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| 3/2/2017 10:00:00 PM

“Para felicidad de muchos, yo no hago arte”: Jim Amaral

Semana.com habló de la obra que actualmente expone en el Mambo, de la muerte y del arte.

Jim está en su casa, una bella y enorme construcciòn de otra época. Está quitándole el plástico a un libro de poemas de Gonzálo Arango que acaba de comprar. Se le notan las ganas de abrirlo y leerlo en una sola sesión, pero será luego porque tiene una entrevista.

El 25 de febrero el Mambo inauguró ‘De la línea al espacio’, la primera exposición del año que cuenta con la obra de Jim; su esposa, Olga de Amaral, y Ricardo Cárdenas, cuya curaduría estuvo a cargo de Eduardo Serrano y Valentina Amaral.

Los espectadores pueden tocar sus esculturas, metálicas y silenciosas, esas mismas que, como él mismo dice, “hacen ruido”.

Semana.com: La esencia de la poesía está en la totalidad de sus esculturas. ¿Cómo se logra una escultura con esa esencia?

J.A.: Es una manera de ser, de vivir, de pensar y de leer. Porque la literatura me gusta mucho y siempre me parece importante en la formación de la mente, no quiero decir del “artista” porque ese es un término abusado. Yo tengo 84 años y hay tantos caminos en la vida, y tantas coincidencias… Desde bachiller, cuando vivía en mi humilde pueblo, Pleasanton, mi mejor maestra era la de inglés y literatura, nunca tuve el coraje de ser poeta (risas). Cuando estuve en Stanford cambié mis estudios y estudié arte. La poesía para mí es lo máximo. Entonces se llega a eso viviendo.

Semana.com: ¿Por qué se abusa del término “artista”?

J.A.: De ese y del término “arte”. Para felicidad de muchos, yo no hago arte, yo hago lo que soy y lo que sé hacer. Prefiero no llamarlo con esa palabra porque eso ya es la publicidad, la televisión, el diseño, las revistas, decoración de casas… está en todas partes. Las galerías son almacenes de decoración y la gente se confunde. En mis manuscritos imaginarios yo busco que la experiencia sea de persona a persona, y no de obra y sofá y sala… Eso es importante para mí.

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Semana.com: ¿Por qué esa metamorfosis que se ve en cartas de amor es como un goce?

J.A.: Porque el amor es un goce, el sufrimiento también. Estaba yendo mucho a París, fue allá donde los expuse por primera vez, tiene un buen público y buena crítica. Lo hice con los dedos, besos y penes porque eso es lo que participa en el amor. Son siete, es una semana, me gusta trabajar en grupos de siete. Yo dibujé mucho en los años 70 sobre el sexo, hay mucha gente que al mencionarle la palabra sexo lo primero que piensa es en lo erótico.

Nunca fue mi fin hacer arte erótico. Yo quería desmitificar la participación de las partes del cuerpo en el sexo. Desmitificar el sexo del hombre, que no sea un problema para todo el mundo ver ese aparato.

Semana.com: Los Cisnes reflexionan sobre la muerte, pero no dejan a un lado esa desmitificación del sexo. ¿Cómo se relaciona la muerte con el sexo?

J.A.: El sexo y la muerte están conectados porque estamos aquí y ahora viviendo. Les puse cisnes porque la gente los llama en principio ángeles. Yo quería quitar esa asociación de la religión con las figuras, no podía ponerles pájaros, o copetones o mirlas. Les puse cisnes, que son más poéticos y más estéticos.

"Mi obra estimula a pensar y no me pregunten qué significa eso. Qué quiere decir mi obra a ellos, cada uno tiene una mente diferente ¿Cómo voy a decir lo que tienes que sentir para algo?"

S: ¿Hay algo que lo tranquilice acerca de la muerte?

J.A.: No lo sé, no puedo entender qué es la muerte. Los filósofos tampoco lo han entendido, es la idea de que una vida no es suficiente, entonces la gente necesita pensar o saber qué va después. Eso es más misterioso para mí que el cielo o el infierno, yo no tengo esa necesidad. Cuando uno se va, se va. La vida me gusta, aunque puede ser que sufro y no duermo por la noche a veces. Pero la vida es buena para mí, no ha sido fácil como todo el mundo cree que ha sido mi vida. Pero eso hace parte de vivir.

Semana.com: ¿Cómo fue ese momento de angustia por la muerte de un amigo suyo?

J.A.: Fue en el año 1961, yo era joven, me aferré al arte, dibujé. Él era esquizofrénico y se suicidó. Es muy duro, quita el piso que hay debajo de uno. Quitarse lo que uno tiene por su propia voluntad… me causó mucha angustia. Hice mucho psicoanálisis.

Semana.com: ¿Por qué esa atracción por el universo, por los astros?

J.A.: Mi trabajo, desde cuando yo llegué a Colombia en 1957, empezó con el sexo, que es el origen de nosotros. Luego pasé al tema de la muerte con las pinturas frutos del duelo, y después quería mostrar el hombre en su silencio, no me gusta la palabra soledad ¿qué es mejor, soledad o solitude? Entonces empecé a hacer bronces para este tema, de lo que es vivir, porque estamos solos.

Cuando te acuestas estás solo aunque tú mujer o alguien esté al lado, duermes y tú estás adentro de tu cabeza. Empecé a hacer unas esferas chiquitas porque estábamos en una época del cosmos, ya vemos más del universo como nunca antes. Uno puede decir que sexo, muerte, soledad y el silencio del gigantesco del universo, que hace ruido. Todas mis piezas hacen ruido.

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Semana.com: ¿Qué lo desvela?

J.A.: ¡Todo! Cualquier cosa me desvela, es un mundo demasiado sensible a las cosas. Tengo hijos y nietos. Me desvelan las injusticias, la mala fe, la envidia. No entiendo eso.

Semana.com: ¿Están fallando los artistas jóvenes?

J.A.: Decir que fallan es acusarlos. Es por el ambiente y cómo les enseñan. Yo vi una exposición de estudiantes de una universidad y me da angustia y tristeza que esta gente joven no está estructurando antes de expresarse, tienen que tener las herramientas antes, y tienen que tener experiencia en la cabeza para entender. Pero ellos van muy rápido al hacer cosas en papel, bolsas de plástico, etcétera, y uno pregunta ¿qué quiere decir eso? Entonces tiene que explicarlo porque sin explicación la obra no dice nada, y eso me parece una gran falla.

Mi obra estimula a pensar y no me pregunten qué significa eso. Qué quiere decir mi obra a ellos, cada uno tiene una mente diferente ¿Cómo voy a decir lo que tienes que sentir para algo?

Semana.com: En otra entrevista dijo que Colombia es Olga… ¿qué es Estados Unidos?

J.A.: Cumplí 60 años en Colombia, vivimos entre París y Bogotá durante los 1970, y no podía seguir eso. No tengo raíces como gringo; como colombiano era muy extranjero porque tengo acento marcado. Todos han muerto en Estados Unidos, mis hermanos, mis tíos. Me siento más colombiano que gringo, pero al mismo tiempo sé que soy gringo, allá me formé. Iba mucho a cine en mi pueblo, costaba 10 centavos, me crie viendo cine. Un filósofo gringo decía: Puedes sacar al niño del pueblo, pero no el pueblo del niño, ese soy yo.

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