Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/12/12 00:00

La belleza sí cuenta

La apariencia de dos de las grandes estrellas de la lírica actual, la soprano Anna Netrebko y el tenor Juan Diego Flórez, pone de nuevo sobre el tapete la histórica discusión del sobrepeso de los divos de la ópera.

Anna Netrebko es una 'diva' de la ópera con pinta de 'top model'.

Afines del año pasado el Covent Garden de Londres le rompió el contrato a la soprano Deborah Voigh porque el sobrepeso le impedía a la diva enfundarse en los pequeños trajes de látex creados para Aradna auf Naxos de Ricardo Strauss. El escándalo le dio la vuelta al mundo. Pero la casa mantuvo su decisión: "Las cantantes abusan de la comida y es tiempo de poner fin a esta situación", declaró un directivo de la casa.

La discusión no es nueva, tiene casi 200 años. En el siglo XIX el público se debatía entre las dos grandes contraltos de la época, Henrietta Sontag y Marieta Alboni. Aparentemente, Alboni era la mejor, pero irremediablemente corpulenta, casi no podía moverse en escena. Rossini la definió como "un elefante que se tragó un ruiseñor".

En 1902 Mary Garden protagonizó el estreno de Pelleas et Melisande de Debussy, sacando de la competencia a Georgette Leblanc, la mujer de Maetterlinck, autor de la obra de teatro original. Garden era delgada y Leblanc, rolliza.

Tras la Segunda Guerra irrumpió la Callas. Originalmente obesa, tras una dieta de dos años quedó delgada como un modelo de Dior y fue Prima donna assolutta del mundo.

En los tiempos que corren la imagen lo es todo y el tema nuevamente sube a escena. Hoy no se trata del mayor o menor grado de delgadez. El asunto es de belleza y sofisticación. Prueba de ellos son dos de las grandes figuras del momento, la soprano Anna Netrebko y el tenor Juan Diego Flórez: son delgados, jóvenes, guapos, refinados, se mueven en escena como verdaderos actores y cantan como los ángeles. ¿Puede pedirse más?

Curiosamente, ambos tienen el fuerte de su repertorio en el bel canto del siglo XIX. La imagen de Flórez fuera de escena dista mucho del cantante de ópera tradicional: chaquetas de cuero, trajes refinados y motocicletas. Netrebko es el paradigma de la sofisticación, posee la belleza de una actriz de Hollywood y de su vestuario se encarga directamente la firma Escada.

La competencia es cruel. Si no se posee la figura, hay que estar en posesión de un instrumento con la divina belleza del que poseyó Alboni en el siglo XIX. O Pavarotti, Caballé, Horne o Norman en el XX.

De lo contrario, hay cancelación del contrato. Porque los teatros quieren voz y belleza en escena.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.