Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1996/07/29 00:00

LA GRAN VIA

CON EL PROYECTO DE RECUPERACION EN LA AVENIDA JIMENEZ, BOGOTA DA EL PRIMER PASO HACIA EL RESCATE DEL ESPACIO PUBLICO., 29565

LA GRAN VIA

Detrás del consenso de que Bogotá es una ciudad fea, caótica y sin identidad existen años de atropellos contra una urbe De incomparable riqueza paisajística, regada por 35 quebradas (hoy convertidas en alcantarillas), enmarcada por cerros espectaculares y trazada con todos los parámetros señoriales de las ciudades españolas. Hoy no existe nada de esto, pero los urbanistas creen que todavía no es demasiado tarde para recuperar el espacio público, esa cosa intangible que empieza a tener carta de ciudadanía desde esta administración. Tal vez sea ese concepto la clave para devolverle el oxígeno a una ciudad asfixiada por un progreso que siempre fue dirigido por la torpeza, la prepotencia y la ignorancia. Como dice el arquitecto Rogelio Salmona: "La ciudad en Colombia ha sido maltratada. Sus habitantes expulsados y abandonado su espacio público, la esencia de la ciudad se ha vuelto residual. Hemos construido la ciudad no como en antaño, a partir de las necesidades colectivas o simbólicas, sino a partir de la imposición de la rentabilidad, de la valorización y del lucro. Es una anticiudad que se ha desarrollado olvidando que la espacialidad de la ciudad es la ciudad misma. Por el contrario, el espacio se convirtió en un vacío, en un antilugar", Pero a partir de este año la administración distrital y el Instituto de Desarrollo Urbano IDU, con su plan 'Formar Ciudad', han decidido coger por los cuernos el monstruo en que se está convirtiendo una ciudad sin parámetros ambientales ni urbanísticos a la hora de construir sus obras públicas, sin importar los estragos que dejan a su paso construcciones sólo concebidas en términos de funcionalidad. El ambicioso proyecto de recuperación del espacio público en Bogotá cuenta ya con un presupuesto de 650.000 millones de pesos, según Jaime Barrero, gerente de Proyectos de Espacio Público del IDU. Las obras girarán al principio sobre dos ejes ambientales de características diferentes. El primero es la reorganización de uno de los sectores más queridos por los capitalinos pero también más deteriorados: la carrera 15 entre calles 72 y 100. Esta zona, que todavía se conoce como rosa, cada vez ve más oscuro su futuro. La idea inicial fue pasar un tranvía por su trazado para descongestionarla, sin embargo este proyecto ya está descartado. Lo que el IDU intenta ahora es convertirla en un gran centro comercial de cielo abierto. Para hacerlo habrá que poner en cintura las más de 70 rutas de buses piratas que han invadido el sector. El otro punto será la construcción masiva de parqueaderos subterráneos para que los carros no obstruyan la vía. El proyecto será redondeado con la construcción de andenes y una completa arborización que le devolverá el encanto a esta zona comercial. Pero la intervención urbanística que tal vez ha llamado más la atención del público es la recuperación de la Avenida Jiménez. Y no es para menos, pues seguir las curvas de esta vía equivale a pasearse no sólo por la historia de la capital, sino por la memoria de Colombia. Por sus características, los trabajos estarán divididos en dos etapas manejadas por distintas firmas de arquitectos. La primera parte es la comprendida entre el piedemonte de los cerros tutelares de Monserrate y Guadalupe hasta la carrera décima. La propuesta de los arquitectos Luis Kopec y Rogelio Salmona es devolverle a esta zona su relación original con el paisaje y su entorno, corrientes de agua, vegetación y luminosidad. Por esto rescatarán las aguas de la quebrada San Francisco, una fuente natural que baja de los cerros pero que fue sepultada en los últimos años, como la mayoría de las quebradas de la ciudad, bajo el asfalto donde se mezcla con aguas negras antes de desembocar finalmente en el río Bogotá. Los arquitectos pretenden que este canal de dos metros y medio de ancho y 25 centímetros