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| 1/28/2012 12:00:00 AM

La cara oculta

El cineasta colombiano Andrés Báiz, director de 'Satanás', ha hecho ahora una muy entretenida película de suspenso.

Título original: La cara oculta
Año de estreno: 2011
Dirección: Andrés Báiz
Guion: Andrés Báiz y Hatem Khraiche
Actores: Martina García, Clara Lago, Quim Gutiérrez

En los pasillos de las resignadas productoras nacionales -bueno, quizás suceda en los pasillos de las productoras del mundo- suelen escucharse sentencias como "acá eso no funciona", "el público colombiano es muy básico" o "a la gente hay que darle lo que quiere". Sigue a esas frases la decisión de hacer telenovelas que mueren en su ley, discos que nacen, se reproducen y fallecen en los bailaderos, y películas plagadas de los mismos chistes de siempre que, en vez de establecer una comunicación de igual a igual, se dedican a perseguir la complicidad de los espectadores en el crimen de inventarse lo inventado. El cineasta colombiano Andrés Báiz ha demostrado, de Satanás a La cara oculta, que no está dispuesto a jugar ese juego. Que lo de él va a ser respetar a su público. Que se acercará a la gente por medio del suspenso y del humor negro, sí, pero que sus personajes, como los de los grandes directores populares que han vivido sueltos por ahí (de Alfred Hitchcock a David Fincher), tenderán a ser productos de la sociedad en la que vivimos: monstruos alimentados por todos nosotros.

Báiz sabe llevarnos al borde de la silla. Pero no renuncia, para ello, a mostrarnos las mezquindades humanas. La cara oculta, el ejemplo más reciente de su manera de caminar por el borde, es un perverso triángulo amoroso entre narcisos que no permite que nadie cabecee en el teatro. Es una lástima que el tráiler revele tanto de su trama porque su narración es mucho más elegante e ingeniosa de lo que parece en un primer momento: nos presenta a Adrián, el arrogante director español de la Filarmónica de Bogotá, justo cuando su novia Belén lo ha dejado; sigue a la nueva amante del músico, una misteriosa mesera llamada Fabiana, mientras ella se va enterando de que algo muy extraño sucede en la casona en donde pasan las noches; y después, en un giro que lo convierte todo en una lucha de mujeres por un hombre que no lo merece, se dedica a ver cómo Belén emprende una angustiosa carrera para recobrar lo que tuvo.

No digo más. Que se trata de una carrera de vida o muerte. Que por el camino los tres protagonistas caerán en los peores vicios humanos: desde los celos enfermizos hasta la deslealtad en serie. Y que lo único que podrá reprochársele a La cara oculta, un homenaje, en el fondo, a la idea de que la esencia del cine es el suspenso, es la sensación de que aquel director de orquesta que se ve tan soso, tan aburrido, tan lejos de la música, no esté nunca a la altura de la trama macabra que está sucediendo frente a sus ojos. Hitchcock odiaba a los 'verosimilistas': los que van a cine a descreer. No es eso lo que digo. Digo que a pesar de su impasible personaje principal, tan borroso, La cara oculta es una envolvente película de suspenso que se ha ganado a punta de calidad el numeroso público que ha estado recomendándola como una buena manera de pasar la tarde.
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