Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1987/07/27 00:00

LA AGONIA DEL DIFUNTO

Sin estrellas, sin estrenos y con desorden, el Festival de Cartagena vuelve a tocar fondo

LA AGONIA DEL DIFUNTO

Si alguien se pregunta para qué sirvió el Festival de Cine que acaba dé pasar en Cartagena, para qué centenares de nacionales y extranjeros se encerraron entre sus murallas durante una semana con 40 grados a la sombra, habría que darles varias respuestas: sirvió para comprobar la bestial popularidad de una actriz como Amparo Grisales y el mito en que se ha convertido una muchachita llamada Margarita Rosa de Francisco; para conocer dos películas cubanas tan opuestas como "Un hombre de éxito" y "Otra mujer"; para detectar el profundo malestar que sacude a los que hacen cine ante la situación actual de Focine; para mirar en mejores condiciones algunos de los trabajos cinematográficos que se pasan en televisión; para conocer una de las películas más divertidas, personales y soñadoras en mucho tiempo, la argentina "La película del Rey"; para comprobar cómo el género de terror y suspenso ha regresado para imponerse, de la mano de veteranos como Sidney Lumet y Arthur Penn; para presenciar el nacimiento de una federación: la de los sindicatos de técnicos y actores de seis países; para comprobar el temor de las compañías tránsnacionales de video ante el apogeo de los piratás, especialmente en Latinoamérica; para toparse con esa fauna de comentaristas extranjeros que se la pasa de festival en festival, escribiendo sandeces, durmiendo y comiendo gratis, importunando a los demás. También sirvió para comprobar que los espectadores rasos, los que nunca leerán una crónica escrita por Pauline Kael, prefieren las patadas de Bronson y la locura momentánea de Mel Gibson.
Este año el producto comercial y popular predominó en la programación y sirvió para comprobar la eficacia de dos maestros como Lumet y Penn. El primero con "La mañana siguiente" en la cual Jane Fonda interpreta con ganas a la actriz alcoholizada y en decadencia quien, una mañana despierta al lado de un cadáver con un cuchillo en el corazón.
Mientras Víctor Nieto, el hombre que puso en marcha estos festivales 28 años atrás, sostenía un puente telefónico con varias capitales europeas con el fin de lograr la llegada de lás latas con "Crónica de una muerte anunciada" para la noche de clausura, la delegación cubana, la más activa y numerosa, se dividía con varios objetivos: conocer todo el material latinoamericano que pudiera ser llevado al próximo Festival de La Habana, intercambiar experiencias con los colombianos, venezolanos, panameños, argentinos y españoles que estaban aquí, y contarle a todos los que querían oírlos que las clases en San Antonio de los Baños, cerca a La Habana, siguen contando con un profesor excepcional que jamás se quita la guayabera blanca.
Al mismo tiempo un jurado internacional escogía el comercial del Banco del Estado, ese del atleta que va rejuveneciendo a medida que corre y salta, como el mejor de los dos centenares de trabajos presentados al concurso publicitario: cuando se informó que la cuña de Mazda, con un hombre ridículo que dice muchas veces "El mío no" refiriéndose a las desventajas de su automóvil, le había ganado en su categoría al comercial de Renault, ese del vehículo que salta de la valla y corre como enloquecido, centenares de silbidos se escucharon en la sala. Es que el público cartagenero no se parece a ninguno otro de este país: habla durante la proyección de las películas, toma partido por uno de los personajes, discute al final y en todo momento convierte la sala en un elemento vivo, polémico. Por eso algunos de los directores presentes preferían esconderse después de la función de sus películas.
Al lado de figuras como Ignacio López Tarso, Franco Rossellini, Ventura Pons, Pastor Vega, Manuel Pérez, Daniel Díaz, Humberto Solás y la casi totalidad de los que hacen cine en Colombia, el Festival de este año sirvió para mirar películas interesantes como "Días de radio" de Woody Allen, "El imperio de la fortuna" de Arturo Ripstein, la brasilera "Fuente de salud", la soviética "Perdóname", la yugoslava "Feliz año 1949", los homenajes a Rossellini y Glauber Rocha, todos los largometrajes nacionales realizados en los últimos dos años, "El nombre de la rosa" de Jean-Jacques Annaud, "Totalmente salvaje" de Jonathan Demme, "Corazón satánico" de Alan Parker, "La guerra de los vendedores" de Bárry Levinson, la holandesa "El asalto", "Educando a Arizona" de los hermanos Coen, además de la muestra de video que fue la más buscada por los estudiantes y jóvenes.

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