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| 6/30/1986 12:00:00 AM

LA MADUREZ DE CHEPITO

Pepe Sánchez se consagra como el número 1 de la televisión colombiana

El miércoles pasado Pepe Sánchez tomó un tren en Cannes, se montó en un avión en París y fue recogido por un carro en el aeropuerto de Bogotá, en una operación de horarios cronometrados planeada para que pudiera llegar a dirigir la grabación de "El Chinche". Después, sufriendo aún el soroche del cambio de horarios musicalizó el "Cuento del Domingo" y, para completar un maratón extenuante, dejó programado el trabajo de los camarógrafos antes de irse a dormir todo el sueño atrasado de una semana abrumadora.
Pero tal agitación no le es extraña. Con viaje o sin viaje a Cannes (donde participó en el célebre festival de cine con su película "San Antoñito"), con tránsito por aeropuertos o por estaciones de tren, el trabajo de Sánchez es de agotadoras jornadas, comparables a las de cualquier ejecutivo de apretada agenda. Y con toda razón.
La concepción de las ideas, la escritura de guiones, la dirección de actores y camarógrafos, los montajes y la musicalización de una hora y media de televisión a la semana, que equivalen a la realización de un largometraje cada ocho días, ocupan todo su tiempo y lo mantienen un poco al margen de la vida rumbera y bohemia que tanto le gusta.
Sin embargo, la bohemia y la rumba no son sus únicos encarretes restringidos. El cine, que es su pasión, su sueño y su objetivo, está esperando la oportunidad porque por ahora todo su esfuerzo, su creatividad y su tiempo, lo está dedicando a hacer televisión. "Pero televisión de la buena", aclara este bogotano de 51 años que contra todo pronóstico se llama en realidad Luis Guillermo (el Pepe se lo debe a un hermano), que toda la vida ha estado en contacto con luces, cámaras y micrófonos y que en este momento disfruta del privilegio de ser considerado el número uno de la televisión colombiana.
La única visita que diez millones de colombianos reciben con agrado un domingo por la noche en sus casas es la de Pepe Sánchez. Desde hace cuatro años, a las siete y media de la noche de todos los domingos, las familias cumplen con una especie de rito: la cita de media hora con las situaciones, los dichos y los personajes de "Don Chinche". Y en las últimas semanas el talento y la magia de Sánchez ha alargado su presencia en las casas con "Vivir la vida", el actual "Cuento del Domingo" con el cual este director de televisión no abandona a las familias del país sino hasta las nueve y media de la noche.
Pero no se trata tan sólo de un reconocimiento dado por la dictadura de los ratings de sintonía. "Don Chinche" y "Vivir la vida" son en la actualidad dos fenómenos en géneros tan diferentes, como el humor y el drama, pero ambos marcados con el sello personal de este creador que tuvo su primer contacto con la imagen a través de su padre que era fotógrafo y de su madre que lo entretenía con un juego de manos y un pañuelo con el que hacía sombras chinescas que proyectaba por las noches para acompañar los cuentos.
Su secreto no es un cuento muy complicado. "Poner en escena la cotidianidad", es la definición que él mismo hace de su labor como director integral que no solamente marca los pasos de los actores, sino que abarca el ojo de los camarógrafos, el oído de los sonidistas, el exposímetro de los luminotécnicos y la paciencia de los montajistas. "Como la televisión en el país tiene una herencia radial, aquí parece haberse vuelto una norma que los actores hablen con voz impostada, con marcados acentos, con grandilocuencia. En lugar de preguntar -como se pregunta en la vida real- '¿dónde queda el baño?', aquí suelen decir algo más rimbombante como 'enseñáme el cuarto de baño'. Lo que hago es que la televisión se parezca a la vida real, a la de todos los días".
Pero no sólo ha logrado que los actores sean más parecidos a la gente común y corriente, sino que ha puesto al servicio de la televisión muchos de sus criterios cinematográficos: el uso de escenarios naturales distintos al acartonamiento de los estudios, el empleo de contrastes luminosos, el movimiento de las cámaras y el manejo del sonido, son características de su estilo que le proporcionan un ritmo de cine a las series que realiza.
