Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1996/06/17 00:00

LA CANDELARIA AÑOS SIN CUENTA

EN TRES DECADAS DE PRODUCCION ININTERRUMPIDA SANTIAGO GARCIA Y SU GRUPO HAN DADO COLOR A TODAS LAS ETAPAS DE LA JOVEN HISTORIA DE TEATRO COLOMBIANO.

LA CANDELARIA AÑOS SIN CUENTA

Santiago García es un habitante de la ciudad. De esos que aparecen sin escoltas, celular ni carro en cualquier esquina bogotana donde hay algo que ver. Si no lo hay, él se lo inventa con ese instinto de viejo zorro capaz de descubriragua en el desierto sin siquiera molestarse en alzar las cejas. No en vano su oficio es observar. Sin embargo, a pesar de su pinta común y sus gafas de hombre distraído, es uno de los colombianos que más veces ha tenido sobre sus hombros la inquietante responsabilidad de representar a Colombia en el exterior, en países donde el nombre de esta Nación no existe o suena a una pesadilla de policías y ladrones. No es que sea futbolista ni ciclista. Ni siquiera pinta mujeres gordas o sueña pueblos con mariposas amarillas. Su gracia es que se viene inventando desde hace 30 años gran parte de eso que hoy se conoce como el teatro colombiano. Y esto no es ninguna exageración.Cuando en los años 50 García era un arquitecto juicioso que se entretenía calculando estructuras y haciendo castillos de concreto, la palabra teatro era casi un mal chiste o un sueño de bohemios. Para atrás no había mucho adonde mirar. Apenas si sobresalía la figura enardecida de Campitos disparándole dardos venenosos al general Rojas Pinilla en sus obras satíricas. De otro lado estaban las comedias de Luis Enrique Osorio, con hombres de levita y mujeres de sombreros rojos prestando a su marido. Sin embargo, tres décadas después existen autores, salas, grupos, obras y público y puede afirmarse en voz alta que hay una sólida dramaturgia nacional. Aunque no es un movimiento masivo y con solvencia económica, el teatro colombiano tiene hoy en día derroteros tan marcados que es considerado uno de los fenómenos más interesantes en Latinoamérica. Si alguien ha tenido que ver en este proceso es este hombre fundador de La Candelaria, quizás el grupo más popular en Colombia. Porque la obra de La Candelaria es mucho más que el teatro que simpatizaba con ideologías de izquierda como muchos insisten en seguir considerándolo. García cree que debe hilarse más fino en esta afirmación. "El grupo _dice García_ ha tenido varias etapas y cada una de ellas debe ubicarse en su momento histórico. Los 70 fueron unos años de gran exuberancia política en el mundo y nosotros fuimos una consecuencia de ellos. Pero una cosa eran las estrategias para que el teatro que hacíamos fuera visto por sectores populares, una de nuestras obsesiones en aquellos días, y otra la estética que estábamos desarrollando". En este punto, el trabajo de La Candelaria estuvo siempre a años luz de los centenares de grupitos que en los 60 y los 70 se levantaron con banderas de izquierda a hacer bulla y algarabía y a repetir cartillas ideológicas sin elaborar ningún tipo de investigación teatral. Al contrario, lo que sin duda ha existido antes que nada durante todas las etapas de La Candelaria ha sido el trazo fuerte de un artista: Santiago García. Un hombre y un grupo que no le ha temido al cambio y a renacer de sus propias cenizas. Quizás por eso hoy continúan productivos, haciendo giras internacionales y encontrando nuevas respuestas a la difícil tarea de hacer teatro en Colombia. En el 56 fueron los primeros que se atrevieron a incursionar en el teatro del absurdo y a soltar en los provincianos escenarios de entonces a personajes sin padre ni madre conocidos, como La mujer calva de Ionesco o las princesas terribles del desgarrado autor japonés Yukio Mishima. Luego en los 70, dejando las comodidades de los caminos conocidos y los zapatos viejos, experimentaron el método de la creación colectiva. Partiendo de un tema, por lo general de la inédita historia nacional, estructuraron obras tan clásicas como Guadalupe años sin cuenta, una obra que tuvo 1.400 funciones durante 13 años. Este método, que no se inventaron, pero que trajeron a Colombia, fue la manera que encontraron para montar obras nacionales en un país que no contaba con una tradición de escritores ni de actores. Pero después de 10 años de despertar a los monstruos que dormían bajo la armonía que la historia oficial ofrecía como pasado, y de proponer montajes donde el texto sólo surgía después del espectáculo, tomaron otro rumbo. La Candelaria empezó a bajar sus ojos de las grandes gestas agrarias para mirar de cerca las deformidades del animal urbano, cargadas de miedos, horrores, confusión pero a veces también de belleza. "Ya no somos solo la tragedia campesina de Guadalupe _dice García_, el país se nos volvió urbano. Hacia allí se dirigen ahora las investigaciones de la Candelaria". Para hablar del individuo, el grupo también volvió al autor y dejó por un tiempo los montajes colectivos. Fernando Peñuela, Nora Ayala, Patricia Ariza, César Badillo y el mismo García son esos escritores salidos del seno de La Candelaria. Estos recrean en sus textos ciudades que parecen atiborradas Babeles, espejismos en desiertos contaminados, regueros de casas habitadas por ecos, y hacen la crónica de desencuentros bajo la lluvia. En estos lugares, García vuelve a tomarle el pulso a su tiempo y allí puede dialogar con un nuevo público y sus jóvenes colegas. "Soy muy optimista con los jóvenes dramaturgos y su obras _dice García_. Lo que existía antes era un pequeño camino con alguna coherencia, pero yo estimo mucho más la incoherencia, la polémica, la locura, la diversidad de ahora. Uno dejó de ser un arbolito que había en el jardín y esto se volvió un bosque". Hoy La Candelaria es el soporte vivo de la escasa tradición que ha logrado crearse en Colombia y que ya se da el lujo de contar con obras clásicas en las antologías del teatro latinoamericano. Y como afirma el crítico español José Monleón, "es de los pocos trenes, con una carrilera segura, en el que pueden montarse los creadores contemporáneos colombianos." Tal vez por eso fue invitado hace algunos años a un encuentro de Fundadores de Tradición en Dinamarca. Allí García concluyó su exposición diciendo que sus secretos para haber logrado permanecer tanto tiempo productivo eran: "los ensayos, las búsquedas, los fracasos, las cosas que hemos abandonado y aquellas que hemos destruido". Después de las tres décadas de existencia de su grupo, la estrategia continúa siendo la misma.

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