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| 10/4/1982 12:00:00 AM

LA INOLVIDABLE INGRID

Desde la adolescencia, una carrera en el teatro y en el cine le valió el reconocimiento universal

El lunes los amantes del celuloide se despertaron con el amargo sabor que siempre dejan las malas noticias. La noche del domingo 29, había fallecido Ingrid Bergman, víctima del cáncer que desde hacía años venía mermando su enorme vitalidad. La seguridad que tenía sobre la proximidad de su muerte, la había impulsado a escribir su autobiografía; no por el sentimiento narcisista que abunda entre los grandes de la pantalla cinematográfica, sino por el pedido de su hijo Roberto quien le había dicho, temiendo su muerte repentina: "madre, comprenderás que, cuando mueras, muchas personas se lanzarán a escribir tu biografía, basándose en los datos que proporcionarán las revistas de chismes, los rumores y las entrevistas periodísticas. Y nosotros, tus hijos, no podremos defenderte, porque ignoramos la verdad. Me gustaría que escribieras tu vida" Este sincero texto, donde nos cuenta sus éxitos e infortunios, fue su último triunfo. Le ganó la carrera a la muerte, porque antes de que devorara su alma, los miles de admiradores que tenía y seguirá teniendo, pudieron tener en sus manos el relato de su propia vida.
A través de su carrera, Ingrid Bergman actuó en los más diversos papeles, tanto en el teatro como en el cine. En este último género, su sensualidad, honestidad, inteligencia y descomplicadas maneras, han quedado grabadas para siempre. Para la inevitable pregunta que interroga por la película en donde su actuación fue más brillante, habrán miles de respuestas encontradas. Para algunos es "Casablanca", estrenada en 1942, donde actúa junto a Humphrey Bogart, filme que hoy en día se ha convertido en un clásico, en un culto y en una leyenda. Para otros es "Anastasia", donde encarna a Anna Tschaikowsky, joven desorientada y confusa; con ella gana su primer Oscar.
Pero también están los que prefieren por sobre todas, su actuación madura en "Sonata Otoñal" filmada por su compatriota Ingmar Bergman. Muchas son las escenas inolvidables para quienes han mantenido un sentimiento de física pasión por esta mujer de voluntad inquebrantable. Cómo poder olvidar tomas como la que logró el genio de Hitchcock en "Encadenados", donde la cámara desciende, desde la araña de luces sobre una multitud en un salón de baile, hasta el cuerpo voluptuoso de la Bergman. O sus apasionados besos con Cary Grant en "Indiscreta". Realmente es inolvidable.
Desde su adolescencia tímida en Estocolmo fue atraída por la actuación. La autenticidad de su vocación la condujo hasta la conquista de Hollywood. Y aunque, como la mayoría de los famosos, en algún momento de su vida se convirtió en escándalo universal, su consagración como gran dama del cine --no diosa-- y del teatro, llegó finalmente con su época de madurez, después de haber ganado tres Oscares, amado a tres maridos y concebido cuatro hijos.
No contaremos aquí su vida, pues ella, mejor que nadie, ya lo ha hecho. Solamente queremos, con esta breve nota, rendir un póstumo homenaje a quien siempre supo mantener en alto, su vocación por el oficio del actor.
Rafael Parra Grondona.
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