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| 8/22/2009 12:00:00 AM

La jornada de la noche

La película colombiana 'La sangre y la lluvia', de Jorge Navas, ganó el poco común honor de ser estrenada en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Esta cinta, que podría hacer historia en el cine nacional, competirá por el León del Futuro, premio que se otorga a nuevos cineastas.

Es la primera película colombiana que toma este camino: en vez de foguearse en el legendario Festival de Cannes, que sabe de memoria qué tipo de largometrajes le interesan, y en vez de curtirse en el amable Festival de San Sebastián, que, según les dijo a sus productores, "suele buscar algo un poco más contemplativo" para su selección oficial, el valiente thriller urbano La sangre y la lluvia será estrenado el próximo 8 de septiembre en la siempre sorprendente Muestra Internacional de Venecia. Es un gran logro: el de Venecia es uno de los certámenes más importantes del cine mundial. Pero es, sobre todo, el camino correcto: La sangre y la lluvia, con esa crudeza que sólo se atrevían a explorar los buenos cortometrajes colombianos, parece hecha para los espectadores despiertos que se reúnen cada año en la "ciudad de los canales".

La sangre y la lluvia es el primer largometraje del cineasta caleño Jorge Navas, la primera película colombiana que se atreve a encarar el infierno de la noche bogotana, y, sobre todo, la demostración más clara de que los productores nacionales, rodeados por Proimágenes en movimiento y la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura, finalmente han aprendido la lección: dentro de poco se podrá hablar, ahora sí, de un cine nacional.

Navas, de 32 años, hace parte de la nueva generación de cinéfilos que se está tomando el cine colombiano. Un grupo que, con directores vallunos como Antonio Dorado, Carlos Moreno y Óscar Ruiz Navia, ha heredado la obsesión del llamado "grupo de Cali" por hacer cine de género en Colombia. En 1999, antes de emprender una carrera en los terrenos del cine publicitario, el documental y el videoclip, filmó un cortometraje expresionista titulado Alguien mató algo (una ficción perversa sobre una niña que quiere volverse vampira), que con el paso del tiempo se ha convertido en una obra de culto para los nuevos realizadores. Alguna vez encontró una copia pirata de su propio corto, en Bogotá, en un puesto de películas del San Andresito de la 38. Y se lo recomendaron mucho.

La sangre y la lluvia lo lleva ahora por los terrenos del cine negro. Sus dos protagonistas, el taxista Jorge y la cocainómana Ángela, conocen de memoria la lógica de pesadilla con la que avanza la noche bogotana, las leyes secretas de la secta de los taxistas, el lenguaje corporal que se debe utilizar en los prostíbulos, y se han acostumbrado a la sordidez de los barrios más peligrosos de la capital, pero no están preparados para los horrores que vendrán en las seis horas siguientes.

La sangre y la lluvia es la prueba de que los realizadores colombianos han aprendido de los errores que durante tanto tiempo cometió el cine hecho en el país: recogió pacientemente los estímulos necesarios, desde el dinero que entrega el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico en Colombia hasta el acompañamiento que ofrece el Festival de Berlín, para no perder la independencia; contó con el mismo equipo de producción de la profesionalísima Perro come perro, y ahora, consciente de que ninguna película es rentable si no tiene una vida internacional, consciente de que muchos de los principales largometrajes de cada año comienzan así su recorrido, ha conseguido el determinante aval del Festival de Venecia.

Será presentada en una sección autónoma de la muestra, 'La jornada del autor', reservada para los nuevos talentos: competirá por un premio de 100.000 dólares. Y unas semanas después, algún viernes de octubre, llegará a las salas de cine del país. n
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