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| 6/18/2001 12:00:00 AM

La aventura del pensamiento

Una biografía intelectual de Federico Nietzsche.

Rüdiger Safranski Nietzsche
Alianza editorial, 2001
410 páginas
$ 83.000

Para el joven Nietzsche la vida es monstruosa. Porque se desborda, porque rebasa cualquier forma estable. Y la música es lo único que nos ayuda a soportarla. “Sin música la vida sería un error”, dice. El gran problema es cómo seguir viviendo cuando ella ha pasado. Por eso pretende hacer música con el lenguaje, con los pensamientos y conceptos. Lo monstruoso será el tema de su vida, “su tentativa y su tentación”.

La lectura de Shopenhauer confirma sus intuiciones. La esencia del mundo, su sustancia, no es algo racional, lógico, sino un impulso oscuro, vital: la voluntad instintiva. Y también confirma su opción: hay que redimirse de este cautiverio a través del arte, de la pasión por la música. Por esa época conoce personalmente a Richard Wagner y escribe su primera gran obra, El nacimiento de la tragedia.

Allí entiende la diferencia entre lo apolíneo y lo dionisiaco. Apolo es el dios de la claridad, del contorno fijo y de la individualidad. Son apolíneas la escultura, la arquitectura, los dioses homéricos, la épica. Dionisio, en cambio, es el dios salvaje de la disolución, de la embriaguez, del éxtasis. La música y la danza son sus formas preferidas. Con este trabajo, afirma Safranski, Nietzsche da el paso más decisivo de su pensamiento. Tiene en sus manos una llave que lo ayudará a entender muchas cosas: lo dionisiaco es el cruel proceso de la vida y las culturas no son sino los frágiles intentos de crear zonas en las cuales se pueda vivir. “Lo dionisiaco precede a la civilización y está bajo ella, es la dimensión amenazadora y a la vez seductora de lo monstruoso”.

Sin embargo el camino es todavía largo. Va a decepcionarse del arte —incluidos Wagner y su pasión por la música—, va a acercarse a las ciencias. Tiene todavía por delante la elaboración de todo su pensamiento filosófico y la escritura de sus grandes libros, La gaya ciencia, Así habló Zaratustra; el ambicioso proyecto de La voluntad de poder. Faltan por formular las tesis del superhombre, del eterno retorno y conocer a la persona que más lo perturbaría en su vida: Lou Salomé.

La propuesta del libro es que recorramos con él todo el camino de la gestación de su pensamiento: se trata de una biografía intelectual que no excluye las referencias a algunos episodios decisivos de su vida, como la mencionada relación con Salomé —y Paul Rée— que constituye uno de los capítulos más bellos e interesantes de su ensayo.

No obstante la dificultad de sintetizar y especificar el valor de esta biografía —no soy filósofo ni experto en el tema— quisiera señalar dos aspectos que sobresalen para un neófito: la claridad con que Safranski expone las ideas de Nietzsche y el hecho de mostrarnos la vigencia que éstas aún tienen. Ante la experiencia terrible de la irracionalidad del mundo —que sigue siendo la nuestra, quién lo duda— el pensamiento siempre puede recomenzar. “¡No! ¡La vida no me ha desengañado! Por el contrario, de año en año la encuentro más verdadera, apetecible, y misteriosa; la encuentro así desde aquel día en que vino sobre mí el gran liberador, a saber, el pensamiento de que la vida podría ser un experimento del que conoce, y no un deber ni un destino ni un engaño”.

Nietzsche propone el pensamiento como un asunto vital y una aventura interminable. Como en la pintura de Caspar Fiedrich, dice Safranski, era un solitario en la orilla ante un horizonte monstruoso de cielo y mar. Estaba hecho para cantar.
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