Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/04/07 00:00

La ciudad museo

A partir del 13 de abril el arte se saldrá de los museos en Medellín. Exposiciones, intervenciones públicas y hasta tatuajes harán parte de lo que se ha denominado MDE07.

El japonés Tatzu Nishi intervendrá una de la iglesias del centro de la ciudad. Quiere volver a llamar la atención sobre la Cruz de la iglesia y parar eso le construirá un cuarto a 20 metros de altura

"¿Cuántos postes de luz hay en Medellín?" se preguntó el artista japonés Tatzu Nishi cuando caminaba hace dos semanas por el centro de la ciudad. Nadie supo la respuesta. "¿Qué tal si los postes se convierten en grandes lámparas colgantes, como en los castillos antiguos?", dijo Tatzu. "¿Y qué tal si le hacemos una habitación, con cama incluida, al Cristo que está en la cúspide de la Iglesia del Sagrado Corazón en Barrio Triste?". Preguntas similares se han hecho más de 70 artistas nacionales e internacionales que por estos días se pasean por los diferentes barrios de la ciudad. Preguntas que son, a su vez, propuestas artísticas, y que se verán materializadas antes del mes de junio. Y es que desde enero y durante seis meses los habitantes de la ciudad han decidido tener al arte como al más cercano de sus vecinos.

Las preguntas de los artistas no han sido casuales. Quieren que sus intervenciones públicas o sus exposiciones en museos y galerías sean una combinación de sus propuestas y el concepto de hospitalidad -que ha sido el tema elegido para este encuentro de arte-. Un claro ejemplo de ello es la obra de Tatzu. En sus recorridos por la ciudad le llamó la atención la cantidad de iglesias del centro y decidió intervenir una de ellas, la que queda en la zona de mayor concentración de talleres mecánicos en Medellín. Es una Iglesia perfecta para el japonés: cero naturaleza alrededor, buena altura y una cruz en la cúspide.

Lo primero se explica porque a Tatzu no le gusta intervenir nada que tenga que ver con la naturaleza. Considera que el arte está en contra de ella. Un concepto duro de digerir en una ciudad rodeada de montañas. Pero eso a él poco le importa. "Lo que me interesa es volver visible lo invisible", se refiere a la Cruz de la Iglesia. Según él, ningún ciudadano que transita diariamente por Barrio Triste es consciente de esa cruz; se ha vuelto tan cotidiana, que ya es invisible. Y para que la gente recuerde que existe, ha decidido construirle una habitación a la cruz, con cama y clóset, a 20 metros de altura. A la pregunta de por qué la cruz encima de una cama, Tatzu responde con un aforismo japonés: "Dios se aparece en la almohada".

Durante sus caminatas por la ciudad, el artista se dio cuenta de que los postes de la luz son invisibles para la gente. En especial los del centro. Entonces Tatzu eligió uno que queda en la Avenida Oriental con La Playa -una de las zonas más populosas de Medellín- para convertirlo en una gran lámpara antigua que llama la atención a cualquier desprevenido. Se espera que todas las obras de Tatzu estén terminadas para finales de abril.

Pero el centro no fue el único espacio por el que caminaron los artistas. Barrios como Castilla, Moravia y Santo Domingo también tendrán su obra. El artista mexicano Héctor Zamora, por ejemplo, eligió Moravia, el antiguo basurero de Medellín y una de las zonas más marginales de la ciudad. En una de sus caminatas encontró un canal que contiene uno de las afluentes del río Medellín. A ambos lados del canal hay asentamiento de desplazados y esto, precisamente, fue lo que más le llamó la atención para crear unos 'jardines errantes'. "La idea es construir unas macetas que permitan plantar en ellas desde plantas ornamentales hasta cultivos tipo huerto", dice Zamora, que al explicar su intervención advierte que lo más importante es generar un cambio radical en un paisaje donde predomina el gris de los muros del canal.

Lo de las mesetas tampoco es una idea casual. Hace dos semanas, mientras caminaba por los barrios más pobres de la ciudad, Héctor observó esa afición de los paisas por colgar macetas con matas en las ventanas de sus casas. Plantas que no sólo embellecen las fachadas e invitan a entrar, sino que involucran de lleno el concepto de hospitalidad del encuentro de arte. La buena noticia para los desplazados es que las obras del mexicano -que estarán listas la primera semana de mayo- serán permanentes.

Son muchos los artistas internacionales que nunca habían pisado suelo latinoamericano y que ahora, gracias a este gran encuentro, están volcando sus miradas a una ciudad que desde cuando se acabó la Bienal de Coltejer, ha pasado de agache frente al arte contemporáneo. Por ejemplo, cuando invitaron a Michael Beutler, de Alemania, él pensó que se trataba de Columbia, Estados Unidos. Pero cuando le confirmaron que era Colombia, Suramérica, dice que se emocionó porque era trabajar con un público desconocido. Desde cuando llegó a Medellín el 23 de marzo, su pasatiempo preferido ha sido montar en Metrocable, en la ladera nororiental de la ciudad. Ha viajado varias veces en él y pensó, en un principio, montar su obra por esos lados. Pero, al final, se decidió por hacer una escultura en el patio de la Casa del Encuentro (el antiguo Museo de Antioquia, en el centro de la ciudad) que tuviera que ver con un producto no muy común en su país: el plátano.

La idea es que esta pieza, en forma de racimo y construida con lona y bambú, proteja de la lluvia y el sol a los visitantes de la casa. Para su construcción, el artista colombiano Gabriel Sierra -quien ha sido el encargado de todo el mobiliario de la casa- creó un taller para desarrollar el material y las piezas que él utilizó. La obra del alemán se inaugura el viernes 13 de abril.

Ese mismo día se abre el primer ciclo de exposiciones que irá hasta el 12 de mayo, con 70 obras en museos y galerías de toda la ciudad. Y sin dar tregua, esa misma semana, la brasileña Renata Lucas inaugura su obra en pleno Parque de las Esculturas de Botero. Una obra enorme que involucra tres construcciones de la zona: el Hotel Nutibara, Residencias Nutibara y el Palacio de la Cultura. Su intención es crear una habitación aérea que una las tres terrazas y dé la sensación de llenura. "Es un trabajo basado en arquitecturas incompletas que serán terminadas gracias a la visita de las personas a cada una de las terrazas", dice Renata.

MDE07 es una gran invitación al arte, una invitación que no excluye a los que nunca van a los museos o a las galerías ni a los que prefieren ir al cine o quedarse en la casa. Porque el encuentro también trae ocho zonas de activación en las que, a través del cine, la televisión, la radio y la prensa, se sensibilizará acerca de las exposiciones. Además, habrá un programa de residencias artísticas para que pintores, escultores y otros artistas internacionales presenten sus proyectos durante los seis meses que dura MDE07. El arte está ocurriendo en Medellín. Sus habitantes, acostumbrados a las esculturas de Botero, a las pinturas de Débora Arango y a la música de Juanes, nunca antes habían estado tan expuestos al arte contemporáneo. Y garantía de ello es, también, el equipo curatorial. María Inés Rodríguez, Óscar Muñoz, Jaime Cerón, Ana Paula Cohen, José Ignacio Roca y Alberto Sierra le han prometido a Medellín que en cada uno sus rincones habrá una pieza del mejor arte contemporáneo que se pueda encontrar. Bibliotecas, parques, colegios, galerías, iglesias, jardín botánico... todo está siendo impregnado por un aire artístico que no está dejando espacio para otra que salir a las calles convertidas en museos.

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