CULTURA DE CANTINA
A esa cumbre de prestigio, a la que ha sido elevado por una teleaudiencia millonaria, satisfecha y agradecida y en la que ha sido confirmado por los expertos que reconocen sin reticencia su talento, Pepe Sánchez comenzó a caminar cuando se aburrió en sus estudios de derecho del Externado de Colombia por la sordidez de sus prácticas como notificador de un juzgado.
Una tarde dominical de 1954 se transformó de aprendiz de leyes a aprendiz de locutor: su hermana Isabel, que trabajaba en la emisora H.J.C.K., lo llamó para que remplazara en un turno a Humberto Martínez Salcedo, que ese día sufría uno de sus clásicos guayabos. Pepe Sánchez se lanzó así a la vida de los micrófonos para presentar un concierto de Bach, que para él era un compositor menos agradable que sus entonces (y también ahora) amados Celina y Reutilio.
La casualidad de ese domingo se volvió trabajo de todos los días. Alvaro Castaño Castillo, el director de la emisora, intuyó que el aprendiz de locutor tenía madera y entonces Pepe Sánchez no encontró afinidad entre una carrera rígida y esquemática y su nuevo oficio, más dado a la bohemia, proclive a la rumba y nutrido de "la cultura de la cantina", como él mismo la llama. Obedeciendo al llamado de su vena artística entró a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional y su horario quedó completo: dibujo en la mañana ("más bien tardecito, gracias"), locución por la tarde y tango, bolero y salsa por la noche.
Este estilo de vida lo hizo autosuficiente desde el punto de vista económico y lo exoneró de las recriminaciones de una familia de clase media con cinco hermanos. Pero no duró mucho. A mitad de carrera botó el pincel y la paleta, obligado por la imposibilidad de cumplir con normas disciplinarias y llamado por un nuevo compromiso profesional: locutor de la Radio Nacional, en los tiempos donde Fernando Gómez Agudelo era el director y la televisión era un sueño convertido en realidad.
Este nuevo trabajo lo acerco a la televisión que era para él un medio jamás pensado pero que al poco tiempo se solvió su actividad principal, su campo de experimentación y su carrera de éxito. Sin embargo, los comiensos no fueron tan exitosos, sino en algunas ocasiones fallidos y hoy risueños. El mismo lo cuenta: "En esa época se hacía una televisión muy rudimentaria. En una oportunidad me tocó transmitir en directo desde la Feria Exposición una muestra ganadera. Como no existían monitores y la narración comenzaba con la señal de un ayudante, no veía que imágenes se transmitían. Y empecé a leer el folleto que detallaba las razas equinas, vacunas y porcinas, pero el camarógrafo, en un arrebato de creatividad, decidió hacer un paneo sobre el palco presidencial. Nadie me avisó y yo seguí descriubiendo los diferentes tipos de porcinos y ante las cámaras lo que aparecía eran las caras del General Rojas Pinilla y todos los altos mandos".
Pepe Sánchez sobrevivió a este episodio. Su ciclo como locutor parecía finalizado y se abría paso otra forma de expresión artística dentro del medio: la actuación. Si para ser locutor no necesitó ningún aprendizaje, para iniciarse como actor aprovechó un curso dirigido por el experto japonés Sekisano y en 1957, a los 22 años, representando el papel de Erik en la obra "Ha llegado un inspector", apareció actuando por primera vez en la televisión. Ese es el antecedente más remoto del José María de Oquendo y Rebolledo, el marcusiano Chepito, esposo de Cuqui, con quien formaba la pareja joven, liberada y envuelta en conflictos de angustia existencial en la época dorada de Yo y Tú.
CUANDO PA'CHILE ME FUI
Como actor había conquistado un público y como director había comenzado a dar sus primeros pasos. Su debut detrás de las cámaras fue como asistente de dirección de Bernardo Romero Lozano y su sueño cinematográfico comenzó a concretarse con la película "El río de las tumbas", donde fue asistente de Julio Luzardo y continuó en Praga, a donde viajó con una beca para estudiar cine. A los ocho meses regresé al platanal y logró entonces parte de su sueño: la dirección de una película, "Chichigua", que es la historia de un gamín, contada en blanco y negro y sin sonido y de la cual no queda más que el recuerdo porque la copia se perdió.
