Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 5/14/2011 12:00:00 AM

Karen llora en un bus

Este pequeño drama bogotano resulta ser, sobre todo, la valiosa tarjeta de presentación de una actriz y un director. ***

Título original: Karen llora en un bus

Año de estreno: 2011

Género: Drama

Guion y Dirección: Gabriel Rojas Vera

Actores: Ángela Carrizosa Aparicio, Juan Manuel Díaz, María Angélica Sánchez

Quizás lo mejor de Karen llora en un bus sea la actuación contenida de su protagonista, Ángela Carrizosa. Sí, tal vez el gran acierto, entre muchos, del primer largometraje del colombiano Gabriel Rojas Vera sea dejar todo en manos de la interpretación de su actriz principal: Rojas Vera capta toda nuestra atención siguiéndola a ella paso por paso y gesto por gesto, con esos encuadres tan precisos, con esos planos medios de puro cine, desde que la ve llorando en un bus de TransMilenio hasta que la enfrenta a aquel dilema en las últimas escenas. Lo que significa, por supuesto, que no solo estamos ante una intérprete enigmática que sabe lo que hace, sino, primero que todo, frente a un cineasta talentoso que sabe lo que quiere.

Karen, una acomodada mujer de 36 años que ha hecho el papel soso que su sociedad le pidió que hiciera, llora en el bus del título porque por fin ha dejado a su marido. No es un marido malo ni bueno: es, simplemente, el marido equivocado. Y como la heroína de la obra de teatro que está leyendo, la Nora de Casa de muñecas, tiene que irse antes de que la mate la asfixia. Se baja en la estación de La Candelaria. Golpea la puerta de la primera pensión que se encuentra en el barrio. Paga por adelantado tres meses de arriendo. Y desde el día siguiente, de la mano de una peluquera alegre y un dramaturgo sensible, todo será una prueba para ella: desde el agua fría de la ducha hasta la búsqueda de su primer empleo.

Karen llora en un bus es una película tan sutil como su afiche promocional, filmada y montada con sumo cuidado y profundamente comprometida con el drama de su protagonista. Su público ideal, el espectador dispuesto a interpretar los silencios del personaje principal y listo a sentir compasión por problemas existenciales ajenos (en resumidas cuentas: el espectador del teatro realista del siglo XX), necesitará un mayor número de detalles para ponerse del lado de la heroína, les exigirá muchas más características a sus personajes secundarios y se acomodará en la silla un par de veces -sentirá, mejor dicho, que se le está pidiendo demasiado- cuando la trama haga una escala más bien inverosímil en la historia de aquel dramaturgo que camina con la ayuda de un bastón.

El resto del tiempo le agradecerá su manera de narrar las cosas: su manera de asumir a Bogotá como su escenario, el piano discreto que subraya apenas un par de escenas, el esmero con el que va construyendo las nuevas relaciones de Karen. Quizás el público, en este año esperanzador para el cine colombiano, le dé una oportunidad. Seguro que entonces, una vez resignado a ese estilo frío que funciona para bien y para mal, reconocerá uno a uno sus aciertos. Y estará de acuerdo en que se trata, sobre todo, de la presentación de dos talentos: una actriz que logra ser una persona y un director que tiene un mundo en la cabeza.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.