Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 7/22/1996 12:00:00 AM

LA FUERZA DE LOS SIMBOLOS

RAFAEL ORTIZ EXAMINA LA POPULARIDAD DE LOS PAISAJES., 29489

La pintura de paisajes como expresión artística es mucho más reciente en el país de lo que se podría pensar a primera vista. Se conocen unos pocos casos aislados producidos en los siglos coloniales y otros cuantos realizados a lo largo de la centuria pasada, pero se trata de excepciones dentro de la producción de artistas más convencidos sobre la trascendencia pictórica de la religión, la historia, las costumbres y el retrato, o son trabajos que hacen parte de proyectos con intenciones científicas. Solo a finales del siglo XIX la pintura de paisajes adquirió categoría artística en Colombia. La representación de paisajes, sin embargo, ha gozado desde entonces de gran aceptación convirtiéndose en una de las modalidades predilectas de los pintores y coleccionistas del país. Aparte de los artistas de La escuela de la Sabana, quienes se dedicaron casi exclusivamente al paisaje, no hay pintor colombiano que se respete con excepción naturalmente de los abstractos que tarde o temprano no haya sucumbido ante la tentación de expresar su raciocinio o su sensibilidad a través de la representación de los espacios de la naturaleza. Esta popularidad del paisaje ha trascendido los círculos artísticos extendiéndose a medios menos sofisticados como el de la artesanía, donde no es difícil encontrar cerámicas, cocos, conchas y totumas decoradas con románticos atardeceres; y también como la pintura de la calle, esa que se ofrece en parques y andenes, al sol y al agua, y en la cual los idílicos rincones son igualmente un motivo predilecto. Pues bien, este último tipo de paisajes es el que ha servido de inspiración a Rafael Ortiz para la exposición que presenta en la galería El Museo. En ella reproduce paisajes populares, pero lejos de estilizarlos o de embellecerlos, se concentra en su contenido simbólico, en el significado que inconscientemente se le otorga a sus principales componentes, logrando de esta forma subrayar valores y expectativas de la sociedad contemporánea, así como poner al descubierto algunas razones de la fascinación que la pintura de paisajes ejerce sobre el público. El hecho de que la casa, el árbol y el río sean los protagonistas de estas representaciones ha permitido que Ortiz les conceda rango y condición de símbolos, de iconos con un significado bastante preciso en la conciencia colectiva. La casa, por ejemplo, representa el lugar de la luz encendida que contiene tanto bondades y poesía como humor y poder; el árbol representa la raíz, la tradición, lo inamovible, aunque también el fruto y las malformaciones; y el río representa el comienzo, lo inevitable, el tiempo, pero también las contradicciones y lo tormentoso. Podría inclusive otorgársele a cada una de estas obras un significado emblemático teniendo en cuenta la posición de dichos elementos y adjudicándoles uno u otro de los significados mencionados. Rafael Ortiz, en conclusión, aporta una interpretación nueva para la pintura de paisajes y se interna en ella, pero no como homenaje a la naturaleza ni con el ánimo de producir placer estético, sino con la intención de remitir a reflexiones que iluminen a la sociedad sobre las causas de su irreflenable vocación por los paisajes. Es decir, los argumentos de sus pinturas son sociales y hacen gala de una enfática contemporaneidad.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.