún sus críticos le reconocen valor e independencia. Esto último es, probablemente, lo que ha creado el mini-boom Escallón. Porque, aunque todavía no existe un acuerdo en que la novel crítica conozca tanto como aparenta para todo el mundo es claro que no tiene pelos en la lengua. Y es esta característica la que, en el último año, la ha llevado a cruzar fuegos con una serie de personalidades de la vida nacional y artística, que incluye a Plinio Apuleyo Mendoza, Fausto Panesso y Rafael Puyana.
Puyana, quien últimamente se enfrascó en una agria polémica con la que el llamó Ana María Botafuegos, sobre la restauración del "San Francisco en oración" de Zurbarán, tampoco tiene pelos en la lengua para expresar sus posiciones sobre la Escallón: "Aniquilar con la palabra escrita equivale a matar", afirmó dejando entrever que no le atribuye a la crítica méritos proporcionales a los daños que ha causado.
Y sin duda ha causado muchos. La preeminencia de Ana María Escallón, en la actualidad obedece, no tanto al respeto que merecen sus opiniones sino al sinnúmero de enemigos que se ha hecho. De sus agrios, feroces, y a veces violentos comentarios, ha sido víctima la casi totalidad de la nueva generación de pintores colombianos y no pocas "vacas sagradas", incluidos Grau y Obregón.
"Yo creo que el problema de la crítica de arte en Colombia es que ha tenido que condicionarse a factores de amistad y de grupo social. Como aquí todo el mundo es amigo de todo el mundo, existe una inhibición para juzgar la obra fríamente", afirmó. De su conversación se deduce que la gran mayoría de los pintores son mediocres, y que el hecho de que sean buenas personas y hagan esfuerzos enormes, no puede alterar esta realidad ni la responsabilidad del crítico de registrarla. "Las obras hay que juzgarlas por el resultado, no por el esfuerzo", dijo escuetamente.
Los resultados que a ella le gustan son pocos, pero los apoya con la misma vehemencia con que destruye los esfuerzos estériles. En esta privilegiada lista están Luis Caballero, Bernardo Salcedo, Oscar Muñoz, Ronny Vaida, Saturnino Ramirez y Victor Laignelet, a quienes considera como "artistas coherentes e imaginativos".
En cuanto a Botero, mantiene un silencio respetuoso, como dejando traslucir que el alcance de su cauchera tiene límites. Estos no se extienden a Obregón de quien dijo: "Admiro al Obregón de los 50, que abrió importantes puertas, pero no el de los 80 que se ha olvidado de buscar nuevos caminos".
Si Obregón para ella es un gran pintor venido a menos, Grau es apenas un buen pintor venido a más: "Es muy poco lo que ha evolucionado en los últimos años", afirmó sobre el artista cartagenero. Son este tipo de afirmaciones las que le han granjeado la reprobación de personajes como Fausto Panesso, quien dijo a SEMANA que "ella encarna mucho más la desaforada línea de Edward Koch, el alcalde de Nueva York, que la de Marta Traba, a quien tan obsesivamente intenta parecerse".
¿Cuáles son las credenciales que le han permitido a esta atractiva profesora universitaria acabar, con una sencilla columna de prensa, con cuanto artista le ha venido en gana? Hija del popular Alvaro "el largo" Escallón, una vez terminado el bachillerato estudió periodismo en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, en Bogotá. Su formación se complementó con estudios de Historia de América Latina en la Universidad de Georgetown y de Arte en la American University, en los Estados Unidos.
Pero, probablemente más que su hoja de vida, lo que le ha permitido aleanzar la posición a que ha llegado es su personalidad. Es una mujer segura de sí misma, que irradia una cierta arrogancia agradable. En el mundillo del arte colombiano, una personalidad de esta naturaleza ha logrado imponerse. Y hoy, cada palabra y cada adjetivo que utiliza, tienen impacto, aunque la mayoría esté en desacuerdo.
Algunos han expresado la preocupación de que su condición de "la nueva Marta Traba", se le suba a la cabeza. "La responsabilidad de un crítico de arte es enorme y tiene que estar acompañada de una gran madurez", afirmó un antiescallonista que prefirió el anonimato. Para ilustrar hasta donde puede llegar una crítica mal enfocada, le recordó a SEMANA el episodio de Sergio Trujillo. En los años cincuenta, este artista se convirtió en un pionero del Art Decó, que hoy es una de las corrientes artísticas más cotizadas en todas sus expresiones. Una crítica demoledora de Marta Traba enterró su prestigio entre sus contemporáneos. Esto caló tan hondo en la autoestima del artista, que lo llevó a la decisión radical de un suicidio artístico: quemó la totalidad de su obra.--

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