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| 2/5/1990 12:00:00 AM

LA LEY DEL MONTE

Nueva York, la jungla de cemento, escenario de la lucha de un hombre por que se haga justicia.

La ley del monte
El protagonista de esta historia violenta y tensa se llama Eddie Dodd. Es un abogado criminalista, usa el pelo largo y chaquetas de pana, tiene la oficina en la zona más peligrosa de Nueva York, cuenta con la asistencia de un joven romántico que salió hace poco de la universidad y una muchacha que investiga en los sitios más insospechados. Eddie Dodd es toda una leyenda en los juzgados y tribunales y precintos de policía, porque los últimos años los ha dedicado a defender a narcotraficantes y otros delincuentes, empujado sólo por las altas tarifas que cobra, contagiado ahora por la basura que lo rodea.
Varios años atrás, Eddie Dodd era otra persona. Tenía la misma apariencia física, pero sus clientes eran otros: hippies, muchachos que rechazaban el enlistamiento para ir a la guerra, intelectuales arrestados durante las sangrientas manifestaciones contra el presidente Lyndon Johnson, chicanos y negros y latinos y asiáticos detenidos por no tener permiso para trabajar en la cocina pestilente de un restaurante. Dodd era un renegado.Iba contra la corriente. Cobraba poco, vivía mal pero era el ídolo para miles de desposeídos de Nueva York que acudían a su oficina para que los sacara de la cárcel, pagara sus fianzas y los liberara de un fiscal detestable y racista. Aparentemente, ese pasado intelectual y romántico ha quedado atrás, porque ahora el abogado sólo defiende a traficantes de droga que le pagan pronto y bien. Hasta cuando una noche aparece en su oficina una mujer coreana en busca de ayuda: el hijo, detenido por un crimen que no cometió, lleva ocho años en la cárcel y acaba de asesinar a otro recluso.
El personaje de Eddie Dodd está basado en uno de los personajes más fascinantes de la década de los sesenta en los estrados judiciales norteamericanos, J. Tony Serra, apóstol de la contra-cultura, vocero de las minorías que eran aplastadas por las porras y los perros de los policías en universidades y esquinas. Era una temporada tremenda, llena de sangre e ilusiones y Serra estaba ahí, abogando por esos muchachos, quienes gracias a la astucia del otro que le permitía encontrar un resquicio jurídico para derrotar a la Fiscalía salían golpeasos pero libres.
Serra era epicentro de una temporada como pocas en la historia, durante la cual los Panteras Negras hicieron de las suyas y se eclipsaron Tom Hayden emergió como campeón de los derechos civiles, Kennedy Y King y el otro Kennedy fueron asesinados cuando la Constitución se convirtió en la única defensa de los débiles. El protagonista de "Solo ante la ley", interpretado con humor y desenfado por James Woods (uno de los mejores actores actuales), está alimentado por la imagen de Serra y la película se convierte en un alegato a favor de las minorías, con un retrato ácido de un sistema judicial averiado por muchos prejuicios. El suspenso la tensión, el hallazgo de pruebas y testigos, el ritmo trepidante, los personajes, la atmósfera irrespirable convierten el trabajo del director Ruben en una muestra interesante de ese nuevo cine norteamericano más personal y más agresivo.
Para los directores y guionistas cinematrográficos, Nueva York es el escenario ideal y esta película, compuesta por tres crónicas sentimentales y familiares así lo demuestran. Scorsese, quien ha utilizado distintas zonas de la ciudad para películas ateriores (bastaría citar sólo dos de ellas, "New York, New York" y "Calles peligrosas" ambas con De Niro) , cuenta el infierno que viven un pintor y su amiga mientras la creación y el sexo los devoran. (Nick Nolte y Rossane Arquete son los actores, frenéticos bajo la fotografía de Nestor Almendros), Coppola narra las aventuras de una niña millonaria inventándose fiestas fabulosas para alejar el tedio y la soledad (su hija Sofía escribió el argumento, su padre Carmine la música, su hermana Talia Shire es la protagonista y Vittorio Storaro es el fotógrafo, moviéndose en zonas sofisticadas y bellas de Manhattan), mientras Woody Allen regresa a sus raíces edípicas para narrar con humor negro las relaciones de un hijo atribulado con una madre anciana y posesiva con los tonos ocres y mesurados del fotógrafo Sven Nykvist. Por encima de los directores, por encima de los actores y técnicos, por encima de los personajes y sus dramas está la ciudad de Nueva York, zonas específicas, hábitats marcados por la nostalgia el erotísmo, la alegría y el cine mismo.
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