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| 11/21/2017 11:45:00 AM

¿La crisis por la independencia podría dejar a Barcelona sin libros?

El movimiento independentista en Cataluña hizo tambalear a Barcelona como la capital literaria en español. Las grandes editoriales consideraron abandonar la ciudad.

El lugar que acogió e impulsó como ninguno las obras de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar o Carlos Fuentes, entre cientos de escritores latinoamericanos, ve cómo el conflicto independentista le arrebata poco a poco las principales editoriales de las letras en español.

Durante los últimos años del franquismo, Barcelona se convirtió en un foco de la literatura. Allí surgieron las más importantes editoriales y también los agentes literarios más influyentes como Carmen Balcells, a cuyos buenos oficios se debió en gran parte el boom latinoamericano. Basta recordar que Gabriel García Márquez, entre 1967 y 1975, vivió en esa ciudad, en la que escribió El otoño del patriarca y convenció a su amigo Tísner, un periodista y caricaturista, de traducir al catalán Cien años de soledad.

Pero esta meca del arte y la cultura atraviesa tiempos difíciles y tambalea como capital editorial en español, aunque aún se exhiba bajo el eslogan de “Cataluña, tierra de libros, Barcelona, ciudad de la literatura”. En efecto, editoriales de la talla de Planeta, Penguin Random House, Salamandra o Anagrama (que representan una gran tajada del mercado editorial en Colombia) tradicionalmente han tenido su sede en Barcelona. Y según cifras de la Federación Española de Cámaras del Libro, la ciudad representó el 50,8 por ciento de la facturación total del mercado español en 2016, con casi 1.170 millones de euros de los 2.317 millones facturados ese año.

Sin embargo, los efectos del referendo independentista del 1 de octubre y de las posteriores declaraciones del presidente catalán, Carles Puigdemont, se sintieron en varios ámbitos y la industria editorial de Barcelona fue una de las afectadas. La inestabilidad generada por el conflicto independentista ya hizo que Planeta decidiera cambiar su domicilio social a Madrid. Su presidente, José Creuheras, explicó que por ahora esto implica el traslado de las decisiones de la junta de accionistas, mientras que los empleados, la producción y actividades claves como la entrega del Premio Planeta se mantienen en la capital catalana. Sin embargo, hay quienes piensan que estas decisiones terminarán por llevarse buena parte de la producción de la editorial a Madrid y temen que las demás también sigan por este camino.

No es un hecho menor. Planeta comparte cerca del 60 por ciento del mercado editorial español con Penguin Random House. Este último grupo ya cuenta con sede en Madrid por la compra de Alfaguara en 2014, y una decisión similar a la de Planeta ratificaría el fin la capitalidad editorial en español de Barcelona. Sin embargo, aún no se decanta por esa posibilidad y se ratifica en la declaración pública que hizo hace un par de semanas, según la cual actuarán solo en caso de modificaciones a “las leyes y regulaciones locales”. El grupo ha dicho que sigue de cerca los hechos en Cataluña por el conflicto independentista y que “en caso de que haya cambios, evaluaremos la situación en consecuencia y tomaremos entonces todas las medidas necesarias para defender los intereses de autores, lectores y empleados”.

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Por su parte, ediciones Salamandra, el sello editor en español de Harry Potter, dio declaraciones a medios internacionales como La Nación de Argentina en las que insinuó la posibilidad de marcharse de la capital catalana. Sigrid Kraus, editora de Salamandra, dijo que “si hubiera una declaración de independencia, nosotros cambiaríamos de sede”.

A diferencia de todas las anteriores, Anagrama parece no estar dispuesta a salir de Barcelona aún en un escenario de independencia. La directora editorial, Silvia Sesé, manifestó que en un contexto como ese se tomarían medidas para tranquilizar el capital, pero que estas “no incluyen el traslado de su histórica sede”.

Y es que para las editoriales, como para todas las empresas, la inestabilidad es un mal síntoma. Por eso, una decisión como la de Planeta, más allá del tinte político que algunos le atribuyen, se justifica por el deseo de encontrar solidez para el negocio. Al respecto, Kraus, de Salamandra, explicó que es “muy complicado llevar la empresa en un marco inestable de inseguridad jurídica”. Incluso expresó que su editorial podría publicar en castellano en una república catalana independiente, pero solo si se llegara a ese escenario en buenos términos y no con la Unión Europea en contra.

Xavi Ayén, autor del libro Aquellos años del ‘boom’, experto en temas editoriales y periodista de La Vanguardia, de Barcelona, dijo a SEMANA que las buenas relaciones con la Unión Europea son fundamentales para la industria editorial catalana y quedar por fuera de la eurozona sería un gran golpe para el negocio. Los acuerdos internacionales que rigen en España evitan la doble tributación, por lo cual un creador no paga impuestos en dos países a la vez. Adicionalmente, permiten que un país europeo pague gravámenes más bajos por la compra de los derechos de un escritor sur americano, que los que tendría que pagar en lugares donde dichos acuerdos no apliquen.

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Para algunos, Barcelona dejó de ser un punto de atracción para los escritores latinoamericanos desde hace bastante tiempo, pero la independencia total de Cataluña en estas condiciones la excluiría de la eurozona y podría causar un mayor desinterés en la capital catalana. Aunque la mayoría de los agentes literarios continúa operando desde la Ciudad Condal, habría grandes cambios en la aplicación de los convenios con la Unión Europea, así como en las redes de distribución que actualmente hacen que desde allí se cubra la mayor parte del mercado hispano. Por eso, Ayén explica que ante un cambio de reglas, las editoriales y los escritores “tendrían una carga de aranceles más alta, razón por la cual seguramente se sentirían atraídos a moverse a otros lugares”.

El apoyo al movimiento independentista catalán no es unánime en el mundo cultural español y, por el contrario, tal como lo explica el escritor colombiano Carlos Granés, “aunque hay una cantidad de industrias culturales con representantes proindependentistas, también hay figuras intelectuales como Javier Cercas, Eduardo Mendoza, y filósofos como Félix de Azúa y José Ovejero que no apoyan el proceso independentista y lo rechazan de manera explícita”.

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Mientras todos permanecen atentos al desenlace del conflicto independentista, buena parte del mundo cultural lamenta la situación. Granés redondea el tema diciendo que “es una pena enorme lo que está pasando. Cataluña es un paraíso y España un país maravilloso en el que las presiones nacionalistas están entorpeciendo la convivencia y enrareciéndolo todo, no solo la política, sino también la cultura”.

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