En la busqueda del cine, la brújula señaló el sur. En 1964 viajó a Chile, se matriculó en un curso de cine experimental y conoció a los más destacados directores, entre ellos Miguel Littín, de quien fue asistente en "El Chacal de Nahueltoro", considerado uno de los clásicos del cine latinoamericano. También con Littín hizo un documental sobre el Palacio de La Moneda "en tiempos maravillosos por el ambiente que se vivía, por lo que se aprendía y por lo que se bebía... El presidente era Eduardo Frei, un pisco estupendo con quien hacíamos chistes en las filmaciones dentro del Palacio".
La experiencia chilena fue más allá del curso, más allá de Frei y más allá de Littín. Llegó hasta Isla Negra, el mítico lugar donde vivía Pablo Neruda y donde Pepe Sánchez, con ese Premio Nobel de protagonista, hizo un documental que le permitió conocer cada rincón de la casa y cada momento del poeta. Neruda, Benedetti, Onetti, Amado, Galeano, Cortázar Borges, fueron autores de los que pobló su formación literaria de entonces y de los que extrajo enseñanzas y gustos que año más tarde, en la serie "La tregua", por ejemplo, habría de sacar provecho.

OTRA VEZ EL PLATANAL
Sin mucho entusiasmo pero convencido de que "uno tiene que volver sIempre al platanal ", en 1968 vuelve a ponerse el blazer azul, el pantalón gris, el cuello tortuga y a proponer a cualquier hora "tomémonos un drink", en el papel de Chepito que lo estaba esperando tanto como la teleaudiencia nostálgica del matrimonio in de Yo y Tú. Su relación de años con Cuqui no la acabó ni Alicia del Carpio en sus libretos ni la incompatibilidad de caracteres ni la infidelidad, sino una nueva licitación que dejó fuera del aire al programa familiar, pero le dio a Pepe Sánchez la oportunidad de experimentar como director de la telenovela "Vendaval".
"Era una de esas telenovelas que llaman de transición. Es decir, la que va entre una con éxito y otra que promete éxito. 'Vendaval' estaba prevista para ocho semanas y duró ocho meses y fue en ella donde comencé a involucrarle el criterio y la convicción personal de que la televisión debe ser cálida, próxima a la gente, a su manera de ser. Empecé a trabajar el lenguaje popular, a introducir el juego de billar, la papayera, la gallera...". Sus libretos y sus realizaciones comenzaron a sobresalir en el medio, a tener una identidad propia. A través del acierto de los acentos regionales, del lenguaje coloquial, del manejo de la cámara y de las situaciones comunes y silvestres, el sello Pepe Sánchez se impuso. Y con "El Chinche" logró lo que es fácil de decir, pero difícil de lograr: una verdadera comunicación con la audiencia.
LA CLAVE DEL EXITO
Antes de que "El Chinche" llegara a Pepe Sánchez (porque fue "El Chinche" el que llegó a Pepe Sánchez), su trabajo de director había pasado por diferentes géneros, incluídas telenovelas, cuentos y dramas y como actor seguía apareciendo "solo en papeles que me convencieran", pero participando en varios café-conciertos. Esta modalidad teatral-rumbera le dejó la mujer de su vida y dos experiencias concretas: la primera de ellas fue la económica, aunque no muy rentable, como propietario, junto con Carlos Benjumea, de El Circo, un lugar de buen nombre en la época del apogeo de los café-conciertos. La segunda experiencia fue profesional al lograr un contacto directo con el público a través de una proximidad física y utilizando diálogos picantes, a veces urticantes, permitidos en este tipo de espectáculos y restringidos, por razones obvias, en la televisión. Con Jennifer Steffens, una joven actriz barranquillera que llegó a trabajar en El Circo, el amor fue a primera vista. Se casaron hace diez años y tienen dos hijas con las que Pepe Sánchez completó cinco hijos, tres de ellos de su primer matrimonio.