de profundidad, por el que correrán aguas cristalinas hasta el momento desperdiciadas, cumplirá con la poética idea de recordar la corriente original que le dio su forma sinuosa a la avenida. Un gran paseo conformado por un sistema de andenes, senderos, ramblas, casi 3.000 parqueaderos subterráneos y una plaza alargada terminarán por recobrar el espacio público del sector. Así la vegetación de los cerros podrá internarse en esta zona eminentemente cultural, donde existen más de 20 centros universitarios. Por todas estas características el arquitecto Alberto Saldarriaga considera que este proyecto es "una intervención con dimensiones poéticas que contrasta con el sentido prosaico de casi todas las demás que se realizan por lo general en la ciudad". La segunda etapa será la manejada por la firma Fernández y Fernández, de los arquitectos Fernando Jiménez, Antonio y Beatriz Fernández. En ella se recuperará el sector que va de la carrera décima a la Estación de la Sabana y que antiguamente se conoció como el Paseo Colón. Obviamente, las dimensiones del problema aquí son de otras proporciones. Mientras el anterior tramo tiene un carácter institucional y administrativo, este segundo está movido desde tiempos de la colonia por el comercio, tal vez uno de los más intensos del país. Y está mucho más deteriorado que el anterior, a lo que se le añade el problema social de la zona de San Victorino. Sin embargo hay soluciones y atractivos a la vista, como lo demuestra el estudio de esta firma. Por ejemplo, fuera de la Estación de la Sabana, estos investigadores han llegado a contabilizar 60 monumentos menores, como las bodegas de café de Depósitos Santa Fe, el Instituto Técnico Central, el Hospital San José y otros. La idea es recuperarlos y que el centro histórico se extienda hasta esta zona olvidada. También se construirá entre la estación y el hospital un gran parque. Pero para que esta zona recupere su ritmo es necesario romper las barreras que se han levantado en sus vías y que han creado al interior islas y guetos deprimidos. Permitiendo una libre circulación por el sector, los arquitectos esperan que el equilibrio retorne con la ayuda de una intensiva iluminación y arborización. Estos grandes proyectos urbanísticos seguramente serán más que el maquillaje de los grandes atropellos contra al espacio público. Respetando el pasado para enfrentar el presente intentarán soluciones radicalmente definitivas. Un acto sin duda heroico que los bogotanos tendrán que vigilar muy de cerca, pues en materia de planes urbanísticos no existe una frase más cierta que aquella según la cual una imagen vale más que mil palabras. n La ciudad se maltrató y el espacio se convirtió en un antilugar La quebrada San Francisco volverá a correr por el centro de Bogotá u Puente de Las Latas, siglo XIX u Puente carrera séptima, siglo XIX u Plaza de San Victorino, 1895 u Plaza de San Victorino, 1938 u San Victorino, 1996 Recuperación Avenida Jiménez ramo: Piedemonte de los cerros-Carrera Décima Arquitectos: Luis Kopec y Rogelio Salmona. Estos son algunos de los pasos más importantes de la recuperación del espacio público de esta avenida, después de los cuales se convertirá en un agradable paseo petaonal completamente iluminado y arborizado: 1. Recuperación de la quebrada San Francisco 2. Terrazas San Alejo: 1.000 parqueaderos subterráneos, Mercado de las Pulgas, feria artesanal, zona de fritanguerías 3. Quinta de Bolívar: recuperación y dignificación del entorno 4. Futuro Centro Nacional de las Artes 5. Academia de la Lengua: recuperación del entorno. Se unirá con el Parque de los Periodistas 6. Parque de los Periodistas: recuperación y construcción de un lago 7. Carrera Tercera: 1.000 parqueaderos subterráneos 8. Plazoleta Universidad del Rosario: recuperación. Se articulará con el Parque Santander y la Plaza de la Gobernación 9. Parque Santander: recuperación 10. Plaza de la República: construcción de una plaza alargada; 1.000 parqueaderos subterráneos.

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