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| 7/11/2015 10:00:00 PM

¿Por qué el arte de Jeff Koons es tan valioso?

Muchos consideran que la obra de Jeff Koons no tiene valor artístico; sin embargo, el estadounidense se ha consolidado como uno de los artistas más importantes.

Sus obras pueden costar más de 50 millones de dólares y tres emblemáticos museos, el Whitney de Nueva York, el Pompidou de París y el Guggenheim de Bilbao le hacen una retrospectiva. A mediados de los años ochenta, el artista norteamericano Jeff Koons se convirtió en una marca de lujo del mundo del arte y desde entonces su fama no ha parado de crecer. En 2013 la casa de subastas Christie’s vendió Balloon Dog orange (2000) por 58,4 millones de dólares, convirtiéndolo en el artista vivo más valorizado de la historia.

Para muchos este fenómeno es incompresible. Las porcelanas, las esculturas y los gigantescos cuadros del norteamericano son el sumun de la cursilería y, sin embargo, los mejores museos del mundo las exponen como si fueran invaluables. A mediados del año pasado el Whitney Museum de Nueva York inauguró una retrospectiva de Koons, que se tomó prácticamente todo el edificio. Esa institución nunca antes le había dedicado tanto espacio a un solo artista. Poco después la exposición estuvo en el Centre Pompidou de París y el 9 de junio fue inaugurada en el Guggenheim de Bilbao, donde esperan que se convierta en la más visitada del año. ¿A qué se debe tan arrasador éxito?

Para responder esta pregunta es necesario saber que el mercado del arte funciona como cualquier otro y que una de las características que más valoriza una obra es lo que los especialistas llaman proveniencia. En esto a Koons le va casi tan bien como a Picasso. Su nombre es una marca tan reconocida como Mercedes-Benz, sus obras hacen parte de la colección de museos como el MET, el Guggenheim de Bilbao y el Moma de Nueva York, y su galerista de cabecera es tal vez el más prestigioso del mundo, Larry Gagosian. Todo esto le agrega varios ceros al precio y garantiza que la compra de una obra del estadounidense sea una buena inversión.

Si bien podría decirse que Koons es ante todo un fantástico hombre de negocios que ha sabido vender su imagen al mundo, si se mira de cerca el personaje es más complejo. El estadounidense estudió arte en el Instituto de Chicago –uno de los más prestigiosos- y conoce de memoria la historia de la pintura y la escultura. Por eso ha sabido incorporarla a su obra. Sus primeros trabajos están inspirados en la idea de ready-made que Marcel Duchamp introdujo al mundo del arte. Así como el francés había convertido un orinal (Fountain, 1917) en una obra maestra al voltearlo y situarlo en medio de una sala de exposiciones, Koons decidió meter un balón de básquet en una pecera (Ball in Tank, 1985) y hacerlo flotar. En otra puso varias aspiradoras en medio de un cubo de vidrio (Convertibles, 1986).

El arte vanguardista de comienzos del siglo XX no ha sido su única fuente de inspiración. El barroco recargado ha estado presente en varias facetas de su obra y, si se mira con cuidado alguno de los gigantescos óleos que han salido de su taller, el impresionante detalle del dibujo hace pensar en artistas como Velázquez o Vermeer. Pero Koons no tiene la impecable habilidad manual de estos últimos. En su taller trabajan a diario alrededor de 130 personas que se dedican a moldear las esculturas, a dibujar los cuadros y a colorear las porcelanas. Él sólo piensa la idea y supervisa el trabajo.

Por lo general sus obras pueden encasillarse dentro de lo que se conoce como kitsch, un arte de producción masiva inspirado en la cultura popular que, a diferencia de un Picasso o un Cézanne, no requiere de reflexión alguna para ser entendido. “Hasta un niño de 5 años puede contemplar mis esculturas, entenderlas y gozar con ellas”, explicó Koons al crítico de arte Robert Hughes en una entrevista. Esto, sin embargo, no quiere decir que su trabajo no sea arte.

La democratización de la estética es de suma importancia para el norteamericano. Esto explica por qué sus esculturas y sus cuadros tienden hacia lo kitsch y no hacia lo abstracto. Para Koons es fundamental que exista un diálogo entre obra y público y que esa comunicación no tenga límites. Por eso crea imágenes sencillas y conocidas para la gran mayoría. Mientras que para entender un cuadro de Picasso o de Braque hay que saber que el artista está jugando con los espacios del cuadro y con las formas de las figuras. El Michael Jackson and Bubbles no exige esfuerzo alguno al espectador. Lo único que se requiere es saber quién es el personaje y por eso la globalización es el gran aliado de lo kitsch.

La gran inspiración de Koons es, empero, la cultura popular. Esto ha llevado a algunos a afirmar que el artista es un crítico de la sociedad y que la entiende mejor que nadie. Pero la realidad puede ser un poco más sencilla: él le da a la gente lo que la gente quiere. Un ejemplo de esto es la serie Made in Heaven (1989) que creó a finales de los ochenta cuando la sexualidad y el erotismo estaba en boca de todos. Miles de visitantes fueron a ver la polémica exposición en la que Koons y su entonces esposa Ilona Staller –la Cicciollina– aparecían en óleos con mariposas, esculturas con culebras y porcelanas de diferentes tamaños teniendo relaciones sexuales.

Koons –siguiendo una de las corrientes más recientes del arte contemporáneo– convirtió su vida en una obra de arte. Su marca, su imagen y su obra son inseparables y hasta ahora la mezcla le ha resultado bastante exitosa. Habrá que ver qué opinan las futuras generaciones de obras como Balloon Dog, Michael Jackson and Bubbles y Made in Heaven.
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