Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/02/20 00:00

LA CHISPA DE LA VIDA

Las aventuras de un galés loco por el dinero y las mujeres, el tema de la última novela de Roald Dahl.

LA CHISPA DE LA VIDA

Oswald Hendryks Cornelius, loco por la vida, coleccionista de arañas, escorpiones y bastones, amante de la ópera, experto en porcelana china, seductor de mujeres y considerado por los expertos en este campo como el mayor fornicador de la historia, será recordado siempre por tres motivos: el descubrimiento de un perfume tan potente que cualquier hombre que lo oliese en una mujer era incapaz de refrenar el deseo de violarla allí mismo; la fabricación de píldoras afrodisíacas para caballeros, con base en los cuerpos triturados de un escarabajo sudanés cuyo nombre científico y exacto es el de cantharis vesicatoria sudanii; el tercer motivo, quizás el más escandaloso y útil para eternizar la memoria de este personaje, es la puesta en marcha de una empresa que en 1919 ya encerraba una auténtica revolución científica: un banco de semen donado por los hombres más famosos de la época, que debía servir para mejorar la especie humana a ambos lados del Atlántico.
Este personaje es el protagonista de una deliciosa, erótica y excitante novela, "Mi tío Oswald", escrita por un galés que ya pasa los 75 años de edad y está casado con la actriz Patricia Neal. Se llama Roald Dahl, es famoso en el mundo por sus cuentos para niños y este libro, ya convertido en película, es una sátira devastadora contra la misma literatura erótica.
La historia es presentada por un sobrino de Oswald quien, reticentemente, da a conocer los diarios de ese tío que durante la primera mitad del siglo recorre buena parte del mundo, empujando sus empresas y acostandose con algunas de las mujeres más hermosas, todo en nombre de la ciencia. La edición en castellano es de "Anagrama" .
Oswald es cínico, loco por el dinero, la fama y las mujeres. Sólo bebe y come lo mejor y a los 17 años es capaz de convertirse en uno de los hombres más ricos de Gran Bretaña, aplicando una fórmula que siempre le dará resultado: decir mentiras, tener algo de talento, inspirarse en los juicios que se emiten y, también, tener suerte. Es una fórmula que no falla, como lo puede comprobar Oswald cuando por simple azar conoce al comandante Grout, quien le revela el efecto de priapismo permanente y doloroso que el polvo proveniente de los escarabajos sudaneses machacados y administrados en pequeñísimas dosis, produce en los amantes ansiosos.
Lo más cómico de esto es que el comandante Grout, de servicio en Sudán, descubrió esta maravilla sexual un día mientras apuraba un vaso de whisky y un insecto cayó inadvertidamente en su interior. Por supuesto, una historia como esa despierta la imaginación, la codicia y el sentido de la aventura del muchacho. Este se lanza a buscar los insectos, consigue el polvo, fabrica las pastillas y se hace rico.
A diferencia de otros escritores eróticos, Dahl es mesurado en los detalles, no cae en la trampa de las descripciones agotadoras y enervantes, y prefiere contar situaciones sexuales y violentas con una curiosa economía de palabras. Prefiere que sea el lector quien añada los detalles morbosos.
Será un profesor llamado A.R. Woresley quien entusiasme a Oswald con un proyecto científico que, en 1919, nadie será capaz de tomar en serio: congelar y almacenar semen para futuras necesidades. Pero la ambición, el olfato comercial y el ritmo impetuoso con los cuales se mueve Oswald, serán suficientes para hacerle descubrir un plan más arrasador. Buscará conseguir, congelar y más tarde vender bien caro, el semen de los hombres más ilustres de la época.
A partir de aquí, el libro se convierte en una alocada carrera contra el tiempo, las oportunidades y la misma suerte de este muchacho quien, con la ayuda de una prostituta muy hermosa que estudia biología, llamada Yasmín, y el apoyo del científico se lanza en busca de artistas, científicos, escritores y celebridades.
Las aventuras del equipo recolector de muestras son alocadas, desordenadas y llenas de cinismo. El lector entiende, que ciertas páginas son violentas bromas contra momentos cumbres del arte contemporáneo.
Correrán de un lado a otro, con un depósito ambulante de nitrógeno líquido y un mapa dotado con las direcciones, costumbres, horarios, manías y otros elementos relacionados con la vida cotidiana de personajes como los reyes Alberto de Bélgica, Boris de Bulgaria, Christian de Dinamarca, Alejandro de Grecia, Víctor Emmanuel de Italia, Haakon de Noruega, Fernando de Rumania, Alfonso de España, Gustavo de Suecia y Pedro de Yugoslavia. También buscarán a Alexander Bell, Pierre Bonnard, Churchill, Conrad, Conan Doyle, Henry Ford, Freud, Kipling, D.H. Lawrence, Lenin, Mann, Marconi, Matisse, Monet, Edward Munch, Proust, Puccini, Rachmaninov, Renoir, Shaw, Sibelius, Strauss, Stravinsky y Yeats para citar unos cuantos genios, cuyas donaciones son obtenidas por Yasmín junto con un papel firmado en blanco en el cual, más tarde, el tío Oswald redactará una constancia sobre la autenticidad de la muestra obtenida. Cada personaje, cada situación, es toda una aventura divertidísima y el lector se siente en ocasiones leyendo una de las novelas pícaras de Fielding o Nabokov, en las cuales la risa y el sexo andan de la mano.

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