Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/12/12 00:00

La ciudad de todas las historias

Sobre Nueva York se han escrito miles de novelas y relatos, y todos muestran una ciudad diferente. ¿Por qué esta ciudad resulta tan fascinante e inagotable para los escritores?

La ciudad de todas las historias

Existe una Nueva York que es más que los grandes rascacielos, los taxis amarillos, las luces y las alcantarillas humeantes. Es un lugar que sólo existe en la imaginación de artistas que han tratado de describirlo hasta el cansancio. Se han hecho canciones, películas y libros en honor a la 'Gran Manzana' y, sin embargo, todas resultan diferentes. Nueva York es inabarcable: suceden tantas cosas y se viven tantas historias a la vez que es un espacio perfecto para los creadores. En ese sentido, la literatura parece ser el lugar donde más se ha trabajado el tema. Miles de autores han escrito sobre esta ciudad y, como lo anota el crítico de libros de El País Ignacio Echavarría, se ha convertido en un territorio de ficción. "Nueva York tanto como una ciudad, o incluso más que una ciudad, es un género literario".

Parece como si Nueva York ejerciera un poder hipnótico entre los artistas por su enorme oferta. "Es una ciudad donde están todas las historias; el rincón donde suceden las grandes catástrofes, donde han estado la pobreza y la riqueza más vulgar; así, puede ser un lugar donde un escritor podría encontrar la imagen real y viviente de cualquier argumento que se le ocurra", le dijo a SEMANA Julio Paredes, escritor colombiano radicado en Manhattan. Y añadió: "Más que un subgénero literario, yo pensaría que es una ciudad que se acomoda a cualquier género".

Es esto justamente lo que les llama la atención a los autores: que se trata de una ciudad que permite ser mirada de muchas formas y desde perspectivas diferentes. Por supuesto no es lo mismo escribir sobre el Lower East Side o Brooklyn, de los blancos de origen judío e irlandés, o de Harlem, donde se refugian los negros, ni del Bronx de los inmigrantes latinos o de Park Avenue, donde están algunas de las familias más ricas del mundo. Y, sin embargo, todos estos lugares hacen parte del mismo espacio.

Pero este no siempre ha sido el caso. Bill Corbett, profesor de literatura en MIT, le dijo a SEMANA: "La ciudad, originalmente llamada New Amsterdam, se desarrolló lentamente. Nueva York se convirtió en la primera ciudad de Estados Unidos sólo hasta el final del siglo XIX, y sólo se puede hablar de ella como 'La capital del mundo' hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Es decir que su historia de gran metrópoli es relativamente corta". Corbett ha estudiado el tema a fondo y en su libro New York literary lights afirma que aunque la historia literaria de la ciudad es corta, sólo puede ser comparada con la de París y Londres.

Uno de los primeros clásicos es Washington Square, de Henry James. La novela, publicada en 1880, narra una historia de amor que tiene como trasfondo la alta sociedad neoyorquina de finales de siglo XIX. James aprovecha para retratar las intrigas que sucedían en las altas esferas de Nueva York. Algo muy parecido hizo la escritora Edith Warthon en su novela La edad de la inocencia, de 1920: un fresco de una sociedad sofisticada pero elitista e hipócrita. Warthon muestra en el libro, con una precisión notable, cómo Nueva York se convirtió en un refugio para la nobleza europea que huía de la crisis y cómo las élites de Manhattan y de todas las ciudades de la costa este adoptaron el modelo social de estos aristócratas.

Claro que Nueva York siempre ha tenido varias caras. John dos Passos, por ejemplo, en la imprescindible Manhattan transfer (1925) prefirió mostrar el lado oscuro de su época. Dos Passos tenía 29 años cuando la publicó, y es considerada una de las mejores novelas sobre la Nueva York de los años 20. Manhattan transfer describe los dramas sociales que se vivían en algunos lugares de la ciudad y cuestiona la ambigüedad del llamado sueño americano. Cuando apareció la novela fue muy criticada, pero autores como Francis Scott Fitzgerald la alabaron. Justamente Fitzgerald es el autor de otra de las novelas que se considera un clásico sobre la alta sociedad neoyorquina: El gran Gatsby, de 1925. La Nueva York de principios de siglo también fascinó a Federico García Lorca, quien en 1930 publicó Un poeta en Nueva York. El poeta andaluz vivió nueve meses en Manhattan, justo cuando la gran depresión económica de 1929 estalló en Wall Street. En los poemas que componen su libro, García Lorca retrata la brutalidad, la soledad y la terrible miseria que se vivió entonces. Y es que ser inmigrante ha sido un tema recurrente entre los escritores extranjeros que se han ido a vivir a Nueva York. Autores de todas las nacionalidades han escrito sobre la experiencia de ser extranjero en la ciudad más multicultural que existe. Como lo explica Paredes, "es un territorio donde cualquiera que llegue termina 'encajando' tarde o temprano. En algún rincón de estas islas, ya sea Brooklyn, Queens o Manhattan (...) En Nueva York hay espacio para todos, eso sí, no siempre feliz ni ideal".