Y "El Chinche" le llegó a Pepe Sánchez. El presidente de RTI, Fernando Gómez Agudelo, le propuso hace cuatro años que se encargara de escribir, dirigir y realizar una serie que girara alrededor de un personaje que ha vivido siempre con Héctor Ulloa: "El Chinche". La idea le sonó a Pepe Sánchez pero no estaba dentro de sus proyectos. "No tengo disciplina de escritor", dice ahora y lo dijo en ese momento. La insistencia de Gómez Agudelo finalmente venció y Pepe Sánchez terminó, una noche antes de la primera grabación, sentado frente a la máquina de escribir con mucho qué contar pero sin saber cómo hacerlo. Dejó el libreto sin el final y así llego a la filmación. Desde entonces ese se convirtió en su estilo de trabajo a tal punto que los actores le dicen que les entrega los libretos en fascículos. Las primeras emisiones de "El Chinche" se hicieron los sábados en la tarde y aunque desde el comienzo se percibía el éxito, el horario no era el mejor y por eso no barrió. Con la nueva licitación ocupó horario triple A y el éxito llegó rapidamente y se mantuvo. Esto último -mantenerse en lugares de privilegio en los ratings de sintonía- es, quizá, lo que más sorprende de este programa, en una televisión como la colombiana sometida a la ciclotimia del gusto de los espectadores con espacios que hoy son primer lugar y pasado mañana desaparecen de las tablas de favoritismo.
Pero todo ese enredo de puntajes no envuelve la realización del programa, porque el grupo sabe que lo que hace está bien hecho y además se divierte haciéndolo. Si la teleaudiencia sonríe con el "nais" de Amistad, el "reinita" de Andrés Patricio Pardo de Brigard, el "sabe qué" de William Guillermo o con el piropo inocente del "maistro" Chinche a la señorita Elvia cuando le pregunta "para dónde va tan sola mi flor de alelí", en el sitio de grabación todos los martes hay buen humor y chispazos permanentes. "Eso es lo mejor de todo: pasamos delicioso y somos muy amigos, muy compañeros", dice Pepe Sánchez. Y de Pepe Sánchez dicen sus asistentes y colaboradores que en él predomina un espíritu democrático, donde la opinión de todo el elenco artístico y técnico es tenida en cuenta. "Cuando le hacemos una sugerencia y él la considera acertada, la acepta sin demoras y con agradecimiento", cuenta uno de los técnicos del programa. "Es que oír las ideas de los demás compañeros, es no sólo parte de mi convicción personal, sino también de mi trabajo profesional", remata Pepe Sánchez.
Y es por esa irremediable vocación democrática del director que muchos de los personajes, de los dichos, salen de insinuaciones de sus intérpretes. Así por ejemplo cuando Amistad llegó con todo su bombo y sus ínfulas de buena familia al barrio, Pepe Sánchez la dejó que fuera ella misma la que se surtiera de los trapos que ahora se pone, aunque al comienzo a muchas personas y a él mismo la excentricidad de esta especie de punk proleta le parecía excesiva y, en ocasiones, hasta antipática. Y así muchos otros ejemplos. La caleña -que es caleña de verdad- llegó a hacer el papel de una mujer esforzada que le toca exprimir limones detrás de un mostrador hasta las tres de la mañana, pero que madruga a misa todos los domingos. La actriz aceptó su nada grato y mal interpretado trabajo, pero le sugirió a Pepe que la dejara ser partidora de limones, pero caleña. Y lo fue.
Lo que no sucedió fue que Pepe Sánchez se quedara saboreando las mieles de su triunfo como libretista, director y realizador de "El Chinche". Con versatilidad asombrosa, mucho ingenio, pero sobre todo con un profesionalismo a toda prueba, se le midió a una serie para el "Cuento del Domingo", también de RTI, "Vivir la vida". Y la verdad es que sin recurrir a una historia truculenta sino basado en la obra del escritor brasilero Manoel Carlos, ha logrado realizar una serie fresca, ágil y siempre dentro de su mismo estilo de llevar a la pantalla lo cotidiano, lo que le sucede a miles de personas todos los días. Pero sobre todo alimentando la serie televisiva con elementos y recursos cinematográficos: ritmo vertiginoso, acezante, compuesto a veces de planos que se nutren dramáticamente, con los rostros de los personajes en primer plano, con detalles de las manos, con una cámara que nunca está quieta. En estos recursos se encuentra un Pepe Sánchez maniático de los detalles, buscando la perfección, rastreando la originalidad, sacando de sus actores el máximo, aun cuando no sean los mejores, como es el caso de algunos de su elenco en "Vivir la vida", la serie que parece consagrar de una vez por todas a este hombre sencillo, amable y "chirriadísimo", como él mismo dice de los que le caen bien.

