Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1988/12/05 00:00

LA AGONIA DEL DIFUNTO

No puede haber película colombiana que pierda menos de 100 millones de pesos.

LA AGONIA DEL DIFUNTO

¿Quien va a ser el paganini? ¿Qué se debe hacer con el cine colombiano? Este interrogante volvio a ponerse de moda la semana pasada con motivo de la renuncia de la última gerente de Focine, Helena Herrán de Montoya. La pregunta no es gratuita pues la decisión de la doctora Herrán de Montoya no es ajena al hecho de que Focine es una entidad que nunca ha podido salir de la crisis. A pesar de los esfuerzos de doña Helena por poner la casa en orden, el hecho es que no se pudo superar el principal cuello de botella que afronta la empresa: el cobro de 1.400 millones de pesos que, según Focine, le adeudan los exhibidores. La doctora Herrán de Montoya llegó inclusive a contratar por un costo de 24 millones de pesos un estudio jurídico que le permitiera encontrar una fórmula para hacer efectivo el recaudo de la deuda, pero apenas logró un resultado efímero que en la práctica, no le hizo mella a este pleito con los exhibidores pues la Corte declaró inexequible el respectivo decreto. Teniendo en cuenta que el pago del impuesto a los exhibidores es la única fuente de ingresos de Focine,no es de sorprender que la actividad cinematográfica colombiana esté casi paralizada desde hace más de un año.
Sin embargo, el verdadero problema no radica tanto en la crisis de Focine, como en la crisis del cine colombiano. Dos cifras de los últimos tres meses podrían ilustrar la magnitud de ésta: el costo de la última película financiada por Focine, "María Cano"
dirigida por Camila Loboguerrero y cuyo rodaje acaba de terminar, sobrepasa los 150 millones de pesos. Por otro lado, la recuperación total para Focine en la última película exhibida, "La mansión de Araucaima", de Carlos Mayolo, apenas llegó a los dos millones de pesos. Y esto teniendo encuenta que la película de Mayolo, ha sido considerada, por algunos críticos, como una de las mejores que se han producido en Colombia y que tuvo una taquilla cercana a los 50 mil espectadores. Cifra que no es nada despreciable si se tiene en cuenta que la anterior película colombiana exhibida "A la salida nos vemos" de Carlos Palau, obtuvo un número de entradas del orden de los 10 mil espectadores y taquilla que representa recaudos totales inferiores al medio millón de pesos ya que los 250 pesos que se pagan por entrar a cine, el productor recibe solamenle alrededor de 30 pesos. Esto significa que aún con una taquilla de un millon de espectadores, cifra 20 veces superior a la de "La mansión de Araucaima", la recuperación en el territorio nacional de una película no sería sino de 30 millones de pesos, y el hueco seguiría siendo de 120 millones. Las taquillas de las películas norteamericanas exhibidas en el país oscilan entre 300 y 700 mil espectadores.
Se podria alegar que la recuperación del dinero de una película no se puede basar unicamente en el mercado nacional, sino que habria que consultar con el internacional. Por este lado, sin embargo, los resultados tampoco son muy alentadores. De todas las películas que se han hecho en la historia de Colombia, solo dos han logrado comercializarse a medias en el exterior: "Tiempo de morir" por tener el nombre de García Márquez y "El niño y el Papa" por tener el del Papa. De resto, ninguna ha logrado despertar el interés del mercado externo.Esto significa que es casi imposible que una película nacional pueda obtener unas ventas superiores a los 100 mil dólares en todo el mundo. Y que en el 90% de las películas realizadas en los últimos 15 años, el recaudo internacional ha sido cero. La excepción se ha dado con películas políticas o con coproducciones con países socialistas, que se han logrado vender a algunos países de la Cortina de Hierro.
Una descarnada radiografía del cine colombiano tendría que inevitablemente llegar a la conclusión de que hay dos grupos de personas que no están interesados en ver cine nacional, los colombianos y los extranjeros. Otra conclusión es que es absolutamente imposible que una película colombiana que se haga en este momento no pierda por lo menos 100 millones de pesos. Esta triste realidad, ha hecho que no haya productores privados y, por lo tanto, que todas las películas que se produzcan en el país tengan que correr por cuenta del Estado. Esta nunca fue la intención cuando se creo Focine hace casi 13 años como entidad de fomento y crédito, a los particulares. La no rentabilidad estructural del negocio, hizo que se llegara a esa situación. Casi todos los créditos que ha otorgado Focine en su historia, a los cinematografistas, entraron en mora o en cobro judicial. Como las películas no generaban ingresos y no se podía meter en la cárcel a los directores de cine, ya que asi todos son profesionales no adinerados, se llegó a una fórmula de pago en especie. Esta consistió en que como los deudores no podían pagar en efectivo, entregaran comodación en pago el negativo de la película a Focine. En la práctica, esto equivalía a la condonación de la totalidad de la deuda, pues el valor del negativo de una película colombiana es cultural pero no económico.
