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| 9/11/1989 12:00:00 AM

A LA FIJA

Con estas dos cintas, el cine de acción sigue de moda.

"Karate Kid III, el desafío final".
Dirigida por John Avildsen.
Protagonizada por Ralph Macchio y Pat Morita.
Uno de los mitos cinematográficos más populares de los últimos años gira alrededor de dos personajes curiosos, un joven delgado y aparentemente débil que se muda de ciudad con su madre viuda, y un anciano japonés que lo toma bajo su protección, en medio de situaciones llenas de simbolismos y alusiones a la espiritualidad que puede caber en las artes marciales. En la primera película, el muchacho desafiaba la ira salvaje de un grupo de asesinos en potencia y ganaba en esa emocionante escena final cuando,con una pierna rota, se yergue como un pelícano y derrota al otro. En la segunda, el joven Daniel acompaña a su maestro hasta la pequeña aldea pesquera japonesa, donde un antiguo rival está acabando con todos. La película ahonda en las diferencias naturales que existen entre ambas culturas.Ahora, en un giro que sorprende a lo espectadores, el muchacho se aparta de las enseñanzas del anciano y se lanza a una carrera suicida para obtener un premio y aceptar el desafío desatinado que le han lanzado. Según el director Avildsen (uno de los más brillantes artesanos de Hollywood, con películas como la primera "Rocky "," La fórmula" y " Vecinos"), la transformación síquica y física del personaje interpretado por Macchio (un joven actor descubierto por Coppola), su madurez evidente y la misma confrontación con los valores que ha venido aceptando durante estos años, abren nuevas posibilidades a una crónica que nació el día en que el productor Jerry Weintraub miró en la televisión un informe sobre el caso de un niño a quien todos agreden en la escuela, hasta cuando el padre le enseña artes marciales y puede defenderse de los más fuertes. Para un sociólogo, el incremento en el aprendizaje de las artes marciales tiene mucho que ver con estas historias de Karate Kid.

"Con licencia para matar".
Dirigida por John Glenn. Con
Timothy Dalton, Carey Lowell,
Talisa Soto y Robert David.
Esta es la decimoséptima película que se realiza con el personaje de James Bond, creado por el escritor británico Ian Fleming en el verano de 1952. El nombre lo tomó de un famoso ornitólogo. En esta ocasión James Bond es más cruel, más violento y también más destructor porque ya no pelea en nombre de Su Majestad, sino para vengarse de quienes mutilaron a su amigo Félix Leiter y asesinaron a su recién desposada mujer. Muchas cosas han cambiado desde la primera película de esta serie, "Dr. No", filmada en 1962 y lanzada con relativo éxito mientras los espectadores se acostumbraban al humor negro, la sofisticación, los profundos conocimientos y esa autosuficiencia que hace que las mujeres se rindan ante su cama. El actor Timothy Dalton es el cuarto que interpreta el personaje después de Sean Connery, el original, con siete películas (aunque su papel en "Nunca digas nunca jamas" no es reconocido oficialmente por los "bondianos"), George Lazenby (sólo hizo una) y Roger Moore, quien durante trece años hizo de todo en siete películas. La ingenuidad, cierto altruismo y el patriotismo de las primeras películas han cedido ante la malicia, la violencia que es capaz de utilizar un tiburón para mutilar a los enemigos y, sobre todo, como es el caso de esta última, ante la presencia de los narcotraficantes colombianos, quienes dominan toda la Florida y las islas del Caribe, encabezados por Franz Sánchez (el actor David siempre había interpretado papeles de terrorista en series de televisión), quien tiene un curioso parecido con el general Noriega y tiene su base de operaciones en Ciudad Istmo, obviamente Panamá, donde el mismo presidente acude mensualmente a sus oficinas en busca del cheque.
Aunque algunos fanáticos del personaje se sienten incómodos con la frialdad y el tono en ocasiones teatral, con los cuales Dalton interpreta su héroe, nadie puede negar que aquí las emociones abundan: una avioneta alzada por un helicóptero, una loca carrera de camiones por un camino estrecho y cargados de gasolina, un tiburón que devora agentes secretos y soplones, dos mujeres tan hermosas y sensuales como Carey Lowell y Talisa Soto, millones de dólares untados de sangre, un predicador que sostiene una colonia de lunáticos para disimular los laboratorios de droga y la sensación de que el director Glenn sabe lo que hace. Por algo, trabajó como director de las escenas más memorables en anteriores películas de Bond, cuando apenas estaba comenzando.


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