Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/03/06 00:00

La cinta blanca

Esta fábula perturbadora, contada en un blanco y negro impecable, ganó con justicia el Festival de Cannes del año pasado. ****

El pastor obliga a su hijo a usar una cinta blanca para que toda la villa sepa que lo ha desobedecido

Título original: Das weisse
Band: Eine deutsche Kindergeschichte.
Año de estreno: 2009.
Género: Drama.
Guión y Dirección: Michael Haneke.
Actores: Christian Friedel, Ernst Jacobi, Leonie Benesch, Ulrich Tukur, Ursina Lardi, Fion Mutert, Michael Kranz.


Todas las escenas de La cinta blanca son profundamente incómodas. La nueva producción del cineasta austríaco Michael Haneke, que en estos años ha filmado obras tan desconcertantes como La profesora de piano (2001), Escondido (2005) y Juegos peligrosos (2007), es de entrada una provocación, una prueba para los nervios de los espectadores de hoy: desde la primera escena –en realidad un plano largo sobre el que una grave voz en off anuncia que la historia de esa villa rural de comienzos del siglo XX puede servirnos para comprender por qué los alemanes se dejaron llevar poco a poco por el autoritarismo– aclara que veremos un relato simbólico contado, sin ninguna clase de afanes, a través de ese bellísimo blanco y negro que tan bien les sirvió a las grandes producciones de la primera parte de la historia de las películas. Se trata de la obra más lograda de un hombre que, gústenos o no, se ha convertido en uno de los nuevos maestros del cine.

Desde la primera secuencia, en la que un enemigo oculto le pone una trampa al médico de la aldea para que se caiga de su caballo (lo que desencadena una serie de crímenes perversos que pondrán en jaque a los perturbados habitantes del lugar), nos damos cuenta de que la tensión no parará hasta que no se enciendan las luces del teatro, de que el puritanismo más enfermo se respirará en cada cuadro del largometraje y que los personajes, sin excepciones, serán tan antipáticos como cualquier hombre cuando nadie está mirando: el pastor protestante, que jamás duda, que jamás se quiebra, que controla al pueblo con sus sermones devastadores, obligará a sus dos hijos mayores a llevar una cinta blanca alrededor del brazo “por no haber cumplido con sus obligaciones familiares”; el maestro de la escuela hará lo que puede, en medio de sus trabajos detectivescos, para enamorarse de la única mujer que queda por ahí; y el doctor, que se debate en el hospital entre la vida y la muerte, se irá revelando como un espíritu perverso.

La cinta blanca es una película policíaca que se mueve hacia adelante gracias a preguntas como “¿Quién habrá atacado al doctor? ¿Quién estará detrás del incendio de la granja? ¿Quién pudo ser capaz de torturar a aquel niño?”. Sin embargo, como se trata de una de esas extrañas parábolas de suspenso dirigidas por Haneke, como se trata de uno de esos ejercicios que el auditorio odia o ama, al final todo parecerá indicar que nos hemos estado haciendo las preguntas equivocadas. Lo que más debería preocuparnos de este relato, lo que empieza a preocuparnos, de hecho, desde el momento en que empezamos a discutirlo con alguien, es por qué las personas de esa villa son como son, por qué a cierta hora del día sus rasgos se alargan hasta hacerlos ver como pequeños monstruos, y por qué a pesar de lo lejos que están en la cultura, en el espacio y en el tiempo, se parecen tanto a nosotros. 
 
**** Excelente ***1/2 Muy buena *** Buena **1/2 Aceptable ** Regular * Mala

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