Lunes, 16 de enero de 2017

| 2001/02/19 00:00

La biografía como arte

La primera parte de una excelente biografía sobre ‘el cura Pérez, ex comandante del ELN.

La biografía como arte

Walter J. Broderick
El guerrillero invisible
Intermedio, 2000
424 páginas
$ 29.800




Ante todo, es un libro muy bien escrito. Se lee con el interés y la pasión de una buena novela. Lo cual no es nada fácil si tenemos en cuenta que se trata de la biografía de un comandante guerrillero, ‘el cura Pérez’, de la historia del ELN; tópico que tiene cansados por decir lo menos— a la mayoría de los colombianos. Un reto bastante difícil del cual sale airoso el escritor Walter J. Broderick.

Porque Broderick en esta biografía es eso: un gran escritor. Su trabajo es fiel a los hechos históricos, posee un manejo serio y cuidadoso de las fuentes. Es decir, cumple con los requisitos de veracidad y rigor que debe tener el género. Pero nadie puede exigirle a una biografía virtudes literarias. Por dicha razón, cuando las incluye, resulta un mérito adicional, una generosidad del autor que el lector debe agradecer. “Estaba condenado a morir en la madrugada siguiente”. Así empieza. Con la orden de fusilamiento de Manuel Pérez, ‘el cura’, que había impartido el implacable y paranoico Fabio Vásquez Castaño, uno de los fundadores del ELN. No era la primera ni sería la última de sus ejecuciones precedidas de un amañado y dudoso ‘juicio revolucionario’ por el que pasarían los miembros más valiosos entre más valiosos, mejores candidatos a ser fusilados— de ese grupo guerrillero. Construir un mundo mejor a base de fusilamientos: tal fue la política de Fabio Vásquez durante su comandancia. Por cierto, la forma en que lleva a la muerte a Camilo Torres es infame.

Desde luego se trataba de una tremenda injusticia: su lealtad era incondicional. Lo habían acusado de querer desertar por unos mapas detallados de la región que había dibujado para no perderse. Llevaba apenas seis meses con el ELN tardaría mucho tiempo en adaptarse a esa vida y su mayor temor era quedarse solo en la selva. No habló en el juicio, no se defendió. En la larga noche previa a su ejecución, amarrado de un árbol, piensa que alguien le tendió una celada desde ahí adoptaría un bajo perfil, se convertiría en El guerrillero invisible y anhela conversar con Domingo Laín, su amigo, también español, sacerdote y partidario de la revolución violenta.

Como se sabe, Manuel Pérez no será fusilado. Pero el lector querrá saber de qué manera se salvó. Tendrá que esperar unas páginas para saberlo y otras cuantas más para conocer todos los detalles. El relato retrocede: hay que entender antes por qué el personaje llegó a ese punto. Hay que devolverse hasta su infancia en Alfamén, el pueblo aragonés donde nació. Hay que ver su educación religiosa. Para luego seguir avanzando. Y nuevamente volver atrás. Ese movimiento pendular le da ritmo narrativo y crea una gran expectativa: la de seguir armando el rompecabezas hasta la pieza final. Además, le infunde vida: el tiempo real nunca es lineal, es simultáneo, una suma de tiempos subjetivos.

Con su técnica, Broderick consigue algo que es propio del arte: crear emociones antes que pensamientos. En este libro odiamos, sufrimos, sentimos piedad, tristeza, incluso admiración ¿cómo no sentirla, por ejemplo, por la forma en que ‘el cura Pérez’ logra sobrevivir 26 días solo en la selva?. Sentimos admiración aunque no dejemos de odiarlo ni un minuto por su fanatismo cuadriculado. Ideológicamente que no le quepa la menor duda a nadie es una dura crítica al ELN y su desafortunada e inútil lucha. Formalmente, es un esfuerzo por alcanzar la verdad de los hechos, que implica darle voz a los otros, oír sus puntos de vista.

Esta biografía, que necesariamente se refiere a episodios decisivos de nuestra dolorosa historia, es como un aire fresco. Un oasis intelectual en medio de una polarización ya casi irreconciliable. Porque la anima la mejor de las intenciones, la de entender, la de tomar distancia. Ojalá Broderick no desfallezca en la segunda parte.

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