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| 4/25/2006 12:00:00 AM

La anarquía enmascarada

Lo que comenzó como un cómic de culto marginal, en el cual se homenajeaba a un terrorista justo en un mundo contemporáneo y totalitario, ha terminado en una de las grandes producciones del cine de este año, amparada nada menos que por los famosos hermanos Wachowski, directores de The Matrix.

Cuando el cómic V de venganza estaba en gestación, en 1981, el escritor Alan Moore y el dibujante David Lloyd barajaban varias ideas. El protagonista iba a ser un anarquista enfrentado al sistema, eso estaba claro. De resto, había una masa informe de posibilidades.

Como guía, Moore preparó una lista de ideas o referencias que quería ver en la serie: Orwell; Huxley; tres textos de Harlan Ellison; dos películas con Vincent Price (El abominable doctor Phibes y Teatro de sangre); David Bowie; la pintura Europa tras la lluvia, de Max Ernst, y Robin Hood, entre otras.

La nube de posibilidades necesitaba un detonante que le diera forma y Lloyd y Moore lo encontraron en la figura de Guy Fawkes, un católico revolucionario que encabezó un complot en 1605 que buscaba asesinar al rey Jaime i y a todos los miembros del parlamento con una bomba el día de la inauguración.

El complot fue frustrado por la policía, pero Fawkes entró a formar parte de la cultura popular inglesa y la frustración de su plan se celebra cada 5 de noviembre con grandes fogatas donde se queman muñecos que lo representan. Hay pólvora y alegría. Básicamente es el equivalente a la tradición colombiana del año viejo.

Y eso fue todo lo que necesitaron para que naciera V de venganza. El anarquista llevaría la máscara sonriente y bigotuda de Fawkes y un sombrero del siglo xvii y haría estragos en una sociedad del futuro cercano (la acción comienza en 1997), una Inglaterra postnuclear, fascista, xenófoba y con un gobierno todopoderoso.

El cómic comenzó a publicarse en la revista Warrior, en 1981, y, tras una pausa de cinco años, se terminó en 1988, en tiempos de la guerra fría y Margaret Thatcher, de una Inglaterra echada hacia la derecha y alineada incondicionalmente con los Estados Unidos.

V de venganza fue un éxito en el mundo de las tiras cómicas (aunque de cómica no tiene nada) y se difundió entre el círculo de apasionados de las historietas como si fuera una especie de Biblia, una muestra de lo que podría traer el futuro del medio: historias oscuras, personajes complejos, héroes llenos de conflictos y donde había lugar no sólo para explosiones y bíceps sino para reflexiones sobre el arte y la política y la vida en general.

Entre los fanáticos de las tiras cómicas que recibieron V de venganza con los brazos abiertos estaba un par de hermanos en Chicago, hijos de una enfermera y un hombre de negocios de apellido Wachowski que, luego, en 1999, harían The Matrix y se convertirían en unos de los hombres más poderosos de Hollywood.

Una vez en la cima, y con la posibilidad de hacer lo que se les viniera en gana, los hermanos volvieron a una adaptación de V de venganza que habían comenzado a escribir antes de The Matrix.

La película
A pesar del cariño que los Wachowski sienten por la tira cómica original, Alan Moore no quiere tener nada que ver con la adaptación cinematográfica. Antes del rodaje, Joel Silver, productor de la película, dijo en una rueda de prensa que Moore les había dado el visto bueno y Moore, que no lo había hecho, reaccionó pidiendo que quitaran su nombre de los créditos. Así, en los créditos sólo aparece “basada en personajes creados por David Lloyd”.

A pesar del disgusto de Moore, Lloyd sí les dio su bendición. “Alan no está contento con la mayoría de adaptaciones al cine [de sus cómics]. Lo interesante sobre La liga extraordinaria y From Hell es que fueron realizadas por gente que no era fanática del original, y ése no es el caso ahora”, dijo.

Los hermanos Wachowski le mandaron a Lloyd el guión antes del rodaje y le pidieron sus comentarios. “Cambiaron cosas, las pinceladas son más gruesas porque es mucho más corta. El original era masivo, habrían necesitado hacer una serie de televisión para incluir todo ese material”.

Es una película rara esta V de venganza. Es una celebración del terrorismo y de la anarquía. De explosiones que destruyen símbolos arquitectónico-políticos. Y en esta época cuando uno piensa en la destrucción de edificios simbólicos es inevitable recordar septiembre 11 y las torres del World Trade Center humeantes, el pentágono con ese hueco, las nubes de humo saliendo del metro de Londres.

Y la película termina con el parlamento de Londres saltando alegremente en pedazos. Parece imposible, pero sí, ahí está. Y, sí, los pedazos saltan alegremente, no hay un adjetivo mejor. Algunos críticos, J. Hoberman, del Village Voice, entre ellos, lo consideran simplemente de mal gusto.

