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| 11/19/1990 12:00:00 AM

La batuta de Brooklyn

Fascinante y arrollador, Leonard Bernstein hizo de su talento musical siempre un espectáculo.

Se fue uno de los más talentosos y polifacéticos músicos de este siglo, Leonard Bernstein, dueño de una personalidad fascinante y arrolladora, imposible de encasillar. Como compositor escribió para variados géneros, pero no fue un innovador ni se destacó como gran creador, salvo en "West Side Story" (Amor sin barreras), su pieza más genial en el género de la comedia musical norteamericana, que traspasó las fronteras de Broadway para imponerse en los más exigentes escenarios musicales del mundo, hasta llegar al cine en una versión eclipsante que le mereció la consagración. Como pianista fue un soberbio intérprete. Plenas de vitalidad y frescura fueron sus interpretaciones y no menos atractiva su trayectoria como director orquestal. Pocos artistas de esta disciplina han descollado en una primera aparición, y Bernstein, con su temperamental carácter que volcaba sobre la música, alcanzó la fama en su primera salida con la Orquesta de Nueva York. Surgió en ese instante una estrella que no dejaría de brillar jamás.
Hijo de inmigrantes judios rusos, fue alumno de Serge Kousewitzky, pero el estilo lo adquirió de Mitropoulus. No obstante, Bernstein gozó de una personalidad única e irrepetible. Su consagración defitiva como director empezó en su país, Estados Unidos, cuando logró reemplazar al gran Bruno Walter en la Filarmónica de Nueva York el 14 de noviembre de 1943, cuando el maestro, indispuesto, canceló su participación. El destino había reservado para Berastein esta fabulosa oportunidad que muchos directores asistentes esperan infructuosamente toda la vida, seguros de llegar al estrellato. Esa noche las puertas del mundo musical se abrieron para Lennie, que demostró ser un artista de talento desbordante: un año más tarde ya figuraba como director de la Sinfónica de Nueva York, y así comenzó un ascenso incontenible que lo llevó a Europa, donde público y crítica lo aclamaron sin reservas. Tanto así que fue el primer director norteamericano que llegó al Scala de Milán.
Los más grandes intérpretes de este siglo trabajaron con él. Las más selectas agrupaciones sinfónicas y operáticas del mundo lo tuvieron en el podio, y con ella grabó un número apreciable de obras. Con la Filarmónica de Viena dejó dos integrales de las sinfonías de Beethoven. Con la Filarmónica de Israel, la de Viena, el Concertgebow de Amsterdam y la Filarmónica de Nueva York grabó la integral de las sinfonías de Gustav Mahler, compositor a quien Bernstein sacó del injusto ostracismo y olvido en que se tenía, y logró imponerlo en lo alto del panorama mundial musical.
También como pedagogo realizó una carrera estelar. Quizás en la historia de la televisión ningún músico ha logrado tanto como Bernstein con su hoterodoxo público. Sus charlas eruditas, entretenidas e informales eran seguidas por millares de personas y de ellas quedan no sólo infinidad de videos sino varios libros que se suman a sus escritos de puño y letra, y a una biografía cargada de historia redactada por Joan Peysler, que escandalizó la moral de algunos al confesar el músico su homosexualismo, al tiempo que confirmó al resto, la mayoría, que su genialidad y su talento musicales no se detienen en la anécdota.
Quiso ser el centro de atención, quiso que lo amaran y lo aplaudieran, y lo logró. El mundo siguió con interés su trabajo; las salas de concierto y ópera reclamaban su presencia y las casas discográficas lo perseguían para grabar. Fue un artista feliz que explotó el éxito. Un "gocetas" de la vida que sedujo a sus fans, que en el mundo fueron legión. Apasionado por su trabajo, no dejó pasar de largo ninguna oportunidad. De personalidad extravertida y extravagante, fue tan amigo del jet set (cosa que muchos le reprocharon y a él le importó un bledo) como de millares de jóvenes sin nombre que aprendieron a través de sus charlas a disfrutar la música. Algún crítico dijo de él que era "el más adorable 'kitch' dé los músicos neoyorquinos" .
La última vez que el mundo vio actuar a este grande que nunca pasó inadvertido, ni musical ni personalmente, fue durante el concierto transmitido vía satélite a todos los países del orbe -con muy contadas excepciones, entre ellas, desafortunadamente, Colombia-cuando interpretó con la Orquesta de Berlín y millares de coristas la novena sinfonía de Beethoven frente al muro de Berlín, en la celebración de la Navidad de 1989.
Tuvo amigos y enemigos, pero para todos fue un artista con genio que trabajó en cuanto género musical existe: jazz, comedia musical, ópera, opereta, ballet, música sinfónica, de cámara, oratorio y canción.. . incluso llegó a componer música para cine. El testimonio y el testamento para la posteridad están en su inmensa discografía y en un número importante de videos que hoy como nunca adquieren el valor de documento histórico. Leonard Bernstein se fue. Pero, como ocurre con los grandes, siempre estará cerca de sus admiradores, a través de su legado.
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