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| 11/8/2004 12:00:00 AM

La 'Magica Sympathiae' de Puyana por la música inglesa

A los 47 años de trayectoria internacional el maestro Rafael Puyana lanza en Europa una de las grabaciones más significativas de su carrera.

Todo encaja como en un refinado mecanismo de relojería. Magica Sympathiae, el último trabajo discográfico del maestro Rafael Puyana que acaba de lanzarse en Europa, tiene todos los componentes que se esperan de un proyecto artístico que pretenda trascender.

Nada está al azar. Ni siquiera la selección del cuadro que ilustra la carátula: el retrato de Lord Cherbury firmado por Isaac Herbert que retrata el espíritu estético de la época y sobre cuyo escudo puede leerse Magica Sympathiae.

Magica Sympathiae es, por una parte, la confesión absolutamente personal de Puyana -el músico colombiano de más sólida y reconocida trayectoria internacional- respecto de la inagotable veta de la música inglesa para instrumentos de tecla -el virginal y el clavecín- durante los siglos XVI y XVII, probablemente los más agitados en materia política de la historia inglesa.

No es casualidad que una de las obras escogidas sea A sad pavan for these distracted tymes (Pavana triste para estos tiempos alterados), de Thomas Tomkins, del 14 de febrero de 1649, que retrata musicalmente la tensa atmósfera que siguió a la decapitación del rey Carlos I y la instauración de la dictadura de Cromwell.



Investigación a fondo

Más allá de las 'afinidades personales' con esta o aquella música, este disco es fruto de una de las investigaciones más serias, profundas, continuadas y concienzudas en materia de música antigua de las últimas décadas. Así es sin exageración.

Desde siempre Puyana ha sentido una fuerte atracción por la música del Renacimiento y el Barroco inglés. Porque sabe bien que la llamada época 'isabelina', los años que la precedieron y los posteriores, fue grande por el arte de los monstruos de la literatura en inglés como Shakespeare y Marlowe, y por su música: William Byrd, John Bull, Thomas Tomkins y los muchos nombres anónimos cuyas obras forman parte de las grandes recopilaciones de la época: el Fitzwilliam Virginal Book y el Mulliner Book.

En la práctica de eso se trata. De una recopilación que abarca música para los instrumentos de tecla más usuales en la época. Puyana utiliza dos instrumentos de su colección personal, un virginal muselar flamenco de William Martin, copia de un Jean Couchet de 1650, y un clave veneciano de Domenicus Pisaurensis del siglo XVI.

El repertorio comprende desde el reinado de Enrique VIII hasta los 'tiempos alterados' de Crowell. Pasando por el reinado de María Tudor y los gloriosos años del reinado de Isabel I. Tanto es así que sobre una de las obras, la anónima The Kynges Pavyn (Pavana del rey), algunos presumen que la autoría podría recaer sobre el buen intérprete de virginal Enrique Tudor, más conocido como Enrique VIII, el de las seis esposas.

El otro gran interés reside en comprobar cómo, luego de una carrera de 47 años, el arte de Puyana mantiene la vitalidad y la estatura que le han valido el reconocimiento internacional.

Toda la grabación es un incontestable testimonio de refinamiento en el estilo, de buen gusto e imaginación en el momento de elegir la 'registración' de los instrumentos, de claridad interpretativa en los momentos más abigarrados, de un dominio técnico que va más allá de lo que es correcto, de vitalidad y fogosidad rítmica, de profundidad y sentido del detalle. Nada cae ni en la pedantería ni en el amaneramiento.

Tarea difícil con una música que permanentemente ofrece múltiples oportunidades para su banalización o, lo peor, para poner en práctica los fuegos de artificio del virtuosismo. No resulta aventurado afirmar hoy que Puyana, cuando muchos de sus colegas ya practican el uso del buen retiro, mantiene viva la vitalidad y categoría de su arte.

Otra faceta nada anecdótica -¿la más significativa?- es que no se trata de un documento de antigüedades musicales. Como lo explica él mismo en las excelentes notas explicativas (¡hay traducción al castellano!) muchos de los ritmos y aires del disco (del sello SanCtus), han llegado hasta nuestros días y mantienen su vitalidad. Porque de música viva se trata, no de arqueología.
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