Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1995/06/12 00:00

INSTALAR, UN CONCEPTO ABIERTO

En la casa donde pasó su vida en Colombia el pintor Guillermo Wiedemann, dos artistas presentan una propuesta plástica.

INSTALAR, UN CONCEPTO ABIERTO

ES BASTANTE COMplicado, en un momento como el que atraviesan las artes plásticas, definir géneros o categorías de acuerdo con los cuales explicar propuestas determinadas. El arte, en la ruptura progresiva de fronteras, ha perdido los parámetros e, incluso, por esa misma causa muchas veces la claridad de lo que persigue. Por ello más que nunca el público al que va dirigido debe dotarse de una cultura y de una sensibilidad que den lugar a elementos críticos y de juicio de acuerdo con los cuales comprenda si se halla o no ante la presencia de un trabajo artístico.
El punto central que ha dado el título de arte a las grandes obras a través de la historia, ha sido la fuerza y el poder de convicción con que ellas cuestionan las limitaciones de la vida y del arte en general, o con que proponen reflexiones trascendentes sobre estos aspectos. A pesar de todos sus cambios y desarrollos el arte contemporáneo sigue identificando lo mejor de sí en el poder de transformación que logra a través de los cuestionamientos de vida. Si bien se terminaron las fronteras y todo ha entrado a la posibilidad, la atadura al punto central sigue existiendo.
Quizás sea básico atender a consideraciones de este tipo para acceder a propuestas como las que en la actualidad presenta el Centro Cultural Guillermo Wiedemann, donde Alicia Fuster y Horst Papenhausen han completado el espacio con instalaciones diversas, que cuentan entre sus principales elementos el sonido y el movimiento, o la quietud y el silencio, las modificaciones al espacio, o los juegos con los hábitos perceptuales.
Horst Papenhausen, nacido en Rickling, Alemania, en 1947, es autor de varios trabajos, que no por denominarse instalaciones responden a una misma naturaleza, pues entre ellas se encuentran desde pinturas que funcionan como una crítica a la persistencia de este medio, hasta la creación de espacios que involucran a un mismo tiempo varios sentidos.
Mnemosyne es un mapa de la Alemania de hace 50 años que encontró olvidado en un colegio que cerraba sus puertas, al que agregó pequeños parlantes que emiten en un volumen mínimo sonidos que le son familiares en cada uno de los lugares que han sido importantes en distintas circunstancias de su vida, llegando con ello, en forma de relieve, a la construcción de una geografía sentimental, que prevalece sobre la objetiva, e incluso que le ofrece un complemento en el que lo más importante es una visión y una experiencia particular.
Entre las creaciones tridimensionales se encuentra Las últimas ollas, una juguetona instalación hecha con ollas Imusa que se desplazan sin ritmos establecidos al activar un circuito eléctrico, generando a su vez diferentes clases de ruidos. A partir suyo, con lo cotidianamente reconocible, anima reflexiones sobre el medio colombiano y sus elementos, sobre el quehacer del artista, sobre la historia y el contenido del arte, y sobre la humildad y la profundidad que hay en la rutina.
Papenhausen creó además instalaciones-ambientes como Cronósfera, un espacio cerrado en el que todo se conjuga discreta y correctamente para conducir al espectador a sensaciones muy íntimas y a su relación con el tiempo. En ella, bajo una luz azul un conjunto de despertadores marcan desacompasadamente el paso del tiempo recordandó uno de aquellos momentos en que a pesar de que la precisión del ritmo biológico continúa, la vida y el tiempo parecen dilatarse. No obstante su atmósfera poética, Cronósfera, como todas las creaciones de Papenhausen, mantiene un discurso sobre la historia y la contemporaneidad artística y sobre esos límites objetivos que la visión y la creación en el arte logran traspasar.
Repartidas junto a las obras de Papenhausen se encuentran las de Alicia Fuster (Carpentras, Francia, 1963), caracterizadas no ya por la utilización del recurso tecnológico, del sonido y del movimiento, sino por la quietud y porque sin la anteposición del divertimento, invitan directamente a la meditación. Principalmente juega con el espacio y con su percepción.
Con la misma impecable factura de Papenhausen crea ficciones de las que nacen alusiones a las decisiones en una vida y a la forma en que ellas crecen. De allí que uno de los principales elementos que maneja sea la escalera. La de láminas de vidrio que construyó en la casa Wiedemann, hace una referencia a la imposibilidad, al peligro o al riesgo. Por eso su nombre Espai, que en catalán significa escalera, pero también cuidado, en el lenguaje más cotidiano.
Además trabajó Terra, un piso falso elaborado en un material no resistente, y Portes tres puertas falsas con una apariencia muy real, ubicadas en lugares que refuerzan su inexistencia y su intencionalidad básicamente expresiva. Están instaladas como un dibujo que realza la presencia de lo que es real, y que busca comprender a partir de ello lo que no está allí, sino más lejos, en los caminos de la ilusión, que son los que transita el arte en la construcción de su propia realidad.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.