Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/10/23 22:00

“Los museos deberían tomar partido y disfrutar cuando generen controversia”

Jens-Christian Wagner, director de la Fundación de Memoriales de Baja Sajonia (Alemania), habló sobre el papel de los museos en sociedades en transición como la colombiana.

Desde 2014 Wagner dirige la Fundación de Memoriales de Baja Sajonia y el memorial de Bergen-Belsen en Alemania. Foto: Archivo particular.

El 20 y 21 de octubre se llevó a cabo la XX versión de la Cátedra de Historia Ernesto Restrepo Tirado del Museo Nacional -el evento académico más importante de esta institución- que tuvo como eje la relación entre museos, memoria e historia en sociedades en transición.

El primer día participaron David Fleming, director de los museos de Liverpool, Lucía González, exdirectora del Museo Casa de la Memoria de Medellín y Jens-Christian Wagner, director del memorial Bergen-Belsen (Alemania), un museo ubicado en dos campos de concentración nazi en los que murieron unos 70 mil prisioneros. Para Wagner la memoria es un término peligroso y Colombia, un desafío único para los museos contemporáneos.

Semana.com: Los museos contemporáneos buscan aproximarse al pasado reciente, no quedarse en los hechos que ocurrieron hace 50 años o más. Y Colombia es un país cuyo conflicto aún no termina. ¿Cómo deben enfrentarse a esa particularidad nuestros museos?

J.C.W.: Esa es una dificultad tremenda y es básicamente la diferencia entre Colombia y Alemania. Los museos contemporáneos que tenemos allá tratan unos fenómenos que casi han desaparecido por completo porque las víctimas y victimarios directos ya fallecieron, mientras que en Colombia el conflicto no termina. Esta semana estuve a las afueras de Cúcuta en los hornos donde el paramilitar alias El Iguano quemó a cientos de personas y me dejó atónito saber que ese lugar, que debiera ser ahora un espacio de conmemoración, no puede serlo porque en la zona hay presencia de otros actores armados y no es seguro acercarse.

Semana.com: En ocasiones los museos destacan más unos actores del pasado que otros. Por ejemplo, en Colombia es difícil encontrar un museo que hable de los victimarios en igual proporción a las víctimas. ¿Cómo ve esto?

J.C.W.: Esa es una problemática que ocurre en la mayoría de museos, en Alemania también pasó. Creo que es un grave error evitar hablar de los victimarios o limitarse a mostrar la violencia que ejercieron porque a fin de cuentas son humanos y para un espectador es mucho más enriquecedor conocer las motivaciones que tuvo esa persona para actuar como actuó que saber simplemente qué crímenes cometió. Claro, hay que darle igual importancia a las víctimas, eso es imprescindible, pero recordemos: no hay víctimas sin victimarios.

Semana.com: ¿Qué debe esperar una víctima de un museo contemporáneo? ¿Un victimario? ¿Y alguien que no tenga nada que ver con el conflicto?

J.C.W.: Las víctimas deben encontrar un lugar donde se honre su sufrimiento y su capacidad de resiliencia; los victimarios, un lugar que humanice sus historias y ponga en contexto por qué hicieron lo que hicieron; y los que no conocen de cerca la guerra, romper esa coraza que los mantuvo ajenos a ella. Un museo solo logra eso si va más allá de preservar la historia, si hace de ella una fuente de controversias valiosas para reconstruir una sociedad.

Semana.com: ¿No existe entonces algo así como la neutralidad de los museos?

J.C.W.: En lo absoluto. Por ejemplo, en el memorial que yo dirijo (que fue un campo de concentración), ser neutral equivaldría a hacer apología a los nazis. Todos los museos deberían tomar partido y disfrutar cuando generen controversia. Solo así tendrán un rol activo en la sociedad. De lo contrario son lugares de adorno y nada más.

Semana.com: ¿Qué preguntas deben despertar los museos en la mente de los ciudadanos de un país que busca superar un pasado y, en el caso colombiano, un presente violentos?

J.C.W.: Los museos que tratan crímenes de Estado u otro tipo de violencias deben despertarle una pregunta básica al visitante: ¿qué tiene que ver conmigo esta historia?. Si no lo hacen, reprobaron.

Semana.com: En Colombia el conflicto ha sido rural, por lo que sensibilizar a la gente de las ciudades al respecto es difícil. ¿De qué depende que un museo logre o no despertar esa sensibilidad?

J.C.W.: Tiene que ser un espacio abierto a las discusiones, generador de ellas, desligado por completo de la política, valiente y respetuoso de la diversidad (de los testimonios que presenta y de la gente que lo visita). En Alemania, por ejemplo, ahora es muy importante la percepción de la historia que se puedan llevar los refugiados, por lo que hay tantos en nuestro país, entonces tenemos que respetar su origen y tradiciones desde todas las esferas, incluyendo a los museos.

Semana.com: Usted dice que los museos deben hacer referencia a la actualidad y orientar a la acción, ¿por qué?

J.C.W.: Un museo contemporáneo tiene que mostrar que la historia no es algo que se dio automáticamente sino que es el producto de las decisiones de varios seres humanos. Si un visitante se lleva la lección de que su capacidad de decidir es determinante para la historia futura, actuará con consciencia, hará algo al respecto. Y ese es tal vez el mayor aporte de un museo a una sociedad.

Semana.com: ¿Qué deben preservar los museos contemporáneos: memoria o historia?

J.C.W.: A mí personalmente no me gusta mucho la palabra “memoria” porque hay tantas memorias como hay hombres. Los sobrevivientes de hechos violentos muchas veces tergiversan sus relatos por el mismo shock que les causó lo que sufrieron, algo que pese a ser totalmente comprensible no puede ser reconocido como historia. Por eso los museos deben apuntarle a construir una historia a partir de la recopilación y el estudio juiciosos de muchas memorias, tratando de evitar caer en tergiversaciones. Es un asunto de mucho cuidado.

Semana.com: Hoy en día casi nadie lee libros de historia, en la gente la aprende a través de Internet. ¿Qué valor agregado tienen los museos?

J.C.W.: Los museos tienen objetos de los fenómenos que narran y apreciarlos en persona no es solo un ejercicio visual. El contacto con ellos levanta preguntas, genera rabias, insatisfacciones y también, inspiración. Eso Internet nunca podrá hacerlo.

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