Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/02/20 00:00

Instrucciones para trabajar menos

Un libro que ha desatado una gran polémica en varios países por su llamado a la desobediencia laboral.

Instrucciones para trabajar menos

Corinne Maier
Buenos Dias,
Pereza
Peninsula,
2004
124 Paginas

Con un breve libro, más cercano al panfleto que al ensayo, Corinne Maier economista y sicoanalista francesa de 41 años, ha alborotado el mundo empresarial en varios países. Luego de advertirles a los empleados que "la empresa no es ningún humanismo", y que el día menos pensado van a sustituirlos "por el primer idiota que llegue", los invita a hacer efectiva la única alternativa que les queda: trabajar lo menos posible. Como quien dice, un llamado a la rebelión pasiva y una defensa abierta del derecho a la pereza.

Para Maier, ejecutiva media de la poderosa Électricité de France, EDF, resulta evidente que la gran empresa se encuentra acabada y ya no es el lugar del éxito que era antes: "El ascensor social está bloqueado". Los títulos académicos, dice, ya no proporcionan tanta seguridad como antes, las jubilaciones se encuentran amenazadas y la carrera profesional ha dejado de estar garantizada. Muy lejos quedó la época de los 60 y su entusiasmo por el progreso y las carreras aseguradas. Ahora, el futuro es por completo incierto y a las nuevas generaciones les espera una exigencia mayor de títulos para ocupar cargos que serán aún menos valorados y motivadores.

La inmovilidad no es el único ni el peor defecto de la gran empresa. También lo son su falta de creatividad, la burocracia, las reuniones inútiles, sus falsos propósitos de cambio y, sobre todo, las maneras que emplea para ocultar su verdadero rostro. Esas maneras, como en cualquier institución contemporánea, tienen que ver con la jerga: "El nivel estratégico consiste en la realización de un sistema de información global construido mediante la integración de subsistemas heterogéneos distribuidos". Con los acrónimos: "El AGIR es ahora el IPN y pasa a controlar el STI en detrimento de la SSII, la cual se ocupa de la DM; ahora bien, está previsto que este último migre al RTI". Con las frases hechas: "No hay problemas, sólo hay soluciones". Y, por supuesto, con el micropatriotismo empresarial: las fiestas, las camisetas, los pins y los eslóganes.

Detrás la retórica, la realidad cruda es que el objetivo de la gran empresa es la ganancia y no desarrollar el potencial del asalariado, un esclavo moderno que en el fondo sólo trabaja por lo que recibirá a fin de mes. Pero, como es inútil tratar de cambiar ese sistema y criticarlo sería reforzarlo, Maier propone su estrategia de resistencia pasiva: trabajar lo menos posible y aprender a pasar inadvertido, eso sí, aprendiendo a venderse muy bien. Lo que, en concreto, significa no aceptar cargos de responsabilidad, simular que se lleva trabajo a la casa -cargar siempre papeles- y adaptarse sin protestar al modelo promocionado. En fin, convertirse en un buen farsante.

El éxito de esta obra ha sido impresionante: libro más vendido en Francia -ya pasó de los 250.000 ejemplares- y gran despliegue en el Financial Times y en el New York Times, que calificó a Maier de ser una heroína de la contracultura. ¿Exageraciones? Probablemente. Como bien lo dijo un comentarista español: "¿A cuento de qué viene la señora o señorita Corinne Maier a enseñarnos a los españoles lo que es la pereza?". Y nosotros podríamos agregar: ¿acaso hay algo que enseñarle a un burócrata colombiano en el arte de 'mamarle gallo' al trabajo?

Hasta cierto punto, los problemas de los que se ocupa este texto -muy referidos al aburrimiento- son específicos de una sociedad de bienestar en la que se debate la reducción de la jornada laboral de 32 horas semanales. Sin embargo, no debe desestimarse la acogida que ha tenido fuera de Francia: puede ser también la expresión de un profundo malestar que hay en el mundo contra una forma de hacer empresa que, por unas expectativas de rentabilidad demasiado altas, ha convertido a los empleados en meras fichas prescindibles y, en una respuesta apenas obvia, las fichas prescindibles no se sienten obligadas a ningún tipo de lealtad.

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