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| 7/3/2015 5:50:00 PM

Un éxito literario sin precedentes

Paula Hawkins publicó ‘La chica del tren’, un ‘thriller’ femenino que ha vendido en seis meses más que cualquier otro libro. Van más de cinco millones de copias.

Nadie tiene la fórmula perfecta para conseguir un best seller. En este caso, el misterio, la inseguridad en sí mismo, la paranoia, el voyerismo, la soledad y un crimen fueron los elementos que Paula Hawkins logró combinar para conquistar a millones de personas alrededor del mundo.

Con su nueva novela, La chica del tren (Ed. Planeta) arrasó en los mercados anglosajones –lleva casi 20 semanas punteando las ventas en Estados Unidos y Reino Unido–, y la ola está llegando a otros países. Esta semana se ubicó en el primer lugar en ventas en Portugal y en el segundo de Franca y España. Ya está en 30 países, entre ellos Colombia, donde ya promete una avalancha de lectores.

Los records comerciales que ha roto son múltiples. En el tiempo que lleva en el mercado ya ha superado en ventas a El código Da Vinci y El símbolo perdido, de Dan Brown, los libros de Harry Potter y J. K. Rowling.

Ella misma no reconoce a qué se debe que tantos lectores no puedan soltarla. “Si supiera la razón del éxito que ha tenido esta novela la volvería a hacer mañana”, aseguró Hawkins en una rueda de prensa en Madrid, dentro de la gira de presentación, publicada en castellano por Planeta.

Cinco millones de ejemplares vendidos en seis meses reflejan el éxito cosechado por la escritora Paula Hawkins (nacida en Zimbabwe en 1972 y criada en Londres) con La chica del tren, una novela de intriga psicológica que parte de una “ventana indiscreta” desde un tren, en el que la autora reconoce claras influencias de aquella película de Hitchcock.

Periodista de profesión (se desempeñó como redactora económica en el diario The Times de Londres), Hawkins recibió el encargo de escribir varias novelas románticas para mujeres con un pseudónimo, pero los fracasos vinieron uno tras otro. Ahora, esta novela la acaba de sacar de una complicada situación financiera y profesional por la que pasaba a sus 42 años.

La semilla de la historia surgió en su diario trayecto en tren su hacia el trabajo en Londres. Hawkins pesó qué pasaría si en alguna ocasión viera algo alarmante en esas casas cercanas a las vías, en las que se vislumbran por instantes las vidas de sus ocupantes.

La autora incluyó ese y otro elemento: el de una mujer (Rachel, la protagonista de su novela), una cuarentona fracasada, que tiene cierto gusto por el vino y el gin tonic para desayunar, que está separada y viaja cada día a Londres para fingir que sigue trabajando. “Cuando junté ambas ideas vi que funcionaban muy bien”, indicó. A partir de ese pensamiento brotó la idea millonaria.

Instalada en la casa de una amiga, a la que no ha confesado que está desempleada, Rachel sube cada día en el tren hacia Londres para simular que va al trabajo y en su recorrido pasa muy cerca de su anterior domicilio donde ahora vive su expareja y de una casa en la que observa fugazmente la rutina de un joven matrimonio.

Un día, desde tren, cree haber visto algo extraño en un lugar que todos los días observaba. Queda  abrumada con la imagen, pero no sabe si puede ser cierta. La paranoia, el alcohol, y una memoria nebulosa disparan la trama de La chica del tren.

Las influencias

Los trenes recuerdan a Hawkins escenarios de novelas policiacas como las de Agatha Christie o Patricia Highsmith, unos espacios en los que los viajeros establecen a veces “relaciones peculiares con extraños”.

“Amo las atmósferas que crean Christie y Highsmith”, señaló la escritora británica, que se ha mostrado muy orgullosa de que la puedan comparar con autoras como su compatriota Ruth Rendell.

Hawkins considera que muchos lectores se han podido identificar con el “impulso voyerista” de su protagonista, una mujer que, además, atraviesa una grave crisis después de que su expareja forma una familia con otra mujer.

La autora no esconde que los grandes thrillers británicos y americanos han influido mucho en su novela. En especial, Alfred Hitchcock, a quien admira y estima especialmente. La ventana indiscreta (en la imagen, su protagonista, James Steward) sería una de esas influencias “por el suspense, por la duda hacia uno mismo y la paranoia”, señaló.

A pesar del éxito obtenido por La chica del tren, Hawkins no se plantea por el momento una segunda parte de la novela aunque hay algunos personajes, dice, que le gustaría volver a utilizar.

En la actualidad, mientras se prepara la adaptación al cine de La chica del tren (ya Dreamworks compró los derechos), la autora se encuentra inmersa en la elaboración de otro libro de intriga psicológica protagonizado por dos hermanas que no se hablan desde hace mucho tiempo y en el que, dice, también habrá un misterio que resolver.


Con información de EFE.

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