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| 3/9/2015 4:20:00 PM

“Tenía la ilusión de cambiar el mundo con el periodismo”

Juan Gossaín acaba de publicar un libro que reúne más de 50 textos que reviven lo mejor de sus años como periodista y escritor.

Su voz en la televisión y en la radio es reconocida por millones de colombianos de todas las edades y regiones, su independencia le genera confianza a muchos ciudadanos, su lenguaje deleita a los mismos y a otros. Este periodista, que por poco termina de contador público (no de historias), tiene el don de la palabra escrita y hablada. 

Aunque Juan Gossaín anunció que se retiraba de la radio en el 2010, aún no deja de trabajar. A los 66 años, todos los días se despierta antes de que amanezca y trabaja en esas horas de silencio y paz.

A propósito de su libro La memoria del alcatraz (Ed. Intermedio) habló con Semana.com de una variedad de temas.

Semana.com: Usted ha dicho que procura no releerse, pero pensando en el libro que acaba de publicar ¿podría decirnos cómo ha evolucionado su escritura?

Juan Gossaín:
Le voy a confesar por qué no me releo: porque siempre que abro un libro mío, me digo: “Pero qué bruto soy. Cómo fui a decir eso, pudiendo decirlo mejor de esta otra manera...”. Y, como eso ya es irremediable, y se vuelve un sufrimiento inútil, un acto de masoquismo, resolví no releerme más. Sin embargo, siento que hoy día escribo de una manera más directa, más periodística –si se quiere–, con menos adjetivos.

Semana.com: A lo largo de su vida, ¿cuál es la historia que más lo ha marcado?


J. G.: El asesinato de Guillermo Cano, que fue mi primer director, en El Espectador, un auténtico faro en materias éticas.

Semana.com: Y de las que están en el libro La memoria del alcatraz, ¿alguna historia que sienta más especial?

J. G.: La historia de Alberto Jubiz Jazbum, el hombre inocente al que acusaron y encarcelaron por el asesinato de Luis Carlos Galán, que él nunca cometió. Su entereza moral y su coraje fueron una verdadera lección para todos los colombianos.

Semana.com: ¿Cuál ha sido su mejor época como periodista?


J. G.: El comienzo, cuando yo apenas había cumplido 20 años. Tenía la ilusión de que iba a cambiar el mundo con el periodismo. Ahora sé que no voy a cambiarlo, pero sigo actuando como si fuera a lograrlo. Creo que ese idealismo es el que mantiene vivo a un periodista. Cada periodista genuino es un Quijote.

Semana.com: Pero usted estudió contaduría pública, ¿qué proyectos de vida tenía cuando era joven?


J. G.:
Lo único que yo quería era ser escritor. A los 15 años ya había publicado un par de cuentos, pero me tocó salir corriendo a ganarme la vida como contabilista de un molino de arroz en San Bernardo del Viento.

Semana.com: ¿Qué libros y autores no puede abandonar?

J. G.: En este momento no estoy dedicado a leer, sino a releer los libros que más me gustaron y me marcaron a lo largo de la vida. Estoy redescubriendo a Sófocles, el hombre que mejor ha entendido el alma humana.

Semana.com: Así no lo quiera, usted es poderoso e influyente, ¿cómo maneja el ego y el poder?

J. G.:
¿Poderoso yo?, ¿poderosos los periodistas? Cuentan que Alejandro Magno se acercó un día al barril donde dormía, en mitad de una calle de Atenas, el filósofo Diógenes, al que llamaban el “cínico”, y le dijo: “Pídeme lo que quieras, y te lo concederé con mi poder”. Diógenes ni se inmutó. Siguió acostado. Estiró el brazo y, cogiendo una florecita humilde que crecía en la orilla de la calle, le dijo: “Si eres tan poderoso, ¿por qué no me haces un pétalo como los que tiene esta flor?” Alejandro se quedó pensativo; luego dio la vuelta y se fue. El único poder verdadero en este mundo es el poder de hacer un pétalo.

Semana.com: Un sueño frustrado…

J. G.:
Aprender a tocar el acordeón vallenato. Lo intenté varias veces porque siempre quise ser un juglar andariego con su acordeón al hombro, pero nunca pude. Tengo oído de artillero de la Infantería de Marina.

Semana.com: Usted ha hablado bastante de la gente ‘caribe’. ¿Qué caracteriza a los costeños frente al resto de colombianos?

J. G.:
Contra lo que ellos mismos piensan, los ‘caribes’ no son ni mejores ni peores que el resto de los colombianos. Son distintos, que es más importante. Caribe no es el que más grita, ni el que se pone la camisa más floreada del mundo. El auténtico caribe no se lleva por fuera, sino por dentro. Es una actitud ante la vida.

Semana.com: ¿Qué le ha aportado eso de ‘ser caribe’ a su escritura?

J. G.:
Una relación más íntima con el lenguaje. El castellano que se habla en el Caribe no es un acto reverencial sino de  confianza. A veces confianzudo. José Martí, el gran poeta cubano, escribió que la gente del Caribe usa el lenguaje para que los demás sepan lo que están pensando.

Semana.com: Aunque está regado por todo el país, ¿cómo explica el cáncer que tiene la política costeña?

J. G.:
La culpa es de nosotros mismos, que votamos mal, que vendemos el voto, que el domingo de elecciones nos dejamos engatusar por un pastel de gallina o por una camiseta. Nadie más tiene la culpa: nosotros mismos. Y sin embargo, al día siguiente, lunes, amanecemos renegando del resultado electoral.

Semana.com: Cuéntenos cómo fue lo de la condecoración que el expresidente Uribe y otros senadores del Centro Democrático les dieron a usted y a otros periodistas hace unos días.

J. G.:
A nosotros tres no nos condecoró el expresidente Uribe sino el Senado de Colombia. El diploma que me dieron tiene las firmas de la mesa directiva. Fui al acto, recibí la medalla y en el discurso de agradecimiento dije que a nadie le quepa la menor duda: yo no comprometo mi independencia por una medalla. Y dije que mi único jefe es la opinión pública.

Semana.com: ¿Qué diferencias ve entre la relación que tenía con la prensa el anterior gobierno y la que tiene este?

J. G.:
Las relaciones de la prensa con cualquier gobierno siempre son malas, si la prensa es libre y autónoma. Todo gobierno cree que periodista imparcial es el que está de parte suya. Los periodistas sabemos, por nuestra parte, que nuestro oficio no consiste en promover gobiernos, ni defenderlos, sino vigilarlos y decir la verdad. La política y el periodismo son como el agua y el aceite.

Semana.com: Usted ha dicho que le preocupa profundamente que en las facultades de periodismo se le esté dando una importancia casi trascendental a la tecnología, ¿no cree que es negar las necesidades y las realidades del mundo contemporáneo?

J. G.:
Nunca he dicho eso sobre la tecnología en las escuelas de periodismo. Sería necio y torpe. Lo que he dicho mil veces es que a los estudiantes de periodismo les deberían enseñar claramente que el computador no es el periodismo. Es un estupendo elemento de trabajo, como en el pasado lo fueron el bolígrafo y la libreta, pero no es el periodismo. El computador se compra en una tienda. Ya no hay farmacia de pueblo que no venda celulares y satélites. Lo que no se puede comprar es la ética, los principios inmutables, la independencia, la ecuanimidad. Eso es lo que he dicho.

Semana.com: ¿Qué piensa de la irrupción de Google y Facebook en las lógicas diarias del periodismo?

J. G.:
Que son fundamentales, que facilitan el trabajo, que ayudan a absolver consultas, que agilizan la tarea, pero –vuelvo y digo– no son el periodismo.

Semana.com: ¿Qué es lo que más daño le hace al periodismo de hoy en Colombia?

J. G.:
La falta de independencia y de carácter. ¿Usted vio lo que sucedió en las dos campañas electorales del año pasado, las de Congreso y Presidencia? ¿Vio cómo las candidaturas y los medios de comunicación se manipulaban mutuamente? ¿Vio a los periodistas revolcándose en el mismo lodo con los políticos? Hubo un momento en que –perdóneme la crudeza– me sentí avergonzado de ser periodista. Y fue entonces cuando dije: “Ni santistas ni uribistas: periodistas”.       


Twitter: @MiguelReyesG23
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