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| 5/24/2008 12:00:00 AM

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal

Esta valiente nueva entrega prueba que la serie creada por Spielberg, Ford y Lucas es una celebración de las películas.

Título original: Indiana Jones and the Kingdom of the Cristal Skull.
Año de estreno: 2008.
Dirección: Steven Spielberg.
Guión: David Koepp.


Actores: Harrison Ford, Shia LeBeouf, Cate Blanchett, Karen Allen, Ray Winstone, John Hurt, Jim Broadbent

Lo importante es saber a dónde se ha entrado. En este caso, por ejemplo, se tiene en frente una estupenda película de Indiana Jones. Y eso significa un largometraje nostálgico que parodia el cine de aventuras, lleva al borde de la silla y, gracias a los líos de vida o muerte en los que se mete ese entrañable viajero encarnado por Harrison Ford, sugiere un par de cosas sobre lo mucho que cuesta hacer la paz con lo pasado. Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal no es, en el fondo, mucho más que eso: es sólo una promesa cumplida a los seguidores de una serie fantástica en todos lo sentidos de la palabra.

Tal vez logra algo nuevo. Si Cazadores del arca perdida (1981) crea un personaje memorable, Indiana Jones y el templo de la perdición (1984) convierte al héroe en mito e Indiana Jones y la última cruzada (1989) hace entender a la audiencia de estos tiempos que un protagonista que se respete siempre halla algo más importante que lo que busca, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, que es, curiosamente, la más arriesgada de las cuatro, le recuerda al disperso público de hoy que se va a cine (lo dice Ford) "por el placer de reunirse con un grupo como quien comparte una comida en una gran mesa redonda".

Esa es la palabra clave de la nueva película: "reunión". Indiana Jones es ahora, 19 años después del último episodio, un viejo hostigado por su propio país. Mitad profesor de arqueología, mitad explorador en busca de objetos del pasado que quizá le devuelvan al presente cierta fe en el orden de las cosas, Jones ha caído en aquella temible lista negra de supuestos comunistas que acabó con las vidas de tantos inocentes. Es 1957. Estados Unidos se pelea con la Unión Soviética por el dominio del planeta. Y Jones, que ha perdido a su familia en ese par de décadas, está cansado de un mundo que "ya no es tan fácil como era".

Algo lo salvará. Se verá involucrado en la peligrosa búsqueda de una calavera de cristal que los rusos persiguen por sus poderes incalculables. Recobrará, por el camino, lo perdido. Y de esa forma recordaremos qué nos da el cine que no nos da la vida.

También lo dice Ford: "esta es una celebración de las películas". Y sí, lo es, y qué conmovedor que no sea nada más que eso. Ver esta cuarta entrega de la serie, también ideada por George Lucas, también dirigida por Steven Spielberg, es ver una antología feliz del cine: por ahí pasan el Marlon Brando de los 50, los monstruos absurdos de la serie B, los contraluces risueños de la ciencia ficción, en fin, mil y un detalles que nos recuerdan que somos los niños que éramos. Y así se llega a la conclusión de que no es gratuito, de ninguna manera, que el héroe que tanto nos gusta sea un arqueólogo.

Es algo parecido, desenterrar esa suma de trucos que es el cine, lo que han hecho Spielberg, Ford y Lucas con esta serie memorable.
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