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| 6/9/2003 12:00:00 AM

"La literatura que aspire a ser original no es literatura"

SEMANA habló con Ramón Cote, el poeta colombiano que acaba de ganar el Premio de Poesía Casa de América por su libro 'Colección privada'.

Ramon Cote Baribar heredó de su padre, Eduardo Cote Lamus, el oficio de poeta. Sin embargo este cucuteño, nacido en 1963, también tiene otras ocupaciones: es historiador del arte, publicista y profesor universitario. Ha publicado varios libros de poesía (entre ellos Poemas para una fosa común de 1983, El confuso trazado de las fundaciones de 1991, Informe sobre el estado de los trenes en la antigua estación de Delicias de 1992 y Diez de ultramar de 1992) y un libro de prosa titulado Páginas de enmedio, de 2002.

La semana pasada Cote ganó el prestigioso premio Casa de América en Madrid por su libro Colección privada, una obra en la que les hace un homenaje a sus pintores favoritos a través de la poesía. SEMANA habló con él sobre su oficio.

SEMANA: ¿Qué diferencia hay entre sus otros libros de poesía y 'Colección privada'?

Ramon Cote: En mi anterior libro, Botella Papel, escribí poemas sobre los oficios y los objetos que están o han desaparecido de Bogotá. Mi intención era hacer un libro unitario y Colección privada repite este deseo: al tratar solamente de pintores y pinturas me limité a un tema, con lo cual la lectura es más fácil, en el sentido que empiezo en el siglo XV y termino en el XX. Aclaro que nunca traté de escribir una historia del arte en poemas, ni más faltaba, sino de articular mediante el paso de una sala a otra, de un estilo a otro, los cuarenta poemas que componen el libro. De manera que encuentro una continuidad con mi anterior trabajo.

SEMANA: ¿Por qué decidió abordar un tema tan amplio como el de la pintura en un género tan condensado como la poesía?

R.C.: Después de Páginas de Enmedio me quedé con las manos vacías. No sabía sobre qué escribir, algo que no le recomiendo a nadie. De repente me acordé que tenía como cinco poemas sobre pintores. Entonces los arreglé, hice una lista básica y me puse manos a la obra. Pero la obra me paralizó la mano. Ya no recuerdo cuál fue el primero, pero cuando salió, salieron los demás. Había encontrado una veta. Y lo que no había podido decir en mis clases de historia del arte que dicté durante tres años, lo que no había podido expresar cuando estudié esa carrera en España, de repente se cristalizó frente a mis ojos. Y como la poesía tiene ese poder de síntesis, esa capacidad de revelación, era la única manera de hacer lo que realmente y durante tanto tiempo quise decir.

SEMANA: En ese sentido, ¿qué tan cerca está la poesía del ensayo?

R.C.: Curiosamente, aunque los académicos me van a poner una soga al cuello, el ensayo, el buen ensayo, está muy cerca de la poesía. Quien ha leído a Gombrich, a Mario Praz, a Baxandall, a Pater, a Paz, sabe a qué me refiero. El ensayo comparte la combustión de la poesía y no al revés.

SEMANA: ¿Se siente más cómodo escribiendo prosa o poesía?

R.C.: Después de Páginas de enmedio le perdí el miedo a llegar al extremo opuesto de la página. En las dos me siento muy a gusto. Me encanta la sucesión, la cascada de la prosa, la corriente de la prosa. Y me fascina la enigmática quietud de lago de la poesía.

SEMANA: ¿Qué significa ganar el premio Casa de América?

R.C.: En primer lugar, una gran alegría, la celebración por un trabajo, porque todo lo que escribió ese pelagatos desde los 16 años no resultó en vano.

SEMANA: ¿Qué tan cercano se siente usted de la nueva generación de escritores colombianos?

R.C.: Muy cerca, tanto de la prosa como de la poesía. En el primero, con Enrique Serrano, Santiago Gamboa, Antonio García. Y de la poesía con Juan Felipe Robledo, Fernando Herrera, Federico Díaz Granados, Jorge Cadavid...

SEMANA: En 'Páginas de enmedio' usted juega con las parodias, los plagios y los metatextos, ¿hasta qué punto la literatura puede ser completamente original?

R.C.: La literatura que aspire a ser original no es literatura.

SEMANA: ¿Qué distancia hay entre literatura y humor?

R.C.: No sé. Sólo puedo decir que cuando uno escribe prosa escribe sonriendo. Cuando uno escribe poesía no se ríe, se siente un enorme placer.
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