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| 7/15/1996 12:00:00 AM

LA FERIA DEL LIBRO

UN RECIENTE ESTUDIO SOBRE LA INDUSTRIA EDITORIAL EN EL PAIS DEMUESTRA QUE A PESAR DE UBICARSE

Para nadie es un secreto que la industria editorial colombiana ha sido una de las más dinámicas del continente en los últimos 20 años. De ser un sector que vivía casi plenamente de la producción librográfica de países como México, Argentina y España, Colombia se ha convertido en un próspero centro editorial capaz de competir en calidad con las grandes potencias del orbe. Las estadísticas hablan por sí solas. Mientras en 1973 las publicaciones nacionales apenas superaban los mil títulos, dos décadas más tarde las cifras han aumentado al menos en un 500 por ciento, llegando en algunos años a cerca del 1.000 por ciento. El aumento del número de títulos y de ejemplares producidos en el país, sumado a la calidad gráfica de las ediciones, provocaron lo que los especialistas llamaron el boom editorial colombiano, un fenómeno que hizo volver los ojos del continente sobre una nación que poco a poco se apropió del privilegio de ser uno de los más grandes centros editoriales de América Latina. Sin embargo, para muchos ese boom ha sido más un encantamiento que una realidad objetiva. "La verdad es que Colombia se ha encaramado en la cima de la industria gráfica, comenta el editor Alejandro Cadavid, de Arcadia Libros, pero la industria editorial propiamente dicha todavía es muy pequeña. Una cosa es imprimir libros para México, Venezuela y Ecuador, y otra editarlos. En este campo al país le falta mucho desarrollo". En efecto, la calidad de los sistemas gráficos colombianos es tan calificada que muchos editores extranjeros contratan la impresión de sus libros en el país. En esta materia, Colombia se ha convertido en un verdadero líder latinoamericano. En edición, a juzgar por las cifras comparativas del sector, el asunto es a otro precio. No sólo las estadísticas demuestran que el mercado editorial colombiano es aún muy pequeño, sino que hay campos que todavía están sin explotar. El estudio, que será lanzado públicamente en las próximas semanas, fue realizado por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe Cerlalc y la Cámara Colombiana del Libro, sobre el comportamiento de la industria editorial en Colombia durante 1994. Según la investigación, en el 94 las editoriales nacionales publicaron un total de 6.940 títulos, 1.128 más que en 1993 pero mucho menos que en 1989, cuando el total de títulos llegó casi a 10.000. "Si se tiene en cuenta que España, por ejemplo, publica anualmente unos 30.000 títulos nuevos, el resultado es que en materia editorial el mercado del libro en Colombia es aún muy deprimido", dice Cadavid. Si el número de títulos aumentó entre el 93 y el 94, el de ejemplares decreció. Mientras en 1993 fueron publicados 54.760.265 ejemplares, en 1994 la cifra pasó a 42.936.808, es decir 19,4 por ciento menos con respecto al año anterior. "El resultado es de alguna manera lógico, comenta Gonzalo Arboleda, presidente de la Cámara Colombiana del Libro, pues los editores tienden a compensar el descenso de la demanda con la diversidad de títulos. Esto no significa que la industria editorial haya entrado en crisis, pero sí es un campanazo de alerta sobre una eventual disminución en el dinamismo del sector". Lo cierto es que, en comparación con las estadísticas de los otros centros editoriales de América Latina, la industria editorial colombiana, aunque ya ha logrado pisar fuerte, todavía está lejos de ser una potencia. Una investigación preliminar terminada por el Cerlalc hace pocas semanas sobre el comportamiento de la industria del libro durante 1993 en los principales núcleos editoriales de la región, como lo son Brasil, México, Argentina, Colombia y Chile, demostró, entre otras cosas, que a pesar de que el país está bien posicionado en el sector todavía le hace falta camino para ser líder. Mientras Colombia se ubica en el cuarto lugar en el mercado con una edición total de 5.812 títulos en 1993, en el mismo año Argentina publicó 11.037, México 16.055 y Brasil 33.509. La proporción en tiraje de ejemplares no es menos significativa. Colombia produjo 54.760.000 ejemplares en 1993, mientras México sacó al mercado 106.500.000 y Brasil 222.522.000. Curiosamente, en este renglón Colombia superó a Argentina, que publicó 42.216.000 ejemplares durante el mismo período. Aunque está visto que Colombia entró definitivamente en el grupo de los grandes editores latinoamericanos, al interior del país las cifras no dejan de ser inquietantes. Del total de ejemplares editados, el 60 por ciento corresponde a textos escolares, es decir a libros que generalmente son de compra obligatoria, un porcentaje que para Gonzalo Arboleda es en cierto sentido preocupante. "Si excluimos los textos escolares requeridos puntualmente por el sistema educativo, vemos que la producción editorial es realmente mínima para un país como Colombia". La conclusión es que Colombia está lejos de ser un país de lectores y sus editoriales hasta ahora se están empezando a preocupar porque las cosas cambien. De hecho, la literatura para adultos participa apenas con 5,8 por ciento del mercado, mientras la literatura infantil, que debería ser la base de la formación de los lectores, lo hace con un escaso 1 por ciento en el total de títulos publicados al año. Este comportamiento contrasta con el de países como Brasil y Chile, donde la literatura infantil y juvenil lidera el mercado del libro, y con el de Argentina, donde definitivamente la literatura de adultos va a la vanguardia. En un país como Colombia, donde el promedio de lectura es de menos de tres libros por año, incluidos los textos escolares; donde los libros que superan los 5.000 ejemplares vendidos ya son considerados exitosos, no cabe duda de que la industria editorial ha crecido más por intuición de sus protagonistas que por una verdadera exigencia de la demanda interna. Pero aún así, hay quienes aseguran que el futuro editorial en Colombia, a pesar del frenazo de los últimos años, es más positivo de lo que muchos piensan. La ley general de educación, que contempla un incremento considerable en la participación del Estado en la compra de libros de texto, así como la generosa ley del libro, que incluso fue recomendada para su adaptación internacional en el último Encuentro Mundial de Editores, realizado en Barcelona, dan motivo para que así sea. "En Colombia las compras del Estado representaban apenas un 3 por ciento del mercado, cuando en Argentina la participación es del 11 por ciento y en Brasil del 20 por ciento. Si el Estado colombiano, como lo prevé la ley, aumenta su participación, habrá dinero suficiente para impulsar sectores más deprimidos, como el científico y el literario", comenta Gonzalo Arboleda. "El apoyo del Estado ya se vio con la ley del libro, dice Carmen Barvo, directora de Cerlalc. Ahora falta el apoyo de los medios de comunicación y de las propias librerías, pues el lector sólo compra cuando se le brinda orientación, una práctica que aún no se ha desarrollado como toca". En última instancia todos parecen estar de acuerdo en que en una época de estímulo a la industria hace falta el estímulo fundamental: el de la lectura. Será la única forma en que la industria editorial colombiana se convierta de verdad en una potencia.
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