Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/09/26 00:00

La crítica como arte

Un Kundera todavía lúcido vuelve a reflexionar sobre sus viejos temas existenciales y estéticos.

La crítica como arte

Milan Kundera
Un encuentro
Tusquets, 2009
213 páginas

Un encuentro reúne 31 ensayos que parecen cuentos no sólo por su brevedad y su capacidad de síntesis sino por sus inesperadas revelaciones. Kundera ve lo que nadie había visto en obras que hace tiempos teníamos ante nuestros ojos. En la descripción de la muerte de una perra en una obra de Louis Ferdinand Céline, "descubre" que la vanidad no es un vicio sino un atributo consustancial de los seres humanos: "Sí, he visto muchas agonías… aquí… allá… en todas partes… pero con mucho no tan hermosas, discretas… fieles… lo que molesta en la agonía de los hombres son los fastos… el hombre siempre acaba en un escenario… hasta el más sencillo" (De un castillo a otro). Las constantes referencias culturales de los personajes de Philip Roth se explican porque la aceleración de la historia transforma la existencia individual de una manera muy profunda. En siglos pasados, entre el nacimiento y muerte de las personas, tenía lugar un único periodo histórico; hoy una misma generación vive entre dos o más: "En ello radica el sentido del intelectualismo de Roth… Es el deseo de conservar el tiempo pasado en el horizonte de la novela y de no abandonar a los personajes en el vacío donde la voz de los antepasados ya no sería audible". Hadji Murat, de Tolstoi: nadie había reparado que allí ya estaban descritas las masacres rusas en Chechenia. Sin embargo, lo que destaca Kundera no es el "escándalo de la repetición" que es la historia sino el "escándalo del olvido" que es la vida humana siempre acechada por un agujero negro.

El ensayo sobre el pintor Francis Bacon es extraordinario. La reivindicación de la figura de Anatole France, un escritor injustamente olvidado hoy en día, es una pertinente reflexión sobre la novela histórica. En fin, resulta grato comprobar que Kundera no era ninguna moda setentera y a sus 80 años, alejado de la exposición mediática, continúa lúcido e inagotable en este nuevo encuentro con sus viejos temas existenciales y estéticos, con sus viejas querencias: Rabelais, Janácek, Fellini, Malaparte.

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