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| 4/17/2010 12:00:00 AM

La Iglesia abre sus bóvedas

Buena parte del arte religioso colombiano no ha sido visto por ojos profanos. Las congregaciones han sido históricamente reacias, pero las cosas están cambiando y ahora comienzan a abrir sus bóvedas.

En 1938 el pintor colombiano Santiago Martínez Delgado se topó por casualidad con una Madonna original de Rafael de Urbino, que estaba colgada en una tienda de Fontibón. La obra había sido parte de la colección del convento de San Agustín -una de las joyas arquitectónicas de Tunja- y terminó allí porque uno de los monjes se la llevó a la casa de su familia durante alguna de las guerras civiles del siglo XIX. Probablemente fue un sobrino quien dispuso del cuadro como una vulgar pintura decorativa, y el Rafael fue durante décadas un tesoro clandestino. Una vez revelado el secreto, sin embargo, se armó 'el lío de la Madonna', de donde proviene la famosa expresión.

La conocida anécdota sirve bien para ilustrar el escaso conocimiento que el público colombiano, los museos y las mismas comunidades eclesiásticas tienen del arte que descansa en las bóvedas de las iglesias. Es difícil conocer a ciencia exacta las cifras porque no hay un inventario riguroso de las piezas, pero el historiador Jaime Borja, uno de los curadores de la espléndida exposición Hábeas Corpus -actualmente en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá-, estima que al menos un tercio de las piezas se encuentra en las colecciones de las comunidades religiosas, otro tercio en museos y el último en manos privadas.

Algunos curadores, directores de museo y especialistas en arte religioso dentro de las comunidades están realizando un esfuerzo inédito por lograr que las obras sean expuestas. Medellín y Bogotá llevan la batuta en la transformación de la mentalidad que la Iglesia en Colombia ha tenido hacia el patrimonio cultural que posee.

Las exposiciones Hábeas Corpus y El cielo en la tierra, en el Museo de Arte del Banco de la República de Bogotá y en el Museo de Antioquia, respectivamente, son los primeros pasos. "Lo más difícil de todo el proceso fue lograr que se hicieran los préstamos de las pinturas barrocas. Las conversaciones fueron muy largas y muy complejas", afirma José Alejandro Restrepo, artista y otro de los curadores de Hábeas Corpus. Jaime Borja añade: "Hay que tener mucha paciencia. El apoyo institucional del Banco de la República fue fundamental para generar confianza en las comunidades".

Los religiosos temen que al exponer las obras se conviertan en carnada para los ladrones. "Las parroquias han sido víctimas históricas de asaltos. Es importante que entiendan que en la medida en que el patrimonio se haga público, en que se conozca y se divulgue, se puede contribuir a formular políticas de protección más fuertes", afirma Conrado Uribe, coordinador de curaduría del Museo de Antioquia. "Mientras que si se desconoce, nos damos cuenta de que con el tiempo se pierden pinturas".

Las arcas de la alianza

El Museo de Arte Religioso de Santa Fe de Antioquia, que guarda más de 300 piezas patrimoniales que incluyen esculturas, tallas en madera, objetos de orfebrería religiosa en plata del siglo XVII y una colección de pintura con obras españolas y colombianas, estará cerrado por lo menos hasta la Semana Santa de 2011, por falta de mantenimiento. "Los techos del edificio están en mal estado -afirma Carlos Ferrer, su director-, tanto, que a ello se debe el cierre temporal".

El museo depende de la Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia, que carece de los recursos necesarios para realizar las reparaciones de manera expedita. Las piezas serán llevadas a la Arquidiócesis, donde no podrán ser expuestas a las 380 personas que visitan el museo cada mes.

La alianza entre instituciones puede ser la clave para superar problemas como el que se ha presentado con el museo de Santa Fe. El Museo de Antioquia y la Arquidiócesis de Medellín adelantan un convenio de varias fases para llevar al público las obras de arte y apoyar a la Iglesia en el trabajo museográfico. "Las primeras dos fases consisten en exposiciones de pequeño formato -afirma Conrado Uribe-. La segunda fase sería el levantamiento de un estado de conservación, inventario y registro fotográfico de las cuatro iglesias centrales de Medellín: la Catedral Metropolitana y las iglesias de Candelaria, Veracruz y San Juan de Dios".

La muestra El cielo en la tierra es un ensayo que busca fortalecer la confianza de la Iglesia hacia el Museo de Antioquia. Por ello la muestra es de tan solo 12 piezas. El padre Jader Gómez, jesuíta con doctorado en Historia del Arte y miembro de la Junta de Arquitectura y Arte Sacro, señala que "esta fue una exposición de formato pequeño porque es la primera. A finales de año haremos una más grande. El objetivo final es poder hacer el primer museo de arte religioso de Medellín, ojalá en la iglesia de la Veracruz, aunque esto es hasta ahora tan solo un proyecto".

La segunda etapa del convenio es igual de ambiciosa. Busca ampliar el inventario a las Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia, Rionegro y Sonsón, para una exposición de bicentenario a finales de 2010, que se hará con la participación de la Universidad Nacional, sede Medellín. El Museo de Antioquia brindará toda la asesoría para el manejo de las obras.

La alianza es novedosa y puede replicarse en otras partes del país. En Medellín ha demostrado ser la manera más eficiente de lograr que las obras que son propiedad de la Iglesia puedan ser expuestas. Integrar a las instituciones eclesiásticas a los proyectos culturales agiliza las negociaciones cuando las obras se solicitan como préstamo. Si se quiere avanzar en un camino que ojalá sea irreversible, son necesarias este tipo de propuestas estructurales y creativas.

"Temen que nosotros estemos queriendo quedarnos con las obras, pero a nosotros no nos interesa eso. Queremos catalogarlas y hacerle mantenimiento a ese patrimonio -afirma Lucía González-. Ese patrimonio no es solo de la Iglesia ni de los fieles. Está guardado en las bóvedas, y nuestro deseo es que la Iglesia entienda que es patrimonio de toda nuestra cultura".
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