Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2001/07/30 00:00

Jóvenes cuenteros norteamericanos

Una excelente antología de los escritores más promisorios de Estados Unidos.

Jóvenes cuenteros norteamericanos

Varios autores
Habra una vez
Alfaguara, 2001
535 paginas

De la poesia al cuento y del cuento a la novela. Tal fue en una época el periplo de los escritores. Para algunos llegar a la novela era el final del camino, la definitiva carta de ciudadanía en el mundo literario. La novela era el género máximo; la poesía y el cuento apenas unas escalas intermedias en el aprendizaje. Para otros más lúcidos, como Faulkner y García Márquez, la llegada a la novela fue por descarte: de los tres géneros que intentaron les pareció el menos difícil. A pesar de que los dos fueron reconocidos novelistas, nunca dejaron de considerarse poetas fallidos. Y siempre que pudieron regresaron al cuento; nunca dejaron de cortejarlo y de celebrarlo.

Ahora muchos aspirantes a escritores quieren ser directamente novelistas. Pero no por ninguna de las razones anteriores sino porque les han oído a libreros y a editores que la poesía casi no se vende, que ahora el género reinante es la novela. Por si las dudas, ahí está la prueba: abundan los concursos de novela y la diferencia en dinero con los concursos de los otros géneros es astronómica. Hay profusión de novelistas y, como es de esperarse en dichas circunstancias, de malos novelistas. Por fortuna éstos no tardan más de un año en ser olvidados: nunca el mercado podrá determinar la calidad del arte ni erigirse en el juez de los géneros.

Sin la presión de ofrecer resultados comerciales el editor que se arriesga lo hace con conocimiento de causa— el cuento ha permanecido un poco marginal pero bastante libre para seguir desarrollando todas sus posibilidades formales. Los escritores que han querido acercarse a él lo han hecho obedeciendo a una verdadera vocación. El cuento: una estructura perfecta que no permite ripios ni impostores. Se lee de un solo aliento y no se explica uno por qué no es el género preferido en una época que se supone veloz. Existen, por supuesto, muy buenas aproximaciones al cuento pero quizá la mejor es la que lo define como “un corte transversal de la realidad”. A pesar de su brevedad, ese fragmento de vida que es el cuento siempre nos conecta con algo mayor, infinitamente más vasto. En los buenos cuentos algo esencial ha ocurrido o está a punto de ocurrir.

Y el cuento, felizmente, está más vivo que nunca en el país que lo vio nacer en su versión moderna. Así lo confirma esta excelente antología y traducción del cuento joven norteamericano realizada por Juan Fernando Merino. Charles D’ Ambrosio, Amy Bloom, Jhumpa Lahiri, Jhon Fulton, Elizabeth McCracken, Elissa Wad, Edwige Danticatt, Joshua Henkin, Susan Perabo, Kate Wheeler, Tony Earley: hay que retener esos nombres. La antología incluye a otros 14 muy buenos autores pero los trabajos de aquéllos son en extremo sobresalientes y pueden inscribirse desde ya en la rica tradición que va de Edgar Allan Poe a Raymond Carver.

Provienen de los cuatro puntos cardinales de Estados Unidos; han sido premiados y publicados en revistas especializadas como The New Yorker, Atlantic Monthly y Esquire. Algunos poseen raíces hindúes, haitianas, latinas, croatas; otros son nativos o cosmopolitas y desarraigados como Kate Wheeler y su inquietante relato que se desarrolla en Cartagena de Indias. Un dato que llama la atención: muchos fueron alumnos de los talleres de escritura creativa de prestigiosas universidades. Y una grata sorpresa: abundan las mujeres.

De un registro tan amplio y tan variado resulta peligroso y aventurado sacar conclusiones, hacer generalizaciones. Las abstracciones y las ideas generales sobre el arte es mejor dejárselas a los ilustres profesores. Los lectores, como quería Nabokov, nos contentamos con lo que él bellamente llamaba “los divinos detalles”. Sin embargo, llama la atención —es difícil pasarlo por alto— un tema reiterativo en la mayoría de las historias: la soledad, el sexo infeliz, las familias destrozadas. Altos indicios de una sociedad en crisis. Y no lo están diciendo “los enemigos de la democracia” sino las verdaderas voces de Norteamérica.

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