Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2002/05/06 00:00

La habitación del pánico

Meg Altman y su hija se encierran en un cuarto secreto para salvarse de tres intrusos: el director de ‘Seven’, David Fincher, las observa.

La habitación del pánico

Director: David Fincher
Protagonistas: Jodie Foster, Forest Whitaker, Jared Leto, Kristen Stewart Es un cuarto a prueba de todo. Nadie, aparte de sus dueños, puede entrar en él. Siempre, desde la Edad Media, ha existido para protegerse de los demás hombres, pero sólo hasta ahora, en nuestro tiempo, se ha construido para salvarse de la violencia de secuestradores, terroristas y otros intrusos armados. Se llama ‘la habitación del pánico’ y Meg Altman y su hija están encerradas ahí y se mueren de miedo porque justo ese día, cuando acaban de mudarse, tres intrusos han entrado a su inmenso apartamento en Nueva York y todo parece indicar que no se irán hasta que encuentren lo que están buscando. Es muy tarde en la noche. Están completamente solas. Ese es el punto de partida de La habitación del pánico, una película asfixiante, oscura, escalofriante, que el estupendo director de Seven y El club de la pelea, David Fincher, ha filmado con la esperanza de traumatizarnos: si era difícil entrar a la ducha después de haber visto Psicosis y ninguna paloma parecía pacífica cuando se pensaba en Los pájaros, si era duro quedarse solo y oír ruidos y conocer personas nuevas una vez había terminado la proyección de Sexto sentido y costaba mucho entrar al mar por culpa de las primeras escenas de Tiburón, ahora, gracias a la cara de horror de Jodie Foster, al pulso narrativo de Fincher y a la envolvente música de Howard Shore, desde ahora será toda una proeza quedarse encerrado dentro de una habitación o levantarse a tomar agua a medianoche. Eso es La habitación del pánico: una pesadilla, una prueba del poder del cine y de lo que se tiende a buscar cuando se entra en la oscuridad del teatro. Si uno intentara analizarla, si pensara a fondo en su historia y en la resolución de sus hechos, quizá concluiría que es una película engañosa, pero como el acuerdo desde el comienzo es otro, el de sentarse ahí a recibir toda esa angustia, sería injusto discutir su verosimilitud y el limitado talento de esos tres criminales que tratan de violar la entrada de aquel extraño cuarto dotado de lo necesario para que quien se vea acorralado pueda permanecer días y días encerrado en él. David Fincher sabe lo que hace. Por eso Jodie Foster, una de las mejores actrices de hoy y al tiempo una directora inteligente y sensible, aceptó de inmediato el encargo de reemplazar a Nicole Kidman en el agotador papel de Meg Altman. La habitación del pánico, como Seven, es una buena película de suspenso. No pretende ser otra cosa. No es, como El club de la pelea, una extraordinaria crítica a la manera como nacen, crecen y decaen las sociedades y por eso no dividirá a los públicos del mundo, pero le rinde cuentas al cine de Hitchcock, cumple a la perfección con su única promesa, la de traumatizarnos, y nos recuerda, de paso, que nos hemos acostumbrado a la paranoia como si se tratara de una simple cuestión de supervivencia.

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