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| 4/1/2002 12:00:00 AM

Juntos

Los miembros de una divertida comuna sueca descubren, con la llegada de una nueva familia, la razón por la que permanecen juntos.

Director: Lukas Moodysson.
Protagonistas: Lisa Lindgren, Michael Nyqvist, Gustaf Hammarsten, Anja Lundqvist, Jessica Liedberg, Ola Norell, Shanti Roney. 2000.

A pesar de las evidencias, queremos vivir juntos. Sí, así es. Los personajes de esta comedia parecen convencidos, además, de que, siempre y cuando se rechacen los valores de la burguesía y se apoyen de manera incondicional los postulados del socialismo, se puede fundar una familia. Es 1975 y Elizabeth, que no soporta ni un golpe ni un grito más de Rolf, su marido alcoholizado, decide escapar de su pequeño apartamento de clase media, en Estocolmo, y llevarse a sus dos hijos a vivir al único lugar que se le ocurre: la comuna en donde Göran, su bondadoso hermano, ha vivido desde hace ya algún tiempo.

La guerra de Vietnam ha terminado y las comunidades hippies de Estados Unidos se han adaptado, a la fuerza, al abrumador sistema económico y político de ese país, pero ahí, viviendo bajo el mismo techo, Elizabeth y los dos niños se encuentran con jóvenes que odian la televisión, cantan las canciones de Abba y andan por la cocina sin ropa interior: Lena le ofrece su cuerpo a la causa; Lasse se niega a lavar los platos y trata de ser un buen padre, y Anna, su esposa, se ha vuelto lesbiana para romper con “el sucio patriarcado de la historia”; Erik, el militante frustrado e iracundo, sueña con la revolución; los niños juegan a Pinochet y se torturan el uno al otro, y Signe y Sigvard, mujer y marido de principios, tratan de darle un piso moral e ideológico a la comuna.

Juntos no le hará perder el tiempo a nadie. Imagina las acciones y las reacciones de una serie de hombres y de mujeres que han tomado la decisión de cooperar en la cotidianidad para confirmar una teoría, pero que en la práctica han descubierto que lo único que les interesa es ser respetados, queridos, rodeados. Lukas Moodysson, el director, a quien hace un par de años Ingmar Bergman llamó “un joven maestro”, confiesa, en la página web de la película, que quería poner en evidencia los pro y los contra de la izquierda de los años 70. “Tanta teoría puede terminar con todo: El amor libre suena estupendo pero si hace sufrir a los demás entonces no parece perfecto”, dice.

Pero a Moodysson no sólo le importaba analizar ideas. Pretendía, sobre todo, celebrar la decencia humana y combinar, desde cuando escribió el guión, “la ligereza norteamericana y la gravedad europea”. Es por eso, porque cree en las estructuras dramáticas de Hollywood pero no cree en su moral, que Juntos no resulta agobiante, ni enfática ni pretenciosa. En cambio, sigue a sus personajes con afecto y deja que cada uno resuelva su propia historia. En el proceso, claro, olvida un par de escalones para llegar al clímax de cuento de hadas que pretende alcanzar, pero consigue, sin duda, que entendamos que tarde o temprano se cede a los lugares comunes y que todo se reduce a la búsqueda del amor. Sí, así es. Los militantes disfrutan, a la larga, las telenovelas.
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