FUERA DE CAMARAS
SEMANA: ¿Cómo es Pepe Sánchez en la intimidad?
PEPE SANCHEZ: Yo soy un hombre del común. Como he rumbiado tanto, ahora prefiero quedarme en la casa encarretado con mis dos hijas y mi mujer. Me encanta leer y de vez en cuando tocar instrumentos de percusión y bailar saisa.
S.: ¿Qué instrumento toca?
P.S.: Cuando tenía 15 años construí un bongó. Me he ido especializando en este instrumento y muchas veces he tocado con el Son del Pueblo en la Teja Corrida
S.: ¿Cuáles son sus lecturas preferidas?
P.S.: La literatura latinoamericana. Mi autor preferido ahora es Jorge Amado. Mi gran ilusión es poder llevar al cine o la televisión algo de este brasilero.
S.: ¿Ha tenido alguna militancia política fuera de Firmes?
P.S.: Por los años sesenta y a raíz de la beca para Checosiovaquia que me consiguió Diego Montaña Cuéllar, muchos pensaron que yo era del Partido Comunista. Sin embargo, sólo en Firmes he encontrado la opción política de expresarme contra el establecimiento y a pesar de que el proyecto no cuajó pienso que fue una buena experiencia. Mi actitud en la vida es siempre de lucha. Seguiré con mi tinte socialista sin militancia en partido alguno .
S.: ¿Y los personajes políticos yue prefiere, cuáles son?
P.S.: El Che Guevara, Camilo y Belisario. Siento un inmenso respeto por aquellos que hacen realidad un ideal y ese fue el caso del Che y de Camilo. A Belisario le admiro que le recordó al país la existencia de ciertos vocablos como la honestidad y la honradez, pero sobre todo su humanismo.
S.: ¿Siente temor por la vejez?
P.S.: No. A mis 51 años me siento muy chévere. Me atemoriza es llegar a viejo sin producir, a convertirme en un abuelo estorboso. Acepto la vejez con calvicie, con arrugas. Me cuido es de la gordura. Detesto que me comience a salir barriga.
S.: ¿Ha atravesado por alguna situación muy complicada, a nível económico?
P.S.: Nunca he tenido mucho dinero pero tampoco he estado en la olla. Sin embargo parece que hubiese nacido en la India porque las culebras me han seguido en todas las etapas de mi vida.
S.: ¿Usted cree yue la televisión que se hace en el país es buena?
P.S.: Yo creo que se está intentando hacer cosas muy buenas. Lo que sucede es que existe una cultura de la imagen, no la entendemos. Un caso evidente es lo que sucede con los noticieros y en general con los programas de reportaje, no hay encuadre, todo el mundo hace lo mismo y en la mayoría de las ocasiones se pierde mucho del trabajo porque no hay buen manejo de la imagen. Tengo, de todos modos, el convencimiento de que el video tiene un gran porvenir manejado de una manera decorosa.
S.: ¿Cuando usted comenzó en televisión le iba tan bien como ahora?
P.S.: A mí siempre me ha ido bien. Lo digo sin modestia porque así ha sido. Al principio también me iba bien, pero eso no tenía gracia ya que eran épocas en donde a todo el mundo le iba bien. Ahí no había rating ni nada de esas cosas para descalificar el trabajo de la gente.
S.: ¿Cómo se podría enseñar a los televidentes para que sepan apreciar qué es bueno o no a nível de imagen?
P.S.: Creo como Fellini que la televisión pervierte el gusto de la gente, pero si hay un buen manejo de imagen y un tratamiento adecuado, la gente va poco a poco pudiendo reconocer que está hecho con calidad técnica.
S.: ¿Y del cine colombiano qué opina? ¿Cuál es la película que más le gusta?
P.S.: Bueno, hacer cine en este país es bien dificil. Ahora hay muchos recursos pero no se emplean en lo que toca. Existe anarquismo. Pienso que lo mejor que se ha hecho hasta ahora en cine es "Cóndores no entierran todos los días" de Francisco Norden y el "Río de las tumbas" de Julio Luzardo.
S.: ¿Qué lo ha avergonzado en la vida?
P.S.: Generalmente soy excesivamente tímido y modesto. Por ejemplo, esta entrevista de SEMANA con carátula y todo me va a esconder de mis amigos por lo menos un mes. Me parece demasiado.
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