La Contraloría expreso su desacuerdo con esta práctica y exigió que los créditos de Focine, como cualquier crédito, estuviera acompañado de una garantía real. Como los cinematografistas generalmente no pueden ofrecer bienes raices para hipotecar, este requisito represento en la práctica la partida de defunción del cine colombiano a nivel privado.
Es difícil entender la decadencia del séptimo arte en el país. Cuando se hicieron las primeras películas a color a comienzos de los años setenta, las taquillas llegaban al medio millón de espectadores. El pionero, Gustavo Nieto Roa, fue el primer productor comercial del país. Haciendo películas dirigidas a las masas con elementos como el humor y el sexo, sus filmes como el de "El taxista millonario", y "El inmigrante latino", llegaron a superar a casi todas las películas extranjeras que se exhibian en ese momento en el país. Después de esto comenzo a disminuir gradualmente la asistencia a las producciones nacionales a tal punto que el promedio bajó de 500 mil espectadores en 1978 a 50 mil en 1988. En todo este proceso se hicieron dos películas de calidad pero no comerciales. "Tiempo de morir" de Jorge Ali Triana y "Condores no entierran todos los días" de Francisco Norden. Pero tal vez la película que más puede medir las dificultades del cine colombiano en la actualidad es el "Embajador de la India" realizada hace dos años por Mario Rivero. Este largo metraje es lo máximo a que se puede llegar en términos de combinación de lo autóctono y lo comercial. Su taquilla fue de 150 mil espectadores que hoy representarían una recuperación de unos 5 millones de pesos.
Fuera de las de Nieto Roa, en Colombia las únicas películas que han tenido éxito taquillero son "Padre por accidente" y "El niño y el Papa", que más que películas colombianas son mejicanizadas. Su gancho radica en tener actores de telenovela mexicana, historias elementales y cursis y filmaciones en México, que explotan comercialmente la vena azteca de las muchachas del servicio en Colombia. Se podría inclusive alegar que su éxito se basa en que no son películas colombianas.
Este fenómeno es en cierta forma curioso, pues aunque el cine en idioma español generalmente no tiene taquilla internacional, sí la tiene a nivel local. Los mexicanos ven cine mexicano, los españoles ven cine español, los argentinos ven cine argentino y los venezolanos ven cine venezolano.
Colombia no tendría porqué estar fuera de la categoría de los países mencionados anteriormente pero como el cine en Colombia se volvió una actividad estatal, cuyas perdidas son superiores a los 100 millones de pesos por película, la decisión de hacer cine está llegando a tener implicaciones políticas, porque al fin y al cabo el "paganini" es el contribuyente. Por esto es necesario dejar de responsabilizar a Focine de la crisis y asumir conscientemente las pérdidas que arroja el cine nacional como una voluntad política del Estado, en aras de la defensa de la identidad cultural del país.
Estos son los interrogantes sobre los cuales tendrá que meditar el joven director encargado de Focine Gonzalo Cordoba, quien se posesionará en los próximos días. Hay cinco instrumentos con los cuales podrá tratar de mejorar un poco la rentabilidad de la industria cinematográfica. En primer lugar, la disminución de impuestos. El cine colombiano es con excepción de la cerveza, la actividad industrial más gravada y sus impuestos llegan al 45%. Si la parte del precio de la boleta que hoy se va a las arcas del Estado se fuera a los bolsillos de los productores, algo se obtendría.
El segundo instrumento sería forzar a los exhibidores a pasarle un porcentaje más alto del precio de la boleta al productor. La cifra de 30 pesos por boleta de $250 es insignificante. También se podrían establecer otros mecanismos para efectos del control de taquillas. Esta es una de las principales exigencias de los cinematografistas desde hace varios años.
Otra de las posibilidades es la de buscar la reducción de los aranceles para los materiales filmicos, ya que en la actualidad los costos aduaneros son uno de los factores de encarecimiento de la producción nacional. Colombia, hoy con costos de 150 millones de pesos por pelicula, triplica el valor de una producción mexicana que equivale a 48 millones de pesos .
Y, por último, habría que restablecer algún tipo de subsidio para los productores, ya que los subsidios anteriores fueron declarados inexequibles, y como consecuencia de este vacío jurídico, el cine no cuenta en la actualidad con apoyo de ninguna clase por parte del Estado.
Es necesario, sin embargo, tener en cuenta que aunque este tipo de medidas pueden llegar a tener efectos favorables, no se podría solucionar el problema clave: el de que el cine colombiano no puede ser rentable. Se puede disminuir el tamaño del hueco, pero no se puede tapar. Por lo tanto la decisión final tendrá que ser fundamentalmente política.

LAS TAQUILLAS COLOMBIANAS

Película Número de espectadores

Padre por accidente. 1.012.000
El taxista millonario 860.000
Los elegidos 830.000
El niño y el Papa 754.000
La abuela 629.000
El inmigrante latino 610.000
La virgen y el fotógrafo 415.000
Cóndores no entierran todos los días 294.000
El embajador de la India 155.000
Visa Usa 71.000
Tiempo de Morir 69.000
La mansión de Araucaima 50.000
Sangre de tu sangre 32.000
A la salida nos vemos 8.670

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