El estreno original de V de venganza se planeó para el pasado 6 de noviembre, el día de Guy Fawkes, pero por varias razones decidieron aplazarlo seis meses. Según Silver fue porque la película nunca habría alcanzado a estar terminada para esa fecha. Las cuatro bombas que sacudieron a Londres en julio del año pasado también pudieron influir en esa decisión.

La relación de V de venganza con The Matrix es inevitable y evidente, empezando porque el director James McTiegue fue uno de los directores asistentes en la trilogía de los Wachowski. Para más señas de que ambas películas comparten el mismo código genético, en V de venganza hay una incongruente pelea en un subterráneo dilapidado que no aparece en el cómic y que no habría estado fuera de lugar en la primera Matrix.

¡Despierta, dormilón!
Parece que la filosofía básica de los Wachowski no ha cambiado desde el estreno en 1999 de su exitosa épica de universos paralelos y sadomasoquismo light. Al igual que su trilogía de ciencia ficción, V de venganza es la historia de un anarquista que busca liberar a una población amodorrada. Como en The Matrix, la vida cotidiana es una especie de sueño del que hay que despertar para lograr una existencia consciente. Y quienes no están conscientes son meras apariciones sin importancia.

¿Y el costo del terrorismo? ¿El dolor y el sufrimiento y la muerte? ¿Y el terrorismo fundamentalista? Nada de eso tiene lugar en el universo de los Wachowski. En el solipsismo de The Matrix la muerte de inocentes no importa. Pueden ser inocentes, pero no están despiertos. En ese sentido, no están vivos de verdad. Y su muerte, por tanto, tampoco es de verdad. Es pura filosofía de chico nerd aislado. Filosofía de cerebro en un frasco, sin compasión o humanidad.

Filosofía que tambien puede verse en esta versión fílmica de V de venganza. La tira cómica, en ese sentido, es mucho más compleja. La búsqueda de anarquía, explica V en el cómic, pasa por el caos, pero sigue adelante. “Anarquía significa ‘sin líderes’, no ‘sin orden’. Con la anarquía llega una época de ordnung, de orden verdadero, es decir, de orden voluntario”.

El V de la película es un personaje mesiánico, un liberador. La idea del cómic es que cada quien debe evaluar sus acciones y convicciones, que dejar el destino de la vida propia en manos ajenas es lo que permite a la tiranía florecer. La película es al mismo tiempo un llamado a la individualidad y una alabanza a la cultura de masas, cosas compatibles sólo en las películas. Al final, una masa de individuos todos vestidos con capas y máscaras de Fawkes llegan a ver la explosión del parlamento.

Ante semejante masa enmascarada es inevitable recordar una parte en la tira cómica en la que el primer ministro de Inglaterra alaba la idea del fascismo. “Los romanos inventaron el fascismo. Su símbolo era un atado de ramas. Una rama podía romperse, pero un atado resistiría. Fascismo... fuerza en la unión”.
 
El hecho de que sea necesario romper con la masa para ser un individuo puede ser obvio, aunque es igualmente obvio que una película de cincuenta millones de dólares, dirigida a una audiencia de millones, no puede afirmar algo así de forma convincente.

La historia
La película sigue las andanzas de este misterioso anarquista, que vive en un sótano en alguna parte de Londres rodeado de la más excelsa cultura. Es una especie de Fantasma de la Ópera que vive en los intestinos de la ciudad, disfrutando las riquezas estéticas de su flora estomacal, rumiando sus resentimientos y preparando su gran venganza.

En el año 2020, cuando tiene lugar la película, buena parte de la cultura ha sido prohibida. Así que V, que es un esteta, vive en un paraíso de películas en blanco y negro, canciones de Cat Power, Antonio Carlos Jobim y Julie London y pinturas del Renacimiento. Pero, como el fantasma, está solo (a diferencia del Fantasma, nunca tenemos la satisfacción de ver su rostro descubierto).

Una noche salva a una muchacha (Natalie Portman, con pelo y pestañas largas) de un grupo de policías a punto de violarla y, esa misma noche, la lleva a la azotea de un edificio para que vea su gran obra: la demolición del monumento a la justicia. Y ahí comienza la sinfonía de destrucción que es V de venganza.

Además de estos dos protagonistas, hay un policía encargado de descubrir quién es el misterioso V, un pomposo y vano presentador de televisión de extrema derecha y un obispo anglicano al que le gustan las menores de edad. Parte de la trama tiene que ver con el pasado de V y el móvil básico es la venganza, que parece ser la única razón de que suceda algo en las películas de acción de Estados Unidos (en el cómic todo es más complejo y matizado).

Pero las explosiones son emocionantes y llenas de vida. Tal vez preguntarse si el trueque vale la pena, si es sensato cambiar matices por explosiones, no tenga ningún sentido. O tenga tanto sentido como señalar que la película es tan entretenida y escapista como cualquier película de acción multimillonaria. .
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