Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1990/06/25 00:00

LA LOCURA DE CANNES

Acaba de finalizar el festival de cine más grande del mundo.Esto es algo de lo que allí se vivió.

LA LOCURA DE CANNES



Se soportan, se ayudan y, en muchas ocasiones se rechazan.

Así funcionan los distintos festivales de cine que respiran a lo largo de las azules, perfectas y costosas playas de Cannes. Son doce días en los cuales aun el sueño más extravagante de una estrella, un productor, un director, un guionista o un simple cronista acaba de verse cumplido.

Existe el festival de los que llegan a vender, los que se instalan durante doce horas en esos stands ubicados en el sótano del descomunal Palais, soportando la presencia de visitantes que no compran, piden folletos e informaciones, indagan por los precios y derechos de distribución y exhibición, miran las películas en caseteras de video o en pequeñas salas de cine donde caben unas veinte personas que luego del primer rollo salen en estampida, a repetir la operación en otros stands, otros países, otras firmas. Este año, el cine colombiano volvió a compartir el stand del Mercado Latinoamericano con Argentina, México, Cuba y Venezuela. "Rodrigo D" fue vendida a varias empresas.

De forma paralela funciona el festival de las grandes casas productoras que llenan las calles con enormes vallas, pancartas, afiches, y organizan fiestas en yates, hoteles y apartamentos donde los invitados se aburren pero se llevan un recuerdo del apretón de manos que les dio Stallone o el beso en la mejilla que les regaló Isabella Rossellini. Generalmente en estas fiestas se habla de películas que apenas están siendo escritas, o se encuentran en la etapa inicial del rodaje. Este año la champaña corrió por cuenta de "Carolco".

También funciona el otro festival en Cannes, el de los periodistas especializados, capaces de estar a las ocho y media de la mañana, trasnochados porque se acostaron a la madrugada, en su butaca del enorme teatro Lumiere donde caben sentadas más de seis mil personas en cómodas butacas, dotadas de sistemas de traducción simultánea, esperando la proyección de una de las películas en competencia oficial (este año fueron 19). Este festival de los locos por el cine, nada tiene que ver con los otros, apenas se rozan, apenas coinciden porque el horario es demoledor: la primera película es seguida de una rueda de prensa con el director y los actores, y desde el primer día el cronista se acostumbra a que después de "White Hunter, Black Heart" se pueda dialogar con Clint Eastwood y Marisa Berenson y luego de "Come see the paradise", con Alan Parker y Dennis Quaid, y después de "Nouvelle Vague", con el mismo Jean-Luc Godard y en seguida "Rodrigo D", con el director Victor Gaviria y sus jóvenes actores.

Esos cuatro mil periodistas de todo el mundo acreditados en Cannes, despues de correr a los casilleros de prensa a recoger el material y las fotos, saltan al telefono, la máquina de escribir o el fax, el télex o el aparato de radiofotos, devoran cualquier cosa (una gaseosa vale tres dólares, un plato sencillo como una lasaña alcanza los quince dólares mientras una carne más sofisticada llega a los veinte dólares, a partir del mediodía hay que escoger entre más de ciento cincuenta películas en formato de cine o video que forman parte de secciones como "Una cierta mirada" (donde se puede topar con la primera película de la directora Mónica Vitti, "Escandalo secreto", sobre una mujer enloquecida con una cámara de video, o con la película soviética que este año ganó el premio "Camara de Oro" No te muevas, muere y resucita", de Vitali Kaneviski, la historia cruel y violenta del primer amor de dos niños después de la guerra), secciones como "La quincena de realizadores" (compuesta también por películas jóvenes y frescas, como "To sleep with anger", del norteamericano Charles Burnett, o "llomemade movie", del japonés Fukimi Watanabe o "December bride", del irlandés Thadeeus O'Sullivan), mientras las otras secciones, las otras películas se proyectan en salas de todos los tamaños.

En esa locura organizada que es maniática con los horarios y guarda absoluta preferencia por la prensa, también están las películas fuera de concurso, los homenajes (este año se exhibieron películas de los hermanos Marx, Greta Garbo, Roberto Rosellini, Jean Vigo y otros clásicos), secciones como "La semana de la crítica" Perspectivas del cine francés", las funciones especiales, las películas del mercado (donde el cazador de tesoros puede mirar tranquilamente "Atame", de Almodóvar, después de "Ay, Carmela", de Carlos Saura o las nuevas películas cubanas o las historias eróticas de los japoneses), y al final del día, muerto de cansancio, hambre y sueño descubrir que sólo pudo mirar seis o siete películas, que la jornada se acabó y que antes de cerrar los ojos hay que tomar apuntes para que los personajes de una película no se entrometan en la otra.

Entonces, queda el inventario del que se considera el festival de cine más importante, más sofisticado, más organizado, más costoso, más escandaloso, más mundano (algunos prefieren Berlín, Venecia o esa joya llamada San Sebastián), más lleno de estrellas, más publicitado, más comercial, el inventario dentro del cual caben las últimas películas de los grandes maestros actuales, de las cuales sólo una parte llegará a Colombia (gracias al riesgo tomado por exhibidores como Jose María de Guzmán e Ivan McCallister), películas que ya estan convertidas en la noticia de 1990: "Wild at tleart", de David Lynch, ganadora de la "Palma de Oro", una burla a todo, desde la muerte y la violencia, pasando por el amor y el sexo, hasta el cine mismo; "Las voces de la luna", de un nostálgico Federica Fellini; "Cyrano de Bergerac", con Gerard Depardieu, ganador del premio al mejor actor; tres películas soviéticas que fueron galardonadas por el jurado presidido por Bernardo Bertolucci, "La madre", de Gleb Panfilov, "Taxi blues", de Pavel Lunguine y la ya citada "No te muevas, muere y resucita", productos de la apertura impuesta por Gorbachov en la Unión Soviética.

¿Qué le queda a un aficionado al cine que pasa por Cannes? Quizás cerca de cuarenta películas, el descubrimiento de directores y cinematografías que por razones comerciales nunca llegarán a Colombia, haber estado cerca de monstruos como Godard, Alain Delon, Anjelica Huston, los Taviani, Isabella Rossellini, Clint Eastwood, David Lynch, participar de ruedas de prensa y conferencias en las cuales los periodistas buscan ser más inteligentes que Bertolucci, y ser testigos de la sorpresa de los europeos y norteame-ricanos ante la propuesta de violencia dejada por la película colombiana, la primera que participo en un manicomio sofisticado y hermoso como Cannes.-

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