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| 7/31/2000 12:00:00 AM

La belleza de Venus

El mejor cosmético para la belleza es la felicidad.

Si a un hombre le dicen que Venus con su belleza no es una diosa sino un lugar no dudaría en imaginar ese lugar, ese paisaje fascinante que es el cuerpo de una mujer con todos sus accidentes.

Pero la cuestión aquí no es tan simple. Tonie Marshall, la directora de La belleza de Venus, es una mujer profunda, que va más allá y se adentra en los terrenos del alma. Y lo mejor es que lo hace partiendo de la simplicidad de un lugar cotidiano, donde si no se vende auténtica belleza se venden mascarillas y esperanzas.

La también actriz Tonie Marshall parece citar con este filme a la duquesa de Blessington, quien afirmaba que “el mejor cosmético para la belleza es la felicidad”. Y su personaje central no podía ser más acertado para comprobar esta tesis, pues se trata de Angele (Nathalie Baye), una mujer madura en la búsqueda de eso mismo que le causa pánico: el amor, aquello que podría hacerla feliz y, por tanto, sacar a flote el resplandor de su auténtica belleza. Alrededor de Angele, Tonie Marshall retrata a otras disímiles mujeres en su propia búsqueda de amor y en su propio intento de sentirse bellas, partiendo del cotidiano y aparentemente frívolo escenario de un salón de belleza.

Por eso aquí no encontrará la belleza de Venus como usted se la imagina. Pero hallará la versión más desnuda de la diosa, sin piel, con sus angustias al sol y a merced del tiempo. La película es un remanso de fugaces milagros cotidianos, es la red donde unas intentan atrapar la escurridiza lozanía y otras hacen del desencanto su pan de cada día.

Gracias a ‘tanta belleza’, es la primera vez que una mujer gana un premio Cesar a la Mejor Dirección. Este es el cuarto filme de Tonie Marshall como realizadora, y obtuvo, además, un Cesar a Mejor Guión, Mejor Actriz Revelación (Audrey Tatou) y Mejor Película.

La fotografía, la luz y el color cumplen con su misión de llevar a la retina del espectador toda la simbología que la directora quiere transmitir, y han corrido a cargo de Gérard de Battista, Eric Brun y Stéphane Degniau. El guión es el típico francés, lento pero intrigante, refrescante, sin embargo, no vale la pena verla transnochado. Alejandro Casona decía que “La belleza es la otra forma de la verdad”, y este filme parece decir lo contrario: “La verdad es la otra forma de la belleza”. Si usted busca erotismo a flor de piel, quizá lo halle pero a flor de entraña, si busca el manantial de la eterna juventud quizá lo encuentre, pero en un rincón del alma.

Más que cine para divertirse, es cine con removedor de fibra cardíaca. Y con el debido respeto, algunas feministas radicales pueden intentar desnudar sus sentimientos y conceptos bajo la óptica de Marshall, antes de rasgarse las vestiduras (el reino esteticista tampoco se salva). ¡Salud... y belleza!
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