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| 10/3/2004 12:00:00 AM

La casa de arena y niebla

Las actuaciones no salvan del todo esta tragedia evitable.

Título original: House of Sand and Fog.
Año de producción: 2003.
Dirección: Vadim Perelman.
Actores: Ben Kingsley, Jennifer Connelly, Ron Eldard, Shohreh Aghdashloo, Frances Fisher.

Lo único que les queda a los dos personajes principales de La casa de arena y niebla es esa residencia a unos pasos del océano Pacífico. El iraní Massoud Amir Behrani, un coronel que tuvo que dejar su país cuando el último sha fue derrocado, acaba de comprarla en una subasta para asegurarle a su hijo la prosperidad que él no ha podido alcanzar en Estados Unidos. Y la heredera del lugar, Kathy Nicolo, una drogadicta norteamericana que ha sido abandonada por su esposo, acaba de perderla injustamente a manos del gobierno, pues, en medio del papeleo de siempre, la acusan de no pagar unos impuestos que en realidad no tenía que pagar. La casa es de los dos, eso es, pero sólo uno se quedará con ella al final de esta tragedia: es una verdad que sabemos desde la primera escena de la historia.

La primera película del ucraniano Vadim Perelman, un director de 40 años rescatado por la Dreamworks, no consigue convencernos del todo de que las terribles cosas que nos muestra tenían que suceder de esa manera. No nos ahorra ningún sufrimiento, ningún desliz, ninguna miseria (sin probarnos, jamás, que se trata del curso natural de los hechos), pero al menos, gracias a las extraordinarias actuaciones de Ben Kingsley, Jennifer Connelly y Shohreh Aghdashloo (que en enero recibió, entre muchos otros, el premio a la mejor actriz de reparto de los críticos de Nueva York), nos deja la sensación de que lo arriesga todo escena por escena. Verla es toda una experiencia. Así sea para salir del teatro con mal genio por haber confiado tanto en su gran comienzo.
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