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| 7/30/1990 12:00:00 AM

LA LEY DEL MONTE

Los empresarios del espectáculo se asocian para pedir mejor trato por parte del Estado para ellos y sus artistas.


Un nuevo impuesto, sumado a los ya existentes, rebasó la copa. Si a los 58 trámites que debe adelantar de oficina en oficina un empresario de espectáculos colombiano, para presentar a un artista extranjero, se suma el cúmulo de impuestos que deben cubrirse al fisco, es un milagro que todavía alguien venga a mostrar su arte al país, y más aún, que existan empresarios capaces de medírsele a semejante via crucis.

A fin de impulsar la actividad cultural, reducir a proporciones humanas la inacabable tramitología, racionalizar el monto de los impuestos, facilitar la importación de elementos de trabajo y convertir la Ley del Artista en una legislación que toque la realidad, acaba de despegar Andes (Asociación Nacional de Empresarios del Espectáculo). Bajo la dirección ejecutiva de Patricia Uribe y una junta directiva integrada por Gloria Zea, Fanny Mikey, Ismael Arensburg, Mario Fernando López y otras personas que trabajan en el medio del espectáculo, el gremio de empresarios decidió agruparse y analizar hombro a hombro con las autoridades gubernamentales, los problemas que están afectando al medio, a fin de buscar soluciones que convengan a todas las partes, ceñidas eso sí, a marcos realistas.
Un breve vistazo a la actividad que debe desplegar un empresario para presentar un artista en Colombia y el calvario que debe pasar el artista para trabajar en nuestro país, se resume en estas líneas.

Para comenzar, este es el único lugar del mundo donde un artista debe probar que es artista, presentar ante las autoridades un certificado de buena conducta -como si fuera un escolar- y hacer una presentación ante el DAS para que allí se cercioren de que no es una "ficha". Poco importa si se trata de Jehudi Menuhin o Plácido Domingo. O cumplen las normas, o no pueden actuar.

Once pasos debe adelantar un artista o su representante para conseguir una visa de cortesía o temporal de trabajo, pues Colombia no cuenta con visas para artistas, como el resto del mundo. Obtenida ésta, siguen siete pasos más para legalizar su ingreso al país y 22 adicionales para efectuar una presentación ante el público, entre ellos la desobligante y dictatorial norma de que el artista foráneo debe darle "chisga" al criollo para compartir honores en el escenario. Pero la lista continúa. Contabilizados ya 40 trámites, siguen seis aduaneros, cinco más entre los cuales se incluye una presentación donde el artista no puede cobrar un centavo, requisito que contraviene todas las leyes laborales vigentes en el mundo. Por esta norma, varios artistas entre ellos Elly Ameling se negaron a venir a Colombia. En tal caso, el Estado debería subvencionar la presentación con los impuestos que recibe para que el público asistiera gratis, pero al artista debe pagársele su trabajo. Pero si se concreta una presentación televisiva, quedan todavía trámites para alcanzar los 58 que rigen. Y si no es un sólo artista sino una orquesta, hay que multiplicar los 58 pasos por el número de intérpretes visitantes. Una odisea que podría figurar en el Libro de Récords Guinness.

Pero aquí no acaba el asunto. En materia de impuestos no existe otro país en el mundo, donde el artista deba pagar al fisco hasta el 40% sobre el valor del contrato. Aquí sí. Además, se exige un 10% sobre el valor de taquilla (llénese o no el teatro), un 10% adicional para Coldeportes, entre el 5 y el 10% de impuesto de Beneficencia y un 12% más sobre el valor del contrato con el artista por concepto de impuestos de giro. Lo anterior permite comprender por qué el costo actual de boletería en algunos espectáculos alcanza siete, diez y hasta más de 15 mil pesos, sin contar los gastos del empresario por concepto de publicidad. Obviamente el "paganini" viene a ser el público que en los últimos tiempos está dejando las salas semivacías.

Sobra anotar que debe existir una ley que proteja al artista, pero la que existe es un mamarracho donde, entre otras perlas, se exige a figuras como Rafael Puyana, Fernando Botero, o Enrique Grau, estar carnetizados, so pena de no poder mostrar su arte en el país. Todos aceptan que hay que pagar impuestos, pero en forma razonable. De igual manera el Estado debe fiscalizar a quien ingresa al país y a qué viene, pero no con ese cúmulo de exigencias.

Se trata en síntesis, de que el Estado facilite la actividad cultural con normas y legislaciones que se ciñan a criterios definidos, realistas y coherentes, que lejos de desestimular el trabajo de artistas y, empresarios, de facilidades a todos, y permitan precios cómodos para los espectadores.

Ahora que mucho se habla de la apertura económica, bienvenida sería también la apertura cultural que brindara beneficios a los trabajadores, al público y no tantos al Estado.-- María Teresa del Castillo
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