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| 9/18/1995 12:00:00 AM

JUEGO VENECIANO

Después de representar a Colombia en la Bienal de Venecia, expone su obra en Bogotá Elías Heim, una de las figuras más prometedoras del arte colombiano del próximo siglo.

A POCOS AÑOS DEL SIGLO XXI, EN EL mundo artístico los pintores parecen condenados a desaparecer. Por lo menos eso es lo que piensan los gestores de la vanguardia del fin del milenio, que cada día se toman en mayor proporción los espacios museográficos para presentar obras que dejan atrás el gesto estático de la pintura y la escultura y exploran, en mitad de un abanico pródigo de posibilidades. Otros lenguajes plásticos, más acordes con los actuales tiempos.
Los vanguardistas a ultranza han llegado a decretar la muerte de la pintura por su anacronía en el tecnológico mundo contemporáneo. Algunos, incluso, son más extremistas y reclaman de una vez también la muerte del museo, por su espacio insuficiente para expresar en él la complejidad que enmarca una obra de arte.
En Colombia, a pesar de que Fernando Botero sigue siendo el más exitoso artista y uno de los pocos que han logrado un verdadero reconocimiento mundial con base, precisamente, en aquellos lenguajes que los vanguardistas tildan de anacrónicos, detrás de él viene una generación que ha reemplazado la pintura y la escultura por la instalación o el performance, con un aval tal vez menos espectacular pero sí más llamativo dentro del círculo de académicos internacionales. Ya artistas como Doris Salcedo y María Fernanda Cardozo han dejado asomar en sus obras algo de lo que espera esta nueva generación del arte del próximo siglo. Sin embargo, entre los más jóvenes hay uno que ha llamado especialmente la atención de los expertos, muchos de los cuales lo consideran como una de las promesas artísticas más valiosas del país.
Es Elías Heim, un caleño de 29 años -formado en Jerusalén, Munich y Duseldorf- que acaba de llegar de Italia, donde participó como único representante por Colombia en la Bienal de Venecia de este año y ahora exhibe su más reciente trabajo en el Museo de Arte Moderno de Bogotá.
Convencido de que todo fin de siglo es históricamente un período de crisis, Heim reconoce que aun cuando la exploración de nuevos lenguajes es una reaccion lógica en las actuales circunstancias, todavía los artistas no saben muy bien a dónde quieren llegar. "Los tiempos de transición siempre son de alguna manera caóticos, y los cambios de siglo, aún más comenta el artista-. Es un momento de evaluación pero al mismo tiempo de reflexión sobre lo que vendrá". En este sentido, parece lógico que la década del 90 esté caracterizada por una amalgama de escuelas y tendencias cuyo único objetivo es el de preparar el camino para la irrupción del arte del siglo XXI en su expresión más auténtica.
Elías Heim se considera uno de esos creadores que preparan el camino del arte de la próxima centuria. Serio y profesional en su labor y lejos de trabajar por inspiración, a este caleño le interesa más el análisis de la obra que la obra misma; y por eso sus instalaciones son un juego mecánico que gira alrededor de la obra, pero no son la obra. Así, por ejemplo, su trabajo Extractor de atmósferas acumuladas lo conforman tres grandes succionadores -uno adherido a la pared, otro al suelo y otro que apunta al vacío- que se encargan de liberar la atmósfera del museo de antiguos fantasmas artísticos, absosviéndolos y expulsándolos por una chimenea que no deja de exhalar humo blanco. "Se refieren a la pintura, a la instalación y a la escultura, respectivamente. Y los tres purifican, en el sentido conceptual del término, el espacio del museo para el advenimiento del nuevo arte".
Aunque no cabe duda de que esta concepción original es para iniciados, lo cierto es que, como sucede con cualquier obra artística, el espectador puede pensar cualquier cosa frente a la extraña máquina. Lo mismo pasa con las otras dos instalaciones: Ecos de un juego veneciano y Perforador automático de museos. La primera es un aparato mecánico semejante a un gimnasio, inspirado en dos hechos reales: la inundación del museo La Tertulia por el desbordamiento del río Cali hace. algunos años, y la invasión de agua, ésta sí cotidiana, que sufre la ciudad de Venecia. En ambos casos los personajes puestos en escena hacen las veces de pescadores de arte, de "enfermeros" -para decirlo en sus propias palabras- que acuden al rescate del arte ante los designios de la naturaleza. La segunda, aunque a primera vista posee una connotación erótica, se refiere al hecho mismo de la creación, de la procreación a la que debe acudir un museo para generarse nuevos espacios.
En todo este juego mecánico, en el cual confluyen no sólo el aparataje a la vista sino también el sonido y el movimiento, Elías Heim deja asomar el camino de su propia vanguardia. Evidentemente, pertenece al grupo de artistas que ven en la pintura un futuro negro. "Un pintor tiene que ser demasiado bueno para crear imágenes más impactantes que las que puede ofrecer hoy el cine o la televisión", comenta. Sin embargo, su propuesta se opone a la de quienes llegan a reclamar la muerte del museo. Por el contrario, Heim lo considera un lugar tan sagrado como lo eran las antiguas catedrales. Es el recinto por excelencia en ese encuentro casi religioso entre la obra de arte y quien va a visitarla. El público más conservador ha visto en este tipo de alternativas plásticas la extinción del arte tal y como dio a conocer la historia, dominada en su mayor parte por la pintura y la escultura. Paradójicamente y en el sentido simbólico de su obra, el objetivo de Heim es perpetuarlo, preparando los espacios para las expresiones futuras.
Alumno en Duseldorf de uno de los artistas europeos más importantes de las últimas décadas, el griego Jansis Kounellis, Elías Heim se encuentra tal vez en el momento más importante de su vida artística: el inicio de su proceso de maduración. Porque si bien es cierto que desde ya se ha erigido como una de las figuras más prometedoras del arte colombiano del siglo XXI, a la cual hay que apostarle, lo cierto es que a los ojos de los críticos esa apuesta, como todas, encarna su propio riesgo, un riesgo que Elías Heim deberá asumir con un compromiso muy serio para que estos primeros pasos abran de verdad ese camino hacia la próxima centuria que él mismo se ha encargado de preparar.
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