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| 8/7/2000 12:00:00 AM

La herencia de El Dorado

La exposición ‘Oro-arte prehispánico de Colombia’ presenta de manera novedosa los alcances estéticos del arte precolombino.

Por lo general las exposiciones sobre temas precolombinos suelen enfocarse desde el punto de vista de la arqueología. Los objetos se agrupan alrededor de mapas y esquemas didácticos, en los cuales se explica la manera como fueron encontrados, los usos que les daban quienes los fabricaron, las técnicas que emplearon para dominar la materia y transformarla y la época de la que datan las piezas.

Esta vez el Museo del Oro decidió reunir 180 objetos de orfebrería y cerámica precolombina y mostrarlos como lo que también son: obras de arte. Y no de ‘arte primitivo’, como por lo general se las quiere hacer ver, sino de Arte con mayúscula, donde aparecen conceptos muy avanzados acerca del significado de lo figurativo, lo abstracto, la capacidad de síntesis y el manejo de las formas y los colores.

Muchas de las ideas que gobiernan el arte moderno están presentes en los diseños que desarrollaron hace más de 500 años los pobladores de Colombia. De hecho, un buen número de artistas y diseñadores del siglo XX se han volcado hacia el arte precolombino para recrearlo en sus pinturas y esculturas. Tal es el caso de la última etapa de Olga de Amaral, quien se inspiró en la cultura inca, y de la serie que Edgar Negret le dedicó a la arquitectura de Tierradentro.



Abstractos precolombinos

Esta muestra, que ocupa la sala del primer piso del Museo, estará abierta hasta febrero de 2001 y ha sido agrupada en cinco grandes temas: La gente dorada, Los animales fabulosos, El hombre animal, Abstracción y naturaleza y El universo de las formas. Quienes la siguen en orden descubren la capacidad de estos artistas para interpretar la realidad y transformarla desde un primer paso en el que es más que evidente la imitación de la figura humana y la naturaleza hasta lograr grados de abstracción y síntesis propios del arte y del diseño modernos.

Efraín Sánchez, Luz Alba Gómez y Sonia Archila, curadores de la exposición, consideran que “en la orfebrería prehispánica de Colombia no existe antagonismo entre la representación abstracta y la naturalista o figurativa. En las piezas más abstractas hay referencias directas a la experiencia sensorial y aun en las formas más realistas hay cierto grado de independencia del mundo real”. Esto se hace palpable en las representaciones de figuras de animales. Algunos de ellos son fáciles de identificar mientras que otros parecen creados por la imaginación de los orfebres. La combinación de hombres y animales (hombre-jaguar, hombre-simio, hombre-pez, hombre-ave) son, de acuerdo con la opinión de los etnólogos, representaciones de las distintas transformaciones de los chamanes.

Otra de las grandes virtudes de los orfebres y ceramistas era su habilidad de sintetizar. Con muy pocos elementos eran capaces de designar complejos principios cosmológicos. Así, un círculo de oro sin ninguna clase de ornamentación representa al sol y todo lo que éste siempre ha significado en la cultura de los pueblos indígenas de América.

Para las culturas precolombinas el oro significaba mucho más que su simple valor material. También era un vehículo que les permitía trascender, acercarse al mundo espiritual, a los dioses. “Tesoros de artes extraños, exquisitamente trabajados”, producidos por “el genio sutil de hombres de tierras distantes”, capaces de maravillar en 1520 al gran artista alemán Alberto Durero y que hoy día también lo hacen con quienes entran en contacto con estos testimonios de estas culturas ya desaparecidas.
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