Estar en lugares como la Quinta Avenida, el Empire State, Central Park, el puente de Brooklyn, Times Square o Chinatown produce una sensación única. "Lo que hace a Nueva York un sueño no es tanto su grandeza objetiva sino el hecho de que, por muchas razones, mucha gente proyecta sus sueños allí. En mi caso, es el sueño del provinciano abrumado y superado por esa embriaguez de estar allí", confesó el escritor español Antonio Muñoz Molina, quien también cedió ante la tentación de escribir sobre Nueva York: en 2002 publicó Ventanas de Manhattan, un libro en el que recrea su larga estadía en la isla.

Pero Muñoz Molina no es el único que se ha sentido abrumado. El estrés, la rapidez y la agresividad de las grandes ciudades intensifican la actitud nerviosa de algunos escritores. Jaime Manrique, autor de la novela Luna latina en Manhattan, opina: "Las grandes urbes siempre han sido temas muy atractivos para los escritores a lo largo de la historia. Antes de Nueva York lo fueron Londres, París, Roma y Atenas. Pero nunca antes ha existido en la historia una ciudad tan universal y multicultural como Nueva York". El escritor colombiano le dijo a SEMANA que aunque muchos han escrito al respecto, quien mejor ha logrado cifrar este sentimiento de vértigo es Saul Bellow en su novela Seize the day (1956).Y es esta extraña sensación la que está presente en algunas de las grandes novelas neoyorquinas. Un ejemplo claro es El guardián entre el centeno (1945), la obra maestra de J.D. Salinger. En ella el joven Holden Caulfield, su protagonista, vive un intenso viaje de aprendizaje a través de la ciudad. Así mismo, Paul Auster ha escrito sobre la sensación de extrañeza que le produce Nueva York. Nacido en Nueva Jersey, Auster ha vivido la mayor parte de su vida en Brooklyn y de ahí ha sacado casi todas sus historias. Su obra principal es La Trilogía de Nueva York (1985), compuesta por tres novelas: Ciudad de cristal, Fantasmas y La habitación cerrada. Cada una de ellas recrea una Nueva York delirante y extraña.

Otra novela de la misma época es La hoguera de las vanidades (1988) de Tom Wolfe. En ella su autor, considerado el inventor del Nuevo Periodismo, utiliza las herramientas del reportaje para hacer una oscura descripción de la corrupción del mundo de Wall Street. Así mismo, Bret Easton Ellis describe en su monumental novela Psicópata americano (1991) el Nueva York de los yuppies. Easton Ellis dedica gran parte de su novela a mostrar cómo estos individuos pasan su vida entre los restaurantes más caros, las boutiques y las discotecas más exclusivas. Pero también se preocupa por mostrar el lado sórdido que se esconde detrás de ese mundo.

Porque Nueva York siempre ha sido un lugar de excesos. En 1977 Hubert Selby Jr. Publicó Última salida hacia Brooklyn, una novela que describe el mundo de los junkies del centro de Brooklyn en la década de los 60. Como ocurrió con Manhattan transfer, 50 años antes, la novela de Selby fue muy controvertida por la crudeza con la que mostraba los bajos mundos.

Recientemente aparecieron dos novelas muy originales: Windows on the world, de Fréderic Beigbeder, y El hombre que inventó Manhattan, de Ray Loriga. La primera es una reconstrucción que hizo el francés del 11 de septiembre. Beigbeder describe, minuto a minuto, lo que sucedió la mañana en que los aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas desde el punto de vista de las personas que estaban dentro de los edificios. Loriga, por su parte, hace su novela a partir de diferentes personajes que conoció en Manhattan. Según él, la ciudad está hecha a partir de las historias de sus habitantes.

La lista de libros podría continuar casi hasta el infinito. Cómo no nombrar Trópico de Capricornio de Henry Miller, El secreto de Joe Gould de Joseph Mitchell, Junky de William Burroughs, Ragtime de E.L Doctorow, Un canto a mí mismo de Walt Withman, Bartleby el escribiente de Herman Melville, Desayuno en Tiffany's de Truman Capote y muchos otros más. Cada libro es una historia diferente y cada vez que Nueva York aparece es una ciudad única, una ciudad irrepetible.

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