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| 9/10/2011 12:00:00 AM

La doble hora

La gran interpretación de la actriz rusa Kseniya Rappoport le da forma a este 'thriller' italiano que sigue la lógica de las pesadillas. **1/2

Título original: La doppia ora

Año de estreno: 2009

Género: Thriller

Dirección: Giuseppe Capotondi

Guion: Alessandro Fabbri, Ludovica Rampoldi, Stefano Sardo

Actores: Kseniya Rappoport, Filippo Timi, Antonia Truppo, Gaetano Bruno, Fausto Russo Alesi, Michele Di Mauro

Tiene la lógica de las pesadillas: es una trama nebulosa que va del suspenso al terror, del amor más conmovedor a la violencia más repulsiva, de las frases extrañas a los pequeños detalles que piden a gritos una interpretación. Y para no perder la paciencia mientras el relato gira y gira, para no rendirse en el esfuerzo de encontrar algo parecido a una historia en esta sucesión de secuencias inquietantes, lo mejor es seguir a la fascinante protagonista como si ella fuera todo lo que estuviera pasando.

Su nombre es Sonia. Es una exiliada eslovena que trabaja de mucama en un sofisticado hotel de Turín. Ha tenido que ver demasiados dramas en su vida. La soledad le está costando sus nervios. Y conocer a Guido, un agente de seguridad que aún no supera la muerte de su esposa, le devuelve las ganas de vivir por un momento. Pero claro: el misterioso Guido la anima a que pida un deseo porque son las 23 y 23: la doble hora. Y un par de escenas después, cuando la historia de amor empieza a tomar forma, ocurre un terrible accidente que la convertirá en una mujer atrapada dentro de sus propios miedos: en una persona que parece vivir en dos mundos al mismo tiempo.

No se puede decir una palabra más de La doble hora sin arruinar sus secretos, sin explicarla. Se puede advertir, quizás, que juega con la mente del espectador de principio a fin, que, en medio de sus constantes cambios de atmósfera, en medio de su juego con las convenciones del cine policíaco, se aferra a la mirada aterrada de Sonia (y, por supuesto, a la valiente interpretación de la actriz rusa Kseniya Rappoport) para no perderse en el camino. El gran trabajo de Rappoport, filmado por el cineasta debutante Giuseppe Capotondi con una pasión por el detalle que demuestra su talento, evita que el largometraje se pierda más de la cuenta en la ambición de retratar la mente perturbada de la protagonista.

Los cinéfilos disfrutarán el reto, el montaje contundente y el recuerdo de los grandes clásicos que han logrado filmar lo que sucede dentro de una cabeza extraviada: sentirán la presencia de Vértigo (1958), de Repulsión (1965), de Mulholand Drive (2001). Recordarán la apuesta de la primera película dirigida por el escritor Paul Auster: Lulú en el puente (1998). Y si padecieron, como yo, el artificioso thriller francés No le digas a nadie (2006), lleno de giros tan inteligentes que bordean la tontería, se darán cuenta de que no han superado aún el trauma. El trauma, digo, porque filmar el laberinto de la mente requiere destreza. Y hay pocas experiencias tan enervantes, en las salas de cine, como la de ver una trama pretenciosa que gira según la soberbia de su autor.

La doble hora roza el lugar común de la originalidad forzada y tiene un ingenioso final de tercera. Pero la salvan su protagonista, la pasión con la que está filmada y una duración misericordiosamente